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La inmensidad del universo según Orlando Lizama

Mi padre no era sabio ni científico. Pero en las noches claras del verano en Chile me hacía mirar el firmamento y apuntaba a una constelación y me preguntaba: “¿Ves esas estrellas?”

Le respondía que sí, que veía muchas. Se ponía serio y me decía “pues eso que ves ya no existe. Seguro que se las tragó otra estrella más grande o desaparecieron en una inmensa conflagración”.
Y con gesto adusto me explicaba que lo que yo veía era la luz que emanaron esas estrellas hace miles de millones de años y que recién llegaba a nuestros ojos después de atravesar galaxias y constelaciones en la inmensidad del Universo.

¿Si esa luz se desplazó a unos 300.000 kilómetros por segundo, cómo es posible que tardara millones de años en llegar a mis ojos? ¿Tan grande es el Universo?

Eso y mucho más, respondía. Para hacer gala de su sabiduría me explicaba que la estrella más cercana a la Tierra es el Sol y que su luz demora poco más de siete minutos en llegar a nosotros. Es decir lo vemos recién casi 8 minutos después de que surge del horizonte.

Y si hay planetas similares a la Tierra, los llamados ahora exoplanetas, nunca los conoceremos pues el viaje hasta ellos tarda muchos años….y a la velocidad de la luz, según me decía.

Muchas veces traté de imaginarme la inmensidad del universo hasta que me dí por vencido y dediqué mis preocupaciones a otras cosas mucho más didácticas como las que me enseñaban en la escuela. ¿Tal vez sirva en ese esfuerzo la increíble pequeñez de la Tierra vista entre los enormes anillos de Saturno a través de la lente de la sonda Cassini?  

la inmensidad del universo
EFE/Nasa/Jpl-Caltech/Space Science Institute.

Este interrogante sin respuesta se me volvió a plantear al enterarme que la sonda espacial Surveyor 1 enviada al espacio interestelar por la NASA en 1977 recién ahora está en el límite de la heliosfera, a punto de abandonar nuestro Sistema Solar.

A 18.500 millones de kilómetros de la Tierra, la cápsula tiene todos sus sistemas en pleno funcionamiento y, en términos astronómicos, está todavía tan cerca que la información que transmite tarda “solamente” 17 horas en llegar a los científicos de la agencia espacial estadounidense.

Según los cálculos, la nave “está a punto” de abandonar la influencia del Sol y en este momento virtualmente ha cesado el bombardeo de las partículas que provenían de nuestra estrella.

Por el contrario, han aumentado las que vienen del espacio interestelar lo cual marca lo que debería ser el límite.

¿Y cuándo ocurrirá ese momento histórico en que por primera vez un objeto construido por el hombre abandone el espacio interestelar?

No se sabe. Puede ser este año o después. Según, Ed Stone, científico de la NASA, no es posible establecerlo con precisión porque se desconocen las dimensiones de la zona en que se encuentra.

Así es. Cuesta imaginar la inmensidad del universo si se toma en cuenta que esto ocurre en un pequeño punto de nuestro Sistema Solar y que el Universo que surgió del Big Bang hace unos 14.500 millones de años está todavía en plena expansión.

Yo no puedo hacerlo. Mejor dedico mis fantasías científicas a los viajes más modestos a Marte, Venus o Júpiter, en nuestro rinconcito de la Vía Láctea.
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