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Las bondades del retiro

Cuando me retiré y dejé de ser periodista hace casi tres años me propuse no dejarme estar: trabajar en lo que sea, leer, escribir, jugar tenis, ajedrez, viajar, conocer gente. La idea fue no perderme en el ocio y el hastío; prolongar la vida activa lo más posible.

Esas intenciones sufrieron un traspiéscuando los médicos descubrieron hace un año que mi corazón estaba a punto del colapso. Después de que me abrieron el pecho para aplicarme cinco desvíos coronarios (bypasses), el cardiocirujano me dijo complacido que me había dado 30 años más de vida. Como tengo 70, seguro que llegaré a los 100. No está nada de mal.

EFE/Ángel Sahún

Las condiciones para que eso ocurra son las mismas que yo me había propuesto. Ser una persona dinámica, ejercitarme tanto física como mentalmente, todos los días. Las he ido cumpliendo una a una, sin excepción y me siento muy contento.
Y más feliz estoy al conocer los detalles de una investigación que reveló que la gente que sigue trabajando y haciendo muchas cosas, aun después de retirarse, corre menos riesgo de desarrollar el temible mal de Alzheimer u otros tipos de demencia.

Según los científicos que realizaron este estudio, considerado el mayor hasta ahora, la conclusión es lógica pues cuando una persona se mantiene físicamente activa, vinculada socialmente y con una mente en permanente desafío, presenta un frente casi inexpugnable ante la declinación intelectual.

En otras palabras, por cada año más de actividad permanente, el riesgo de la demencia se reduce en un 3,2 por ciento, según los científicos que presentaron estos resultados en una conferencia organizada por la Asociación Internacional contra el Alzheimer en Boston (EEUU).

Como se sabe, el Alzheimer es una enfermedad neurológica, progresiva e incurable cuyas causas se desconocen y se calcula que en el mundo hay unos 35 millones de personas que la padecen y que mueren en el estado de demencia que es su etapa final.

Los investigadores utilizaron las fichas médicas de casi medio millón de personas de una edad media de 74 años que se habían retirado hacía más de una década.

Casi el tres por ciento de ellos había desarrollado una forma de demencia pero se descubrió que el riesgo era menos con cada año de retraso en la jubilación. Dicho de otra forma, el que se había retirado a los 65 años tenía un 15 por ciento menos de posibilidades de desarrollar demencia que aquel que lo había hecho a los 60.

Para eliminar la posibilidad de que fuese la declinación mental lo que había empujado a esas personas a anticipar su jubilación, los científicos realizaron un análisis que eliminó a quienes hubiesen desarrollado demencia a los cinco años del retiro y también a los diez años.

La tendencia fue siempre la misma lo que sugiere que la actividad o el trabajo tuvo un efecto sobre la actividad intelectual permanente y no al revés, dijo Carole Dufouil, científico de un organismo de investigación sanitaria de Francia que llevó a cabo el estudio.

La prueba de