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La Real Cárcel de Forzados de Almadén… y más

“Pasé por registro del cirujano como se acostumbra al llegar al presidio. Descríbeme como individuo de color blanco, barbilampiño, cara redonda, ojos pardos y nariz larga con herida afistolada, sin poder valerme de mis miembros. El cirujano, por apiadarse de mi estado o por librarse de mi carga, dijome que en casos de imposibilidad del recobro de la salud en los que la Real Hacienda solo costea alimentos y cuidados sin rendimiento alguno, puede conceder la libertad, elevando suplica al señor Superintendente de las Minas.

Por indicación del doctor Parés libero trabajos corpóreos en las minas y fábricas y propone al alcaide preste mis servicios como escribiente del Interventor de la Carcel, sino que harán de mi…

Conozco la capilla-parroquia, triste edificio construido dentro del infernal presidio, tiene muchas ventanas con barrotes de hierro iguales en todas, con puertas fuertes. Hay pila de bautismo para militares, dependientes y enfermos del hospital y presos. Tiene sacristía y desde ella comunicación a la casa del sacristán, con subida a la torre para toque de las campanas.

Conozco mis compañeros de mazmorra, Thomas Albarez y Felipe Fernández, comparto penas y celda con ellos. No laboran la mina tampoco. Se encuentran ambos heridos, Thomas de la Tos seca. Para curarse debe lo primero desertar los interiores trabajos de las Minas, de los Hornos de fundición, y cuantos se practiquen en sitios, que se conceptúen impregnados de hálitos Minerales; pues todo lo demás es hacer infructuosa toda la obra de su curación. Felipe sufre heridas por la polvora. Formados los barrenos para arrancar la piedra mineral, cargado y atacado, y pegado con la maior vigilancia, se dispara muchas veces intempestivamente antes de poderse retirar el Minero a puesto seguro quando los peñones en que revienta el Astial, y la misma polvora encendida dejan manco a uno, entuertan a otro, a otro le quemaron ojos y cara, y a infinitos dejaron cadáveres en el mismo sitio.

Comentanme que es el alcaide el dueño del lugar y no se haze en el nada que sea contra su volumptad solo se somete al superintendente aunque teme al interventor. Anda siempre con su sotalcaide que custodia llaves y puertas. Aunque los mas temidos llamaranse sobrestantes, custodios de los forzados en sus faenas en las Minas y las Fábricas”

 

La verdad es que resulta lamentable la pérdida del imponente edificio de la Real Cárcel de Forzados de Almadén, destruido en 1969 sin saberse el motivo ni el culpable. Hoy estamos convencidos del gran valor arquitectónico e histórico del recinto, pero quizás en el Almadén de entonces todavía quedaba el desprecio y rencor hacia aquel edificio que, el tiempo y su uso final como almacén de cereales, convirtieron en nido de ratas. Menos mal que nos quedan varias de las celdas bajo la actual Escuela de Ingeniería de Almadén, su visita es impresionante sin duda.

 
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