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La ciencia española en positivo. Por (*) Carmen Vela

<p>Imagen de archivo de la secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela. EFE/Iván Franco.</p>
En España se hace muy buena ciencia. Tenemos investigadores con impacto mundial en diversas áreas, numerosos centros de primer nivel, infraestructuras científicas y tecnológicas punteras y una participación importante en muchas de las mayores instalaciones europeas e internacionales.]
Es necesario recordarlo para reconocer el talento y el esfuerzo de los investigadores y tecnólogos que trabajan en España y evitar caer en la tentación de denostar un sistema científico y tecnológico que cuenta con muchas fortalezas.

La importancia de la ciencia española a nivel internacional se sostiene con la objetividad de los
datos. Para evaluar la ciencia de un país el baremo que se utiliza es el de la producción científica, es decir, el número de publicaciones y la calidad de las mismas.

Según el ranking que utilicemos, España se sitúa entre la novena y la undécima posición mundial. Más allá del puesto que ocupamos, el impacto de la producción científica española es superior en un 30% a la media mundial, el 51% de nuestras publicaciones se pueden leer en las principales revistas y el 13% de éstas se encuentra entre las más citadas del mundo.
Nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación, con algo más de 30 años de existencia desde que se aprobara la primera Ley de la Ciencia en 1986, se ha revelado como un sistema capaz y eficaz. España cuenta con el 0,7% de la población mundial y el 1,7% de los investigadores; sin embargo, la ciencia española es responsable del 3,2% de la producción científica, el 4,5% de las publicaciones más excelentes o el 6,7% de las que aparecen en las revistas más importantes.

También podríamos medir el nivel de nuestra ciencia examinando cómo lo hacen los actores del sistema español de I+D+i en Europa cuando compiten por ayudas y recursos con las mejores universidades, organismos de investigación o empresas del continente.

En el programa de investigación e innovación de la UE, Horizonte 2020, España es, hasta el momento, el tercer país que más proyectos consigue, el cuarto por retornos (2.400 millones de euros, casi el 10% del total) y el que más proyectos lidera (15%). Los agentes españoles están consiguiendo, con mucha diferencia, los mejores resultados que se han logrado hasta ahora en los distintos programas marco de la UE.

La ciencia, que busca dar soluciones a retos globales como el envejecimiento, el cambio climático, o el abastecimiento alimenticio o energético, es cada vez más internacional. En consecuencia, estamos haciendo un esfuerzo para ser parte importante de la ciencia mundial: hoy casi la mitad de las publicaciones de nuestros investigadores son en colaboración con investigadores de otros países.

En este contexto, grandes instalaciones científicas internacionales se han establecido en España
en los últimos años: el Consorcio CTA (Red de Telescopios Cherenkov) ha decidido ubicar en
Canarias su gran infraestructura científica en el hemisferio Norte, el Laboratorio Europeo de
Biología Molecular ha abierto su primera sede en 20 años en Barcelona o LifeWatch se ha
instalado en Sevilla, lo que supone el primer ERIC (Consorcio Europeo para las Infraestructuras de Investigación) con sede en España.

Gracias al nuevo superordenador financiado por el Gobierno con 34 millones de euros, el Marenostrum4, España mantiene su estatus como socio principal en el programa PRACE (Partnership for Advanced Computing in Europe). Y seguimos trabajando para traer más proyectos científicos relevantes, como es el caso del acelerador de partículas IFMIF-DONES a Granada.


El supercomputador "Marenostrum 4". EFE /MGEl supercomputador “Marenostrum 4”. EFE /MG


Por otra parte, hemos conseguido reforzar la presencia española, tanto de investigadores como
de empresas, en los principales organismos de investigación europeos. Un ejemplo significativo
es el del CERN, donde no solo hemos corregido la deuda que arrastrábamos con el organismo
desde 2010 sino que hemos abierto programas de ayudas para jóvenes investigadores y hemos
ampliado la presencia de nuestra industria en sus convocatorias.

