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Guerra química, insectos y medio ambiente

Esto de la química usada para matar me exaspera. Especialmente ahora cuando el mundo reacciona indignado ante las denuncias de que el régimen sirio las ha usado para eliminar a sus rivales, no importa que entre ellos hubiese niños y mujeres inocentes. Ojalá hubiera ocurrido una protesta similar hace más de 40 años cuando los aviones estadounidenses regaban el paisaje vietnamita con el “agente naranja” y el napalm.

EFE/Nathan G.

Pero mi indignación es más vieja todavía y no tiene nada que ver con los temas de actualidad. Comencé a sentirla cuando miraba cómo los aviones fumigadores sobrevolaban a pocos metros de altura los campos chilenos para eliminar las plagas que arrasaban la producción de frutas y verduras sin ninguna consideración por el inmenso daño que se hacía al medioambiente.

Para los dueños de los plantíos el éxito era total, excepto que nadie tomaba en cuenta que junto con los insectos que dañaban los cultivos las sustancias de la fumigación también eliminaban especies que sirven a la agricultura, y de paso contribuían a dañar el medioambiente.

Y, aunque cueste creerlo, hace sólo una década los científicos se convencieron de la verdad de lo evidente: que los plaguicidas son un importante factor de la “misteriosa” reducción mundial de las abejas que polinizan los árboles frutales, de los sapos que contribuyen al equilibrio biológico de los insectos y de los murciélagos que también polinizan y ayudan en la conservación de las especies vegetales. Los otros factores son también obra del hombre: entre otros el cambio climático y la reducción de los hábitat.

Toda esta introducción, para decir con cierto consuelo que no hay mal que por bien no venga.

Y es que en las últimas semanas se ha conocido una noticia que para muchos ha pasado inadvertida pese a que es un alivio para los partidarios de la conservación y de la defensa del medio ambiente.
Científicos estadounidenses han anunciado el descubrimiento de lo que califican como un neuropéptido llamado natalisina que regula la actividad sexual y capacidad reproductiva de los insectos.

¿Y esto qué tiene que ver con las armas químicas y la fumigación que en el fondo no es más que otra arma química utilizada no contra el hombre sino contra los insectos y otros animales, malos o buenos?

Un grupo de investigadores, encabezado por científicos de la Universidad Estatal de Kansas, señala en un informe publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences que el descubrimiento podría servir para controlar la multiplicación de las plagas y ayudar en la conservación de las especies que sí benefician a la agricultura y el medioambiente.

Los científicos indican que la ausencia de natalisina en el cerebro de los insectos, entre ellos la mosca de la fruta, los escarabajos rojos y las polillas de la seda, neutraliza su capacidad reproductiva y hasta su interés por aparearse.

Según Yoonseong Park, profesor de entomología de la Universidad Estatal de Kansas, al no tener la sustancia en el cerebro, la hembra de ese tipo de insectos no reacciona ante la presencia del macho y éste no es capaz de emitir señales de apareamiento.

“No estamos seguros si esto se debe a que el macho realmente no puede oler a la hembra o porque ésta no advierte su presencia”, agrega.
Lo mejor, según Park, es que el descubrimiento ayudará a los científicos a desarrollar métodos de control de las plagas y éstos, sin duda, serán al mismo tiempo beneficiosos para el medioambiente.

Y para ello no será necesario el uso indiscriminado de las armas químicas de la fumigación que logran matar las especies dañinas, pero también eliminan a las “inocentes”.

En la investigación también participaron científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología de Corea del Sur, la Academia Eslovaca de Ciencias y de la Universidad de Corea del Sur, lo que revela que es cada vez mayor la preocupación que existe sobre la desaparición de especies benignas como resultado de la fumigación indiscriminada.
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