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Invertir a riesgo en investigación, una opción viable. Por Javier López

Invertir a riesgo en investigación, una opción viable. Por Javier López


Estamos en momento de catarsis para la investigación. Los modelos establecidos para el desarrollo de la investigación están cambiando a pasos agigantados y necesitamos que los actores del sistema de ciencia e innovación renueven sus maneras de hacer y colaborar.

 

Los investigadores necesitan combinar objetivos académicos (publicaciones, tesis, formación de doctores,…) con los intereses de la sociedad que les rodea en términos de aplicación de sus resultados de investigación (patentes, contratos con empresas, spin-offs… ). No se trata de objetivos encontrados, pero si de equilibrios necesarios entre la necesidad de producir ciencia de calidad con la posibilidad de poder financiar dicha producción de manera sostenible.

 

Las fundaciones, las empresas y otros agentes que pueden financiar la investigación también tienen que innovar y asumir riesgos en su relación con los grupos de investigación. Hay que buscar más relaciones de compartir riesgos y resultados que de comprar o vender conocimiento. La “investigación a riesgo” es un concepto que se tiene que desarrollar más en nuestro país, particularmente, por lo que a los procesos de transferencia de tecnología se refiere. El tránsito de la invención a la innovación es de mucho riesgo y requiere de recursos financieros y de conocimiento experto para su gestión. Hablamos de escalados industriales, de prototipos, de articular la estrategia de protección (patentes, modelos de utilidad,…), de estudios de mercado, de desarrollo de negocio y de otras muchas tareas que se encuentran entre la “I” grande y la “i” pequeña.

 

La filantropía en España está trabajando en esta dirección, el Fondo de Ciencia de la Fundación Barrié, el programa “Mind in the Gap” de la Fundación Botín, o las actividades en favor de la ciencia de la Fundación Ramón Areces o la Fundación La Caixa son buenos ejemplos del camino a recorrer, pero su labor necesita de más compañeros de viaje, así como de la complicidad de los investigadores a la hora de formular los proyectos a desarrollar en común. En definitiva se plantea un modelo de relación en el que el éxito de los primeros proyectos ayude a financiar los venideros y que, por tanto, la sostenibilidad del modelo de trabajo venga dada, al menos parcialmente, por calidad de la investigación y el buen hacer en los procesos de transferencia de tecnología.

 

Ahora bien, todo lo anterior no tendría sentido si la sociedad no es capaz de entender la tarea de los investigadores y de todas aquellas instituciones que apoyan a la investigación. Los que trabajamos en este campo necesitamos difundir el alcance de nuestros esfuerzos para recabar el apoyo social necesario a la tarea investigadora. Para ello, herramientas como EFEfuturo son críticas. La labor del periodista científico, del divulgador es clave para que la sociedad comprenda la importancia de los avances científicos y en que medida la existencia de un buen sistema de ciencia e innovación es crítico para el desarrollo de un país.

 

Enhorabuena a EFE por tener la valentía de dar un paso en esta dirección y apostar por la divulgación científica como un eje estratégico de su labor. El éxito de esta iniciativa también lo será de la Ciencia española.

 

Nota sobre el autor: Javier López es economista y Director General de la


Fundación Barrié


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