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Eugenio Sánchez Arrate: “Todavía no existe una buena guía introductoria de la CF en España”

<p>Eugenio Sánchez Arrate. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
“Pese al crecimiento del género, todavía no existe una buena guía introductoria de la ciencia ficción en España, que sea verdaderamente objetiva y universalista”, advierte a Efe Eugenio Sánchez Arrate, escritor y cofundador de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción.

Los últimos libros publicados con esa intención “no dan la talla, porque cualquier canon de verdad debe ser inclusivo, meter obras y autores que, aunque no gusten al seleccionador, sí exista un reconocimiento general hacia ellas…, y eso no se ha conseguido”, explica este autor para el cual un buen ejemplo de exhaustividad allende nuestras fronteras puede ser La enciclopedia de la Ciencia Ficción de John Clute y Peter Nicholls.

Hasta ahora, todos los recopiladores españoles han incurrido en “el mismo problema: un criterio limitado y, por tanto, sesgado” ya que “por poner un ejemplo: por mucho que te pueda gustar Ray Bradbury, que es un clásico, una guía de este tipo no puede olvidarse de China Miéville, que es uno de los autores del momento”.

Sánchez Arrate acumula una larga y fecunda trayectoria en el género, al que llegó a través de otro clásico, Isaac Asimov y su Compre Júpiter, libro que “empecé a leer la víspera de un examen de Teoría de la Comunicación en la universidad, y me enganchó tanto que no pude empezar a estudiar el examen hasta terminarlo…, tras Asimov, vinieron los demás y ello me llevó a escribir”, recuerda.

Tras integrarse en el Círculo de Lhork, que aglutinaba a aficionados de lo fantástico, formó parte del grupo de Licántropos Asociados, más centrado en el terror, que se escindió del anterior y “veinte años después, hemos vuelto a reunirnos y ahora tenemos varios proyectos entre manos, desde la revista ‘Cagliostro’ hasta una nueva editorial”.

A principios de los años 90, durante una conversación en la HispaCon de Barcelona, surgió la idea de crear una asociación nacional sólida: “mucha gente estuvimos implicados en ello, me acuerdo ahora de nombres como los de Pilar Lebón, Nacho Maroto, Juanma Barranquero, Julián Díez, Juanma Santiago, Alberto Santos, José María Sánchez Pardo, León Arsenal, Francisco Canales, Miquel Barceló, Pedro Jorge Romero…”



En Madrid “no sólo preparamos los estatutos, el libro de actas y toda la documentación” con la que nació la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción (AEFCF), hoy refundada como AEFCFT al incluir también el Terror, sino que “fundamos la TerMa o Tertulia de Madrid que aún sigue en marcha”.

Allí también nacería el Premio Pablo Rido, primeramente llamado Premio Aznar en homenaje a la legendaria Saga de los Aznar escrita por Pascual Enguídanos y publicada en dos tandas: entre 1953 y 1958 y entre 1973 y 1978.

Tras estas peripecias, Sánchez Arrate colaboró con fanzines y revistas como Solaris, Nucleo Ubik o Gigamesh, hasta que “en un momento dado me descolgué de todo ello por diversas razones”, aunque nunca ha dejado de escribir.

De hecho, está a punto de entregar a su editora una nueva colección de relatos de fantasía titulada Azul eléctrico pues “últimamente escribo mucho en este formato: hay una falta evidente de tiempo tanto para escribir como para leer, por lo que el microrrelato se presta estupendamente para transmitir ideas sin hacerse nunca pesado.”

Lo considera “un buen ejercicio literario porque hay que reducir, condensar, ir a lo esencial…, pero también un buen ejercicio para el ego, porque tienes que meter tijera y siempre duele reducir la obra propia”.

Además, trabaja sobre una novela policíaca de humor titulada Bueno lanzando cosas, la historia de “un antihéroe al que no se le rompen los huesos y resuelve casos a base de aguantar palizas, que siempre lleva consigo como arma un adoquín para arrojarlo contra sus enemigos”.

“Antes me costaba mucho escribir, sufría mucho y buscaba fortuna y gloria, como solía decirse”, recuerda, pero “ahora me da igual, escribo para pasármelo bien y si no, no merece la pena…, un día sin escribir es un día echado a perder”.



En su opinión “vivimos en un resultadismo agobiante que es especialmente sangrante en el caso de la literatura, con gente obsesionada con vender e incapaz de disfrutar de lo que hace”.

Respecto al mercado, cree que “hoy sí hay un género fantástico en marcha, sí hay mercado de CF, mucho más que antes, gracias a la televisión y el cine” lo que ha permitido que “el friki ya no está mal visto ¡e incluso liga!” pues existen cada vez “más mujeres no sólo escritoras sino fans”.

Aún así, en España en general hay pocos lectores “pero quien lo es, lee mucho y es fiel; y si es de género suele apoyar sobre todo a la editorial pequeña”, por lo cual está convencido de que el futuro editorial está en manos de “las empresas pequeñas, y de los propios autores a través de plataformas de internet como Amazon, Google Books…, y otras menos fuertes como Lektu o Kokapelli.

Y es que las editoriales grandes “no se han dado cuenta todavía de cómo está cambiando el paradigma y a muchas les pasará como a los fabricantes de máquinas de escribir: ¿queda alguna empresa de máquinas de escribir abierta?”



También cree que existe ahora mismo “un problema real de visibilidad de los libros, ya que se renuevan demasiado deprisa, por lo que necesitamos webs y blogs de ojeadores, de orientadores para lectores…, acabarán surgiendo con el tiempo” y, en cuanto a recientes iniciativas en las que participan autores que también prueban la edición o editores que prueban a escribir, cree que es “natural” y las compara con “lo que ocurre en el cine, donde mucho actor de pronto siente el gusanillo de dirigir o a mucho director le entran ganas de ponerse delante de la cámara”.

“Por cierto, aquel examen de Teoría de la Comunicación…, al final lo aprobé, con Asimov y todo”, concluye.

 
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