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“Es posible fomentar la i+D a la vez que se aplican programas de austeridad”

Cuando Esko Aho (Veteli, 1954) se convirtió en el primer ministro más joven de Finlandia en 1991, con tan sólo 36 años, el país nórdico aplicaba un severo programa de austeridad para lidiar con una de las peores crisis de su historia, agravada tras la caída de la Unión Soviética. Al frente de una coalición de centro, este político conservador guió a Finlandia en el proceso de adhesión a la Unión Europea y soportó críticas de todo el espectro político por llevar a cabo recortes de presupuesto en todas las áreas menos en i+D. Casi dos décadas después, Aho se enorgullece de haber liderado el proceso que convirtió a Finlandia en una de las potencias innovadoras del continente europeo.






El ex primer ministro finlandés Esko Aho. Foto: Lehtikuva/Roni Rekomaa



CRISTINA GALLARDO (Helsinki) – Finlandia, líder en innovación y competitividad, es el país de la Unión Europea que más invierte en investigación y desarrollo. Según las estadísticas de Eurostat, en 2011 dedicó  el 3,78 por ciento de su riqueza nacional a este aspecto, frente al 3,37 por ciento de Suecia, el 2,84 por ciento de Alemania, el 2,03 por ciento del conjunto de la UE o el 1,33 por ciento de España. Sumando inversiones públicas y privadas, Finlandia dedica a i+D el equivalente a 1.333 euros por habitante al año. España destina 307,3 euros per cápita.


Pese a que los datos macroeconómicos del país nórdico comenzaron a mejorar en 1994 -el paro descendió por fin del 20 por ciento y el PIB creció 2,5 puntos-, Aho fue derrotado en los comicios de ese año y quedó segundo en las elecciones presidenciales de 2000. Poco después abandonó la política para presidir Sitra, un fondo estatal que concede préstamos a proyectos innovadores. En la actualidad, ejerce como profesor en la Universidad de Harvard (Boston, EEUU) y ocupa un asiento en el Consejo de Administración de la multinacional de telecomunicaciones Nokia, emblema de Finlandia, en dificultades económicas al no lograr competir al mismo nivel que Samsung o Apple en el negocio de los smartphones. Tras pasar por el Gobierno, el sistema público de innovación, la empresa privada y la universidad, Aho defiende que un programa de austeridad es compatible con los estímulos a la ciencia y la investigación, y que ésta es la única salida de la crisis a largo plazo.

¿Cómo describiría la situación en la que se encontraba Finlandia en lo referente a la economía y la innovación cuando fue elegido primer ministro en 1991? 
Finlandia enfrentaba muchos problemas a corto plazo en los años noventa: la explosión de la burbuja financiera, pérdida de competitividad, el colapso de la Unión Soviética y el rápido y dramático descenso de las exportaciones que este derrumbe causó… Al mismo tiempo, habíamos llevado a cabo inversiones considerables a largo plazo tanto en educación como en innovación y desarrollo (i+D). Las inversiones en educación habían comenzado ya en los años sesenta y setenta, mientras que la apuesta por la i+D se incrementó notablemente a partir de 1980. El porcentaje del PIB finlandés destinado a este área se duplicó en diez años: pasamos de un 1% del PIB en 1980 al 2% del PIB una década más tarde. Esto fue muy importante para Finlandia. Cuando comenzamos a recuperarnos de la crisis, nos encontramos con una base innovadora muy sólida, fruto de esas inversiones.




¿Cuáles fueron los principales retos que se encontró en su intento de convertir Finlandia en un país más innovador?

En los noventa, las innovaciones clave procedían del sector tecnológico, principalmente de las TIC. Las inversiones en i+D y educación y las colaboraciones establecidas entre las empresas y las universidades comenzaron a dar muchos buenos resultados, debido sobre todo a los nuevos inventos y aplicaciones descubiertas. El sistema de innovación finlandés generó montones de nuevas tecnologías durante esa década. Este fue un gran éxito.



¿Qué efecto tuvo esta revolución innovadora sobre el empleo?

Medir los resultados en términos de empleo es muy difícil. No sólo las grandes empresas como Nokia se beneficiaron de grandes mejoras tecnológicas, sino que otros sectores mucho más tradicionales también. Incluso la industria eléctrica logró mejorar sus aplicaciones. La innovación tuvo un impacto muy fuerte en todos los sectores. El nivel de exportaciones comenzó a crecer a buen ritmo en esa misma década de los noventa. Las consecuencias sobre las estadísticas de empleo son más complejas de medir, pero creo que hay buenas razones para pensar que el principal impulsor del crecimiento desde aquel momento fue la política de innovación.

Existe una percepción bastante extendida en contra de las políticas de i+D según la cual estas medidas requerirían varios años para comenzar a crear puestos de trabajo, por lo que no se pueden implementar como una solución para el desempleo desbocado de algunos países del sur de Europa. ¿Qué opina usted?

