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La colaboración de la ciencia con la salud

No hay dudas de que las investigaciones científicas dan muchas sorpresas, especialmente cuando se trata de las vinculadas a la salud. Y sus descubrimientos están ocurriendo todos los días aunque usted ni yo lo sepamos.

¿Se acuerda de la historia de los griegos que mascaban la corteza de sauce para aliviar dolores, incluyendo los de cabeza, los de muelas y los menstruales? Después de muchos siglos los científicos descubrieron su componente principal y crearon lo que conocemos como la común aspirina.

Un campesino selecciona las plantas del Agave Azul con que se elabora el famoso tequila. EFE/Ulises Ruiz Basurto 


Lo mismo ha ocurrido con medicinas cuyo origen son compuestos hallados en vegetales de cualquier tipo y de cualquier clima.

Ahora los científicos han descubierto que el agave, la planta usada para fabricar el tequila, esa bebida alcohólica tan típica de los mexicanos, puede ser un edulcorante que no sólo ayudaría a combatir la diabetes tipo 2, sino que también reduciría el azúcar en la sangre y, por supuesto, la obesidad.

Según explicaron sus investigadores en una reunión de la Sociedad Química de Estados Unidos, la clave está en que el agave, que es la forma de azúcar natural que tiene la planta, no es digerible pero puede actuar como fibra dietética con lo que no elevaría los niveles de glucosa en el sistema.

Además, según explicó la investigadora Mercedes López, el agave también puede aumentar los niveles de insulina. Más aún, el producto de la planta de agave es barato, no tiene efectos secundarios y es un tipo de azúcar que ayuda a desarrollar de microorganismos beneficiosos para el aparato digestivo.
En cuanto a la obesidad, López, científico del Centro de Investigación y Estudios Avanzados de Irapuato, México, explicó que el agave también hace que una persona se sienta satisfecha con mayor rapidez lo cual ayuda a que coma menos y, por lo tanto, no aumente su peso corporal.

En esa misma reunión se reveló que la miel, ese regalo para el paladar de los dioses y que las laboriosas abejas convierten del polen de las flores, no sólo es un buen desinfectante sino que además ayuda a reducir la resistencia que el cuerpo crea contra ciertos antibióticos.

“La característica especial de la miel está en su virtud de lucha contra las infecciones en diversos niveles, lo que inhibe la capacidad de una bacteria para generar resistencia”, explicó Susan Meschwitz, científico de la Universidad Salve Regina, de Rhode Island.

Además, la miel tiene un efecto osmótico por cuanto su alta concentración de azúcar absorbe el agua contenida en las células de las bacterias, lo cual las deshidrata y les causa la muerte, según los científicos.

Más allá del tequila y la miel, la investigación científica ha proporcionado, tal vez, otra minúscula posibilidad de encontrar una clave para enfrentar el cáncer, una enfermedad que se creía moderna y que, en realidad, arrastra su sino mortal desde los primeros pasos que el hombre dio en la Tierra.

Científicos de la Universidad de Durham, en Inglaterra, anunciaron el descubrimiento en Egipto de los huesos agujereados por el cáncer de un hombre que vivió hace más de 3.200 años.

El hallazgo fue hecho por Michaela Binder, estudiante de esa universidad, quien señaló que es “de crucial importancia para establecer las causas del cáncer en poblaciones antiguas” que no padecían problemas como el hábito del tabaco, el estrés y otros estilos de vida poco saludables y que originan la forma moderna de la enfermedad.

Se trata del esqueleto de un hombre de entre 25 y 35 años de edad cuyos restos mostraron un cáncer extendido a partir de un tumor en tejidos blandos en lo que constituye el ejemplo “más convincente” y antiguo de un cáncer metastásico.
Este es un ejemplo de cómo la antropología puede conducir a mejorar la lucha contra el cáncer en un campo de colaboración que tiene muchos horizontes y que ahora también abarca al espacio que nos rodea.

Como se sabe, hace más de 10 años que la Estación Espacial Internacional (EEI) es un laboratorio donde se realizan experimentos que, en última instancia, ayudarán a encontrar nuevas formas de lucha contra muchas enfermedades.

Continuamente habitada, la EEI es un lugar perfecto para investigar problemas científicos, técnicos y de salud. Más aún, en muchos casos la investigación médica solo puede realizarse en órbita donde la gravedad no existe.

“Hay nuevas fronteras y nuevos conocimientos que los investigadores médicos podrán adquirir en la EEI”, dijo recientemente Stephen Kat, director del Instituto Nacional de Enfermedades Artríticas, Músculoesqueleticas y de la Piel, de Estados Unidos.

Desde el polen de una flor hasta el espacio insondable pasando por los restos carcomidos por el cáncer de un hombre de la antigüedad…todo sea por mejorar nuestra salud y prolongar nuestras expectativas de vida.

Sin embargo, la colaboración científica con la salud ha tenido resultados desiguales.  Por ejemplo, ha resuelto el problema de la disfunción erectil con una simple pastillita colorida. Pero no ha logrado encontrar una medicina para el alzhéimer que sigue siendo una enfermedad neurológica incurable.



Como resultado, en la actualidad muchos hombres de edad avanzada pueden poner en ristre su órgano sexual en cualquier momento….lo malo es que no recuerdan con qué propósito.
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