Recursos humanos


Dentro de nuestras fronteras, con las dificultades sobrevenidas de una profunda crisis económica, hemos conseguido aprobar reformas muy beneficiosas para el sistema y solucionar varios problemas pendientes.

En materia de RRHH, que ha sido nuestra prioridad durante estos años, hemos conseguido estabilizar a la mayor parte de los investigadores Ramón y Cajal, algo que era un verdadero problema en 2012; convertido las becas FPI en contratos pre-doctorales sin disminuir la cantidad de ayudas, pese a que el coste es bastante mayor, y mejorando las características de las ayudas; incrementado el número de posiciones post-doctorales, o instituido la figura de investigador distinguido como modelo para una carrera investigadora no funcionarial.

Es necesario recordar que pese a lo mucho que hemos leído acerca del despido de decenas de investigadores en el CNIC y en el CNIO antes del 31 de diciembre, finalmente no se ha marchado ni uno solo. Aun así, conscientes de la necesidad de mejorar la estabilidad laboral de los investigadores, en 2018 aprobaremos una iniciativa que estabilizará hasta el 90% de las plazas ocupadas con contratos temporales al menos durante los tres años anteriores al 31 de diciembre de 2017 en OPIs, fundaciones y consorcios.


Cámara oscura del Centro Nacional de Biotecnología / © Andrés Díaz-CSIC.


Se ha puesto en marcha Agencia Estatal de Investigación, un antiguo anhelo de la comunidad científica que no terminaba de germinar. Se han conseguido equilibrar las cuentas del CSIC y de otros centros, que arrastraban una muy mala situación financiera desde 2010.

En los próximos meses aprobaremos el contrato de gestión del CSIC para dotar de flexibilidad presupuestaria y gestión al principal organismo de investigación del país y afrontaremos nuevos desafíos.

Mucho por hacer


Tenemos claro que quedan muchas cosas por hacer. El mayor reto que afrontamos es el de
aumentar el peso de la inversión privada. La UE establece que para conseguir un sistema de I+D+i saludable, dos tercios de la inversión total debe provenir de las empresas. En Japón, EEUU, Corea del Sur o Alemania la aportación privada es superior al 65%, incluso cercana al 80% en algún caso, mientras que en España se sitúa en el 53%. Es un importante déficit que estamos intentando corregir.

Desde 2012 hemos apostado por la colaboración público-privada y hemos trabajado con insistencia para acercar a los actores del sistema: universidades, empresas, organismos públicos y centros de investigación o parques tecnológicos.

Seguimos trabajando para conseguir una financiación pública progresiva y estable a largo plazo, mayor flexibilidad administrativa y más y mejores contratos para los investigadores. Los últimos datos del INE nos indican que tenemos que esforzarnos más. Aunque el gasto en I+D aumentó por segundo año consecutivo en 2016, el peso de la ciencia disminuyó por el importante incremento de la economía española, situándose en el 1,19% del PIB, lejos del 2% que nos pusimos como objetivo en 2020.
Tanto la Administración Central, como las Comunidades Autónomas y las empresas somos responsables. También lo somos de las buenas noticias, como el incremento de 5.000 trabajadores en I+D respecto a 2015, de los que más de 4.000 fueron investigadores.

Estamos superando una crisis económica como no habíamos conocido y una inestabilidad política que nos ha tenido casi un año sin Gobierno. Seguimos reduciendo el déficit presupuestario y no contamos todavía con Presupuestos Generales del Estado para 2018, lo que es muy perjudicial para el país en general y para la ciencia en particular. Tenemos que dejar atrás de una vez unos años difíciles y complejos y trabajar pensando en el futuro.

Los grupos parlamentarios, las administraciones, las empresas, las universidades, los colegios y la sociedad en general debemos dar un paso al frente y apostar decididamente por la ciencia y la tecnología española, que es garantía de talento y eficiencia.
(Sin votaciones)
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