Las inversiones en i+D crean eficiencia y transforman la economía rápidamente. Esto significa que algunas compañías desaparecen y algunos puestos de trabajo se destruyen, pero lo cierto es que si no llevamos a cabo esos esfuerzos, la economía deja de ser competitiva a nivel global. Si eso ocurre, se avecinan nuevas pérdidas. Creo que ésta pérdida de competitividad es una de las principales razones por las que algunos países del sur de Europa se encuentran en una crisis económica tan grave. Su competitividad ha desaparecido y uno de los motivos es que Europa no ha sido capaz de invertir lo suficiente en i+D.

¿Es posible fomentar la innovación a la vez que se recortan los presupuestos nacionales para reducir el déficit de un país?

Absolutamente. Eso es lo que Finlandia hizo en los noventa. Nos enfrentamos a una crisis financiera del mismo tipo que la que sufren hoy varios países europeos. Tuvimos que aplicar programas de austeridad muy radicales, por lo que literalmente se recortaron todas las inversiones excepto aquellas que estaban destinadas a financiar la i+D, que por lo contrario fueron incrementadas substancialmente. Por ejemplo, la principal agencia pública de financiación, Tekes, recibió alrededor de un 80% más de recursos en 1995 que en 1991. A pesar de la crisis y de los programas de austeridad, nosotros invertimos fuertemente en investigación, tecnología e innovación. Esto es lo que otros países deben hacer. Es necesario recortar los gastos con el objetivo de disponer de recursos que se destinen a inversiones de futuro, a largo plazo. Se trata no de elegir entre recortar los gastos o invertir a futuro, sino de reducir los gastos para poder invertir en nuestro futuro.

Después de dejar la política presidiste Sitra, el fondo de innovación estatal. ¿Cuál fue el papel de este organismo en el proceso de cambio de Finlandia?

Sitra fue y es una organización no demasiado grande, pero su actuación fue crítica en la creación de nuevas herramientas para fomentar la innovación. Especialmente en los noventa, el papel de Sitra a la hora de promover el capital de riesgo fue muy importante. De hecho, en Finlandia, Sitra fue el creador del sistema de capital de riesgo que tuvo una gran relevancia en esos años en los que el conglomerado de Nokia se estaba desarrollando muy rápidamente. De esta forma, el capital de riesgo estuvo disponible para las empresas.

¿Qué puede hacer la Unión Europea en la actualidad para avanzar hacia una economía más innovadora?

La situación actual no es la misma que en los noventa. Ahora el principal motor de la innovación no son los suministros tecnológicos sino la necesidad de desarrollar nuevas aplicaciones, de obtener más partido de las inversiones tecnológicas. Europa tiene un gran potencial en este sentido. Disponemos de una población altamente cualificada y con talento, y las tecnologías necesarias. Tenemos a nuestra disposición los recursos necesarios para lograr que la economía sea más innovadora, pero somos demasiado lentos a la hora de introducir cambios estructurales en nuestras sociedades y sistemas económicos. Somos demasiado conservadores para asumir riesgos y no hemos desarrollado una colaboración suficientemente estrecha entre las empresas y las universidades. Por tanto, contamos con grandes recursos y oportunidades pero, desgraciadamente, la actuación de Europa no ha sido suficientemente buena.

¿Cómo han afectado los problemas económicos de Nokia de los últimos años a la innovación finlandesa?

Es una muy buena pregunta. Creo que es demasiado pronto para decir cuáles serán las consecuencias, aunque estamos seguros de los recortes de Nokia en i+D han afectado a la economía finlandesa. Sin embargo, al mismo tiempo, el “programa puente” de Nokia, que ha apoyado el empleo y la creación de nuevas empresas en el país, ha funcionado muy bien. Sólo en Finlandia, se han creado más de 400 nuevas empresas y la mayoría de los empleados despedidos de Nokia han sido reabsorbidos rápidamente en otras organizaciones, incluso de otros sectores privados. Será muy interesante ver cuál será el impacto a largo plazo de este programa. Creo que tenemos buenos motivos para esperar que la crisis de Nokia de lugar a un incremento de la innovación en Finlandia aunque, como ya he dicho, aún no es el momento adecuado para llevar a cabo un análisis definitivo. Tenemos que esperar y ver qué pasa, pero soy muy optimista en el hecho de que esto no perjudicará tanto al país como se espera. Muchas nuevas empresas se convertirán en casos de éxito.

¿Qué sectores podría liderar Finlandia y Europa en el futuro?

En los noventa, la base para el éxito de Finlandia fueron las nuevas tecnologías y las aplicaciones móviles. El conglomerado de Nokia produjo un crecimiento muy considerable en la economía finlandesa. Ahora que esto ha declinado, la cuestión clave es: ¿cómo lo compensamos? Creo que algunas de las cosas más importantes pendientes por hacer están relacionadas con cómo se apliquen estas tecnologías, no sólo en el sector privado sino también en el público, especialmente en educación y sanidad, dos áreas que deberían reformarse para que se beneficien de las tecnologías más modernas. Espero realmente que Finlandia pueda liderar ese cambio. Desgraciadamente, hasta ahora hemos sido demasiado lentos y conservadores. Las oportunidades están ahí, también para Europa, aunque Finlandia se encuentra en una mejor posición que la mayoría de los países europeos.

 
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