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La otra cara del arte: Dalí goza de buena salud

La otra cara del arte: Dalí goza de buena salud

Las investigadoras Gema Campo y Marta Oriola analizan el reverso de un cuadro de Dalí con un espectrómetro de infrarrojos.


 

Una técnica no invasiva desarrollada por investigadores españoles ha permitido conocer el estado de conservación de varios lienzos del genio del surrealismo analizando el reverso de las telas

La innovación científica exige mirar las cosas desde un ángulo diferente. Este parece haber sido el lema que un equipo multidisciplinar de científicos y conservadores-restauradores de varias instituciones europeas, dirigidos por investigadores de la Universidad de Barcelona, ha aplicado en el desarrollo de una nueva técnica destinada a evaluar el estado de conservación de los lienzos de obras de arte. Mientras que otros análisis científicos de valiosas pinturas han puesto bajo la lupa las pinceladas de los artistas, los creadores de este nuevo procedimiento decidieron dar la vuelta a los cuadros y estudiarlos por la cara que los demás suelen ignorar.

“Mirar el reverso de un cuadro no es tan surrealista como parece”, afirma el supervisor del proyecto, Matija Strlic, del Centro para el Patrimonio Sostenible del University College London (Reino Unido). El comentario de Strlic es un guiño al estilo del artista cuyas obras han sido objeto del estudio. Gracias a la colaboración de la Fundación Gala-Salvador Dalí de Figueres, se han analizado 12 lienzos del genio universal del surrealismo. La responsable del Departamento de Conservación y Restauración de esta institución, Irene Civil, explica el propósito del proyecto: “Mientras que los problemas de la pintura pueden detectarse visualmente desde la parte frontal del cuadro, hasta ahora no existía ningún método que permitiera evaluar la fragilidad de la tela sin tomar una muestra, algo evidentemente inaceptable”.

 


Retrato de Laurence Olivier en el papel de Ricardo III (1955). El reverso del cuadro muestra los puntos sensibles detectados por la técnica de infrarrojos. © Salvador Dalí, Fundación Gala-Salvador Dalí, VEGAP, 2013.


Los investigadores han empleado la misma técnica que ya se aplica para medir los niveles de glucosa en los pacientes de forma no invasiva: luz infrarroja por fibra óptica. En su aplicación médica, esta luz atraviesa la epidermis y ofrece una estimación de la concentración de glucosa en el líquido que rodea las células de la piel. En su aplicación al arte, el haz infrarrojo incide en la trama de la tela y su reflejo en un espectrómetro revela si las fibras han sufrido degradación mecánica o deterioros debidos a la acidez y las agresiones ambientales. Según el estudio publicado por los investigadores en la revista Analytical Methods, la técnica “determina el pH [acidez] y el grado de polimerización de la celulosa [degradación] en fibras de lienzos de los siglos XIX y XX, e identifica el tipo de fibra: algodón, lino, cáñamo, ramio o yute”. El diagnóstico permite valorar si el lienzo corre riesgo de quebrarse, lo que servirá para decidir, por ejemplo, si una obra está en condiciones de trasladarse para una exposición temporal.

 


Autorretrato desplegándose en tres, una obra de Dalí pintada en 1926, ha sido una de las pinturas analizadas. Su lienzo de algodón es sensible a la degradación por la agresión ambiental y la acidez. © Salvador Dalí, Fundación Gala-Salvador Dalí, VEGAP, 2013.


Las 12 pinturas de Dalí analizadas cubren distintas épocas del artista entre 1924 y 1968. Entre ellas se encuentran Maniquí de Barcelona (1926), Autorretrato desplegándose en tres (1926), La imagen desaparece (1938), Desmaterialización de la nariz de Nerón (1947) y Retrato de Laurence Olivier en el papel de Ricardo III (1955). Todas ellas han demostrado gozar aún de buena salud para ser disfrutadas, aunque el Autorretrato desplegándose en tres roza el límite considerado seguro para viajar, ya que las obras más tempranas de Dalí fueron pintadas en lienzos de algodón de baja calidad.

Los resultados forman parte de la tesis doctoral de Marta Oriola, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. Oriola, que encabeza el estudio, destaca que “este método por fin proporciona a los conservadores-restauradores la posibilidad de evaluar la fragilidad de la tela de manera no invasiva, lo que hasta ahora era imposible”. La investigadora añade que la técnica “permite determinar muy rápidamente el tipo de fibra del tejido, una información a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo los tratamientos de conservación-restauración más adecuados”.

 


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