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La historia de siempre

Una vez más, de nuevo, la misma historia: una “científica” investigación ha determinado que el fútbol (el nuestro, no ese engendro que se practica en Estados Unidos) es peligroso para los deportistas y sobre todo para aquellos que usan la cabeza para golpear el balón.

Esta vez la advertencia viene de Tom Schweitzer, director del Programa de Investigación de Neurociencias del hospital canadiense St. Michael’s, quien dice que los cultores del deporte más popular del mundo son vulnerables a las lesiones permanentes en la cabeza y el cuello como consecuencia de las contusiones.

“La práctica de cabecear, que puede ocurrir miles de veces en la carrera de un futbolista, involucra peligros desconocidos que contribuyen a una declinación cognoscitiva en el corto y mediano plazos”, según afirma en un artículo publicado en la revista Brain Injury.

El jugador del Atlético de Madrid Javier Manquillo (i) disputa el balón con Cristiano Ronaldo (d) del Real Madrid el pasado 11 de febrero. EFE/Alberto Martín 

 

 


Para fundamentar sus afirmaciones, el científico cita algunos estudios (sin identificarlos) en los que dice que esas contusiones representaron de 5,8 a 8,6 por ciento de los golpes sufridos durante un partido.

Más aún, en lo que muestra su preocupación por la creciente popularidad de este deporte en los establecimientos educacionales de Norteamérica, Schweitzer indica que otro estudio estableció que un 62,7 por ciento de los jugadores de educación secundaria sufrió síntomas de contusiones y que sólo un 19,2 por ciento se dio cuenta del problema.

No sólo eso, añade: otra investigación descubrió que las contusiones en el fútbol representaron un 15 por ciento de todos los golpes sufridos en todos los demás deportes.

Es posible que el investigador tenga cierta razón. No puede pensar uno que golpear el balón con la cabeza sea una práctica exenta de peligro. Una prueba es que muchos jugadores han quedado fuera de combate al recibir el golpe de la pelota en la cabeza o en alguna otra parte delicada del cuerpo.
Pero no se puede afirmar sin demostrarlo de manera fehaciente que el fútbol afecta la capacidad intelectual de una persona. Muchos amigos míos que fueron o son buenos futbolistas nunca han tenido problemas neurológicos.

Por otra parte, recuerdo grandes futbolistas que utilizaron la cabeza como arma de este deporte y no han mostrado declinación cognoscitiva, como el brasileño Pelé, el alto directivo de la FIFA, Michel Platini, o el incomparable defensa, Franz Beckenbauer, uno de los más importantes dirigentes del fútbol alemán.

Como muchas “investigaciones” que pregonan las bondades de una medicina y que son financiadas por la farmacéutica que la produce, estas afirmaciones me impulsan a ser suspicaz y a pensar en intenciones ocultas.

¿No es acaso muchísimo más peligroso el boxeo, un “deporte” en el que el objetivo es la destrucción física del adversario, o la del fútbol americano donde ocurre un número mayor de lesiones pese a que los jugadores entran a la cancha con la armadura de sus cascos y protecciones especiales?

Aunque suene un poco exagerado o paranoico, sospecho que se trata de una conspiración de las grandes empresas de Estados Unidos que no han podido durante muchos años impedir que el fútbol sea el deporte más popular y creciente en el mundo.

Pienso que esa oposición nace del hecho de que el fútbol es un juego con una duración máxima determinada (90 minutos) y que se desarrolla sin interrupciones durante al menos 45 minutos. Para esas empresas es imposible meter la propaganda de sus productos, excepto durante los 15 minutos del decanso.

Propaganda televisiva


Ya quisieran que el fútbol fuera como el que se practica en este país, ese fútbol en que los jugadores utilizan cascos para protegerse pero también para atacar al rival y en el que uno de los objetivos es impedir su paso a golpes y que se interrumpe para dar paso a minutos interminables de propaganda televisiva.

En el caso del fútbol americano las razones para las interrupciones son el cambio de jugadores, lesiones de algún tipo y cuestionamientos a las decisiones arbitrales. Por si fuera poco y para dar mayor espacio a la propaganda cada partido se divide en cuatro tiempos y hasta hay una pausa que muchas veces se hace larga dos minutos antes del pitazo final.

Nadie sabe con exactitud cuánto dura cada partido y lo mismo ocurre con el béisbol y con el tenis y hasta el boxeo, deportes que tienen amplia popularidad para las empresas porque están llenos de interrupciones con mucha propaganda.

También me parece sospechoso el momento en que se da a conocer este nuevo estudio: estamos a pocos meses del Campeonato Mundial de Fútbol y se sabe que ante su popularidad avasallante no habrá ningún otro deporte que se le compare….y cuyo desarrollo permita más y más propaganda.

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