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La mano humana moderna apareció hace 1,4 millones de años

El proceso estiloide permite a los dedos anclarse a los huesos de la muñeca, lo que da a los humanos la capacidad de aplicar más presión a la mano. Esto permite fabricar y utilizar herramientas. University of Missouri.


 

Un hueso metacarpiano de ‘Homo erectus’ hallado en Kenia demuestra que las extremidades de esta especie ya le permitían agarrar y manipular los objetos como los neandertales y los sapiens

Entre los muchos rasgos que se suponen importantes en el éxito evolutivo de los humanos, la capacidad de fabricar y manipular herramientas se considera uno de los fundamentales. Este avance no solo requirió un desarrollo intelectual para comprender que cazar un animal con armas era más conveniente que hacerlo a pedradas; también era necesario adquirir la habilidad y la fuerza que permitieran trabajar la piedra, y esto depende en gran medida de la anatomía de la mano. Hasta ahora se pensaba que la configuración de la mano humana moderna apareció hace menos de un millón de años. Sin embargo, el nuevo hallazgo de un hueso metacarpiano de Homo erectus le da medio millón de años más de historia a un rasgo anatómico sofisticado que nos permite agarrar los objetos con precisión y firmeza.

El hallazgo se ha producido en el yacimiento de Kaitio al oeste del lago Turkana, en el norte de Kenia. En esta zona de África, a menudo llamada la cuna de la humanidad, se han desenterrado algunos de los fósiles que han permitido conocer la evolución del linaje humano, lo que mantiene allí un nutrido contingente de investigadores removiendo el suelo en busca de nuevos fósiles. En esta región se han encontrado también las muestras más antiguas de la industria achelense, como se conoce a la fabricación de herramientas líticas bifaces. Esta tecnología del Paleolítico Inferior, que perduró hasta hace 100.000 años, se encuentra típicamente asociada a restos de Homo erectus. Cerca del lago Turkana y en enclaves próximos en Etiopía se han hallado hachas de mano de hasta 1,75 millones de años de antigüedad.

En 2011, un equipo de científicos estadounidenses dirigidos por el paleoantropólogo Frederick Kyalo Manthi, de los Museos Nacionales de Kenia, descubrió un hueso de la mano derecha de un hominino que vivió hace 1,42 millones de años, según la datación del estrato en el que se encontró. Por el tamaño de la pieza, los científicos calculan que su propietario era un individuo alto, de aproximadamente 1,67 metros de estatura. Aunque no se ha podido precisar a qué especie pertenece el hueso, en la Kenia de aquella época “la única especie de Homo identificada hasta la fecha es Homo erectus senso lato [en sentido amplio]”, escriben los investigadores en su estudio, publicado esta semana en la revista PNAS. Los autores detallan que solo otro hominino, que se sepa, habitaba el este de África por entonces, el Australopithecus (Paranthropus) boisei. Sin embargo, según los científicos, se trataba de una especie demasiado primitiva para haber adquirido la enorme innovación anatómica presente en el hueso.

“Este hueso es el tercer metacarpo de la mano, que conecta con el dedo corazón”, apunta la autora principal del estudio, Carol Ward, profesora de patología y ciencias anatómicas de la Universidad de Missouri-Columbia (EE. UU.). “Lo que hace a este hueso tan distinto es la presencia de un proceso estiloide, o proyección del hueso, en el extremo que conecta con la muñeca”, prosigue Ward. “Hasta ahora, este proceso estiloide solo se ha encontrado en nosotros, los neandertales y otros humanos arcaicos”, como los Homo heidelbergensis de medio millón de años de edad hallados en Atapuerca, entre otros lugares, y que probablemente fueron ancestros de los neandertales.

 


El proceso estiloide es una protuberancia del hueso metacarpiano en el extremo que conecta con la muñeca. La imagen muestra la comparación entre los huesos de un simio y un australopiteco, que no presentan este rasgo, con los de un humano actual y el hallado en Kaitio (Kenia). University of Missouri.


El proceso estiloide, un rasgo de apariencia nimia que no está presente en los simios ni en otros primates no humanos, tiene una enorme importancia funcional. La pequeña protuberancia ósea permite al metacarpo anclarse a los huesos de la muñeca para aplicar más presión al agarrar los objetos entre el pulgar y los otros cuatro dedos. Según Ward, la carencia de esta característica en los homininos más primitivos suponía un obstáculo para la fabricación de herramientas y probablemente les hacía padecer una artritis temprana. “El proceso estiloide refleja un aumento de destreza que permitió a las especies humanas tempranas agarrar y manipular los objetos con precisión y fuerza. Esto es algo que sus predecesores no podían hacer igual de bien debido a la ausencia de este proceso estiloide y su anatomía asociada”, señala la investigadora.

El hecho de que esta proyección ósea ya estuviera presente en aquellos Homo erectus que vivían junto al lago Turkana implica que la mano humana tal como la entendemos es 600.000 años más vieja de lo que se suponía. En su estudio, los investigadores escriben: “En todos los sentidos, este hueso se asemeja al de un humano moderno en sus proporciones y morfología general”. Hasta ahora, la escasez de fósiles de la mano de entre 800.000 y 1,8 millones de años de antigüedad impedía apreciar cuándo pudo aparecer este rasgo evolutivo. “Con este descubrimiento, estamos cerrando la brecha en la historia evolutiva de la mano humana”, destaca Ward. En el estudio, la científica y sus colaboradores relacionan la aparición de esta configuración moderna de la mano con “el aumento en la sofisticación de las herramientas achelenses observado después de 1,2 millones de años atrás”.

Sin embargo, los investigadores no pueden asegurar que Homo erectus fuera la primera especie que adquirió tal característica. “Puede que esta no sea la primera aparición de la mano humana moderna, pero creemos que está próxima al origen, ya que no vemos esta anatomía en ningún fósil humano más allá de los 1,8 millones de años de edad. Nuestras manos especializadas y diestras han estado con nosotros durante la mayor parte de la historia evolutiva de nuestro género Homo. Son, y han sido durante casi un millón y medio de años, fundamentales para nuestra supervivencia”, concluye Ward.
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