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Positrónico cumpleaños, mr. Asimov

<p>Isaac Asimov 2. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
Considerado por público y crítica como uno de los tres más importantes escritores de Ciencia Ficción del siglo XX junto con Robert Heinlein y Arthur C. Clarke, mañana lunes se cumple el aniversario del fallecimiento de Isaac Asimov, tan popular por sus relatos fantásticos como por su obra de divulgación científica, que falleció el 6 de abril de 1992.

No es tan fácil fijar la fecha de su nacimiento pues, aunque hay acuerdo general en creer que fue el 2 de enero de 1920 (hace ahora 95 años), este dato está aún por certificar, ya que vino al mundo en un pequeño pueblo ruso a pocos kilómetros de Bielorrusia, desde donde su familia, de origen judío, emigró a Nueva York en busca de mejores oportunidades cuando él era aún muy pequeño.

Los pulps, las revistas baratas de ficción, le descubrieron la Ciencia Ficción y en ellas empezó a publicar sus primeros relatos antes de graduarse como bioquímico en la Universidad de Columbia; compaginando estudios con trabajo, logró el doctorado en química para 1948, con lo que ingresó en la Universidad de Boston…, diez años más tarde, ganaba ya más dinero como escritor que como profesor universitario.

Su primera novela, publicada en 1950, fue ‘Un guijarro en el cielo‘: con ella inició una carrera que incluyó algunas de las obras que han marcado el género desde entonces, incluyendo la serie de la ‘Saga de la Fundación’  y las novelas de narraciones de robots…, y que culminó inicialmente con ‘El sol desnudo’ en 1958.



Por cierto que la trilogía original del también llamado Ciclo de Trántor (Fundación, Fundación e imperio y Segunda Fundación) ostenta el honor de haber recibido el Premio Hugo a la mejor serie de Ciencia Ficción de todos los tiempos.

A partir de entonces se dedicó durante muchos años casi íntegramente a la redacción de libros de ensayo y divulgación científica como Breve historia de la Química Cien preguntas básicas de la ciencia o de divulgación histórica como El Imperio Romano y La Formación de América del Norte, con alguna sonada excepción como la novelización de la versión cinematográfica de Viaje alucinante (un cuento original de Otto Klement y Jerome Bixby) o Los propios dioses (que recibió los tres grandes premios norteamericanos de género: Hugo, Locus y Nebula).

Para los años 80, había vuelto al género con renovados bríos, aunque a partir de ese momento se centró sobre todo en secuelas de sus novelas y en las antologías de relatos como su famosa colección sobre La edad de oro de la Ciencia Ficción…, en todo caso fue capaz de firmar en torno a los 400 textos en un recorrido como autor ciertamente prolífico.

A día de hoy,  el sector de la robótica es, dentro de la ciencia, el que mayor influencia conserva de las aportaciones de Asimov, si bien hay algunos términos y conceptos que también se emplean en otros sectores como la psicohistoria o la positrónica.

En todo caso, no resulta tan difícil convertirse en un visionario cuando uno trabaja con información científica de vanguardia, de la que aún tardará unos años en calar entre el público corriente; en cierto modo, Asimov actuó igual que Julio Verne al escribir gran parte de su obra de ficción por el expediente de proyectar hacia el futuro los conocimientos más adelantados y los experimentos más novedosos de los que le llegaban noticias, de manera que no tuvo necesidad de crear grandes artificios imaginativos personales.

Prueba de ello fue el artículo que escribió en 1964 durante la Feria Mundial de Nueva York en The New York Times y en el que osó “profetizar” cómo sería el mundo del futuro a partir de lo que entonces estaba en boga desde el punto de vista tecnológico: erró en muchas cosas pero acertó en cerca del 60 % de sus previsiones.

Así, certificó que conviviríamos con robots (al fin y al cabo, el autor que escribió la colección de cuentos en torno a ‘Yo, robot’, fue también el padre de las tres leyes de la robótica, pero advirtió de que estarían todavía lejos del nivel de Inteligencia Artificial como la descrita en ‘El hombre bicentenario’) , que naves sin humanos a bordo llegarían a Marte y que habría planes para establecer allí colonias espaciales (como así ha sido) y que sería común la “comunicación vista-oído” (realidad posible a través de las videollamadas).



También habló de ventanas polarizadas gradualmente al gusto del consumidor para regular la intensidad de la luz, así como de la popularización de las películas en 3D, del uso de levaduras y algas para la alimentación…, e incluso advirtió acerca de “la enfermedad del aburrimiento” con consecuencias “mentales, emocionales y sociológicas” (no hay más que ver la importancia de esta dolencia en la sociedad del siglo XXI, así como la cantidad de miles de millones invertidos en “medicinas” para combatirla, especialmente, en formato de series y películas, programas de telebasura y videojuegos).

Recibió numerosos premios a lo largo de su larga carrera literaria, incluyendo varios Hugos y Nebula y un James T. Grady a la mejor labor de divulgación científica y ese prestigio como escritor, sumado a su propia carrera científica, sus convicciones racionalistas y su actitud militante contra las creencias religiosas le reportó más de una docena de doctorados honoris causa por diferentes universidades, así como diversos reconocimientos en grupos como la Asociación Humanista Estadounidense, que le concedió la presidencia honoraria, o el club Mensa, del cual era vicepresidente también honorario.

En su honor existe un cráter Asimov en el planeta Marte y también un asteroide, el 5020 Asimov…, y posiblemente un robot humanoide, el ASIMO de Honda, aunque la empresa japonesa asegura que son sólo las siglas de  “Advanced Step in Innovative Mobility” o “Paso Avanzado en Movilidad Innovadora”.

Asimov falleció en 1992 tras un fallo renal y coronario, pero hace unos años su viuda Janet reveló que la verdadera causa de su muerte había sido la transfusión de sangre en mal estado por contaminación de Sida que el autor habría recibido durante una operación vascular.

 

 

 
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