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‘Fuga de cerebros’

Más de alguien dirá que no existe relación entre eso de que la corrupción y la crisis ahuyentan a los grandes cerebros y las noticias sobre el despido de una científica española que participó en una clonación y la negativa a conceder una beca a un investigador, también español, considerado el mejor físico europeo.

Es que leí esas dos noticias en momentos en que pensaba en la fuga de cerebros que ocurre en los países acosados por la crisis económica y sobre todo la corrupción, y que beneficia a las naciones más estables.

(Viví esa situación hace más de cuatro décadas cuando las crisis sacudían a Chile y Argentina y eran miles los profesionales de alto nivel que buscaban emigrar en busca de seguridad y paz en otros países, en especial Estados Unidos y los más avanzados de Europa).

Me refiero al caso de Diego Martínez, considerado por la Sociedad Europea de Física como el mejor físico europeo en una distinción que no le sirvió de nada para conseguir una beca de cinco años y quedarse en España.

El otro es el de Nuria Martí Gutiérrez que buscó mejores horizontes tras ser despedida del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia en 2011. En Oregón, Estados Unidos, la científica española participó con éxito en un estudio para conseguir células madre embrionarias con el mismo ADN de un adulto.

Eso supondría que se conseguirá en un futuro muy próximo extraer células madre con la capacidad de diferenciarse en tejidos óseos, musculares o neurológicos que podrán ser trasplantados sin riesgo de rechazo.
Lástima que esos científicos se hayan visto obligados a no participar en la investigación en su país donde la importancia de la ciencia y, por ende de la investigación, parecen haber sido relegados a un segundo plano.

Casi de manera simultánea a esas dos noticias, en Alemania se conoció un informe de la Organización de Biología Molecular Europea que dice que los países sacudidos por la crisis económica y la corrupción son los que más problemas tienen para retener a los trabajadores mejor calificados.

Precisamente por su nivel, estos trabajadores tienen gran flexibilidad y movilidad internacionales para enfrentar nuevos desafíos y su éxodo perjudica a la gestión económica del país del que salen, según el informe.

Los autores del estudio analizaron los datos de trabajadores altamente calificados y mayores de 25 años que migraron a 123 países entre 1990 y 2000.

“El balance positivo de cerebros es un factor crucial para el éxito de cualquier país”, manifestó, a la revista Nature, Mara Pasquamaría Squicciarini, una de las participantes en el citado informe.

“Nuestro estudio confirma que el nivel de corrupción en diferentes países afecta directamente a la disponibilidad de trabajadores capacitados y es un importante factor de decisión” cuando se trata de su desplazamiento, agregó esta experta del Centro de Instituciones y Gestión Económica de la Universidad de Lovaina.
La investigación también tomó en cuenta la situación económica de cada país y cuando el producto per cápita fue similar, los países donde más reina la corrupción fueron los que sufrieron la mayor fuga de trabajadores altamente calificados.

Y en lo que parece ser todavía más importante, los autores del estudio señalan que las inversiones en educación en los países corruptos son inútiles si no se resuelve de manera directa el impacto que tiene esa corrupción sobre la emigración.

“La inversión en educación en los países corruptos beneficia a las otras naciones si la gente emigra a mercados de empleo más atractivos”, manifiesta Andrea Ariu, de la Universidad Católica de Lovaina.

“La política de un gobierno debe centrarse no sólo en crear una fuerza de trabajo educada sino en luchar contra la corrupción a fin de crear un mercado laboral justo”, apunta.
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