Inicio / Entrada de Blog / Sitges, para los amigos

Sitges, para los amigos

<p>Festival de Cine de Sitges. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
Hoy se le conoce oficialmente como Festival Internacional de Cinema de Cataluña y está considerado como uno de los más importantes del mundo con multitud de actividades paralelas -entre las que figuran los premios Mélies d’Argent, galardones anuales de la European Fantastic Film Festivals Federation, la federación de festivales de género europeos de la cual es cofundador-, pero para los amigos siempre será el festival de Sitges a secas… Camino ya del medio siglo de vida, cierra hoy sus puertas batiendo récords de taquilla y de asistentes y demostrando un año más que el género tiene un prometedor futuro en España.

Fundado formalmente en 1967 y con una primera edición en 1968, su continuidad puede considerarse como una marca excelente que se convierte en heroica si se tiene en cuenta su especialización, pues se ha celebrado desde entonces todos los meses de octubre sin fallar un solo año.

Sin embargo, su origen tiene poco que ver como el fantástico, ya que nació a partir de la I Semana de Cine, Foto y Audiovisión que se organizó en esta villa catalana muy próxima a Barcelona, con intención de utilizar los trabajos de las escuelas de cine como catalizador turístico para aprovechar la temporada baja de vacaciones, atrayendo así a visitantes interesados por las actividades culturales en lugar de a los habituales turistas de sol y playa de los meses anteriores.

La primera edición no tuvo un buen comienzo y, de hecho, terminó con una batalla campal en la cena de clausura entre las autoridades franquistas y los cineastas de izquierda, incluyendo la intervención de las fuerzas de seguridad para calmar los ánimos, según recordaba uno de los primeros organizadores, Pere Fages, en un artículo que publicó veinte años más tarde, en el catálogo del festival del año 1987.

A pesar de este descorazonador inicio, las autoridades locales seguían pensando en que era una buena idea para promocionar el turismo alternativo y relanzaron la actividad al año siguiente pero cambiando su contenido: ya no se proyectarían películas “serias”, empeñadas en burlar la censura para difundir peligrosas ideas políticas, sino películas fantásticas, mucho más “inocentes” y “sin calado”

Obviamente, quien dio el visto bueno a esta pauta ni había leído clásicos del género como “1984”, “Un mundo feliz” o “La naranja mecánica” -que todavía no tenían versión cinematográfica pero no pasarían muchos años más sin ella-, ni comprendía que las historias fantásticas son desde siempre el decorado ideal para camuflar todo tipo de ideas subversivas y alternativas.



En 1968 se desarrolló pues la Primera Semana Internacional de Cine Fantástico, con una sección informativa donde fueron proyectadas obras como El baile de los vampiros de Roman Polanski, S.O.S. El mundo en peligro de Terence Fisher o King Kong escapa de Ishiro Honda -precisamente el simio gigante acabaría convirtiéndose en el logo del certamen- y otra sección retrospectiva con grandes clásicos como El Golem de Paul Wagener, Nosferatu de F.W.Murnau o Metropolis de Fritz Lang.

No fue un éxito, ni de público -que fue escaso- ni de crítica -cuyos representantes se enfrentaron con la organización y mantuvieron durante años una actitud reprobadora hacia el festival-, aunque la organización perseveró y hoy día las cosas son muy diferentes.

La mejor prueba de su actual notoriedad es el hecho de que esta edición de 2015 cierra con un récord absoluto de recaudación pues ya a tres días de la clausura se habían vendido 74.000 entradas -un 11 % más que en 2014- por valor de 600.000 euros -un 20 % más-, cifras superiores a las de todo el festival del año pasado.

También se ha pasado de las dos docenas de películas de las primeras ediciones a las 160 proyectadas este año, si bien en este caso son algunas menos que las de la edición de 2014.

El crecimiento del festival ha ido paralelo a todo tipo de actividades complementarias, entre las que no podía faltar una reunión de no muertos: el Zombie Walk, en el que este año han participado más de 3.000 personas, con su propio decálogo que incluye recomendaciones como emplear los necesarios “buenos modales” -gruñidos, gemidos alaridos y hasta aullidos en los casos de hombres lobo zombies- la recomendación para no olvidar “impregnar tu cuerpo con sangre: en la boca, el cuello…” y la visión obligada de películas para ambientarse (Zombeavers, Maggie, Generation Z y otras)

Un punto especialmente emotivo e interesante de esta edición ha radicado en la exposición de obras del ilustrador Vicente B. Ballestar, considerado uno de los creadores del género dark pulp y también del realístico supernatural que falleció en julio del año pasado.

Además, por segundo año consecutivo ha acogido la presentación y entrega del Premio Minotauro, que en esta edición ha recaído en el cineasta y escritor Elio Quiroga, por su novela “Los que sueñan”: un texto que según el autor relata las consecuencias y los cambios sociales de “un mundo virtual a la carta”.



Muchos grandes del cine internacional han pasado por aquí: desde David Cronenberg hasta Ray Harrihausen, pasando por Terry Gilliam, Joe Dante, Neil Jordan, David Lynch, Sam Raimi y muchos más.

También ha habido espacio para el cine en español, como los nacionales Álex de la Iglesia, Rodrigo Cortés, Antonio Banderas, Jaume Balagueró o Paco Plaza y los americanos Guillermo del Toro y Alejandro Jodorowsky; este año hemos visto trabajos como el de Laia Costa y su Victoria o la Vulcania de José Skaf.

El Gran Premio Honorífico de 2015 ha sido para en Oliver Stone, a quien se reconoce su carrera como realizador, productor y guionista, aunque también ha habido homenajes para Terry Jones o Andrej Zulawski, entre otros.

 
(Sin votaciones)
Cargando…