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La cooperativa, la checa y la cámara, o cuando la FED no es lo que parece

Madrid, 15-7-2013.- La Unión Soviética fabricó durante el proceso de industrialización varias cámaras para ponerlas al alcance de los ciudadanos
Txema Ruiz, (@txemaruiz) periodista de EFEfuturo/EFEverde, experto en fotografía y economía
Txema Ruiz, periodista de EFEfuturo/EFEverde, experto en fotografía y economía

Cuando se oye hablar de la FED se piensa casi siempre en la Reserva Federal, el equivalente en los Estados Unidos al banco central europeo. La FED suena aún más en estos tiempos de crisis, cuando sus decisiones han adquirido gran notoriedad y relieve informativo. Pero, hay otra FED.


Esa otra FED está relacionada con el mundo de la fotografía y nada tiene que ver con el regulador bancario estadounidense y ni siquiera con ese país.

La historia de la FED fotográfica se remonta al final de la guerra civil en Rusia (1917-23), cuando miles de niños y adolescentes quedaron huérfanos y acabaron por convertirse en delincuentes y vagabundos.

En estas circunstancias, en 1926, se fundó en Járkov (Ucrania) una cooperativa para acoger a estos chicos y chicas de entre 15 y 20 años, y que pudieran “reinsertarse” en la nueva sociedad a través del trabajo.

El primer director de esta cooperativa fue Antón Makarenko, un pedagogo ucraniano, y aunque sus primeros productos fueron unas taladradoras basadas en Black Decker, la cooperativa acabó fabricando unas cámaras fotográficas que acabaron siendo muy populares.

Esa cooperativa fue bautizada con el nombre del creador de la policía política rusa “Chrezvycháinaya Komissiya” (Cheka) que fue Félix Edmundovich Dzerzhinski, o sea FED; como es fácil comprobar nada más lejano a la Reserva Federal estadounidense.

Un año antes de la fundación de la cooperativa, es decir en 1925, había comenzado en Alemania la producción de la famosa Leica que cambió la historia de la fotografía en el mundo y, por supuesto, en la URSS.

Esta cámara alemana fue conocida en Rusia, según el autor de www.camaracolección.es, gracias al fotógrafo Alexander Mijaílovich Rodchenko, quien la usó profusamente en sus trabajos sobre la naciente sociedad soviética y que fueron publicados incluso en EEUU más como propaganda que como arte fotográfico.

Las Leica, con un precio de 133 rublos, era muy poco asequible, más bien nada asequible, para la mayor parte de los aficionados rusos, así que había que conformarse con la producción nacional que por esas fechas no era muy importante.

En el inicio de la década de los 30 se produjo un proceso de industrialización de la Unión Soviética que, entre otras cosas, buscaba una menor dependencia de las importaciones. Lo que se pretendía era una especia de autosuficiencia económica en todos los órdenes y las cámaras fotográficas no quedaron al margen.

En 1932, más o menos “inspirados” por Stalin, los cooperativistas de Makarenko se decidieron a fabricar cámaras fotográficas basadas en la Leica alemana. Y así nacieron las primeras FED.

Quien haya tenido la oportunidad de usar una de estas primeras cámaras, todas ellas telemétricas, habrá observado que a medida que avanzaban los modelos, se distanciaban un poco más de la Leica alemana que fue su base. La FED 1, que empezó a venderse en 1934, es la más similar a la Leica II, pero ya la 5, tiene poco que ver con ella.

Esas FED han sido uno de los grandes iconos de la industria fotográfica de la URSS. Se produjeron millones de unidades y también se exportaron con bastante éxito, especialmente a los países del llamado “socialismo real”.

La tecnología de esta serie de cámaras (de la 1 a la 5) es sencilla pero bastante fiable y, aún hoy, es posible encontrar unidades que funcionan bastante bien, a pesar de los muchos años que arrastran.

Sus lentes de rosca (industar, júpiter o helios) m39, son compatibles con los de Leica, algo que es una ventaja muy interesante, sobre todo para el bolsillo de los coleccionistas.

Algunas de las primeras cámaras, hoy muy cotizadas, llevan la inscripción NKVD, en la parte superior. Las hay también con colores extravagantes como un verde llamativo y otras, casi imposibles de localizar dedicadas a los aniversarios de la revolución y cosas similares.

Su manejo es sencillo pero hay que tener algún cuidado adicional a la hora de usarlas y siempre se debe montar el obturador y después elegir la velocidad de obturación y jamás al revés ya que por algún motivo “técnico”, se puede estropear el mecanismo y la reparación es complicada y cara.

En resumen unas cámaras que no pasarán desapercibidas, con una tecnología sencilla pero fiable y que tuvieron un origen tan curioso como extravagante. EFE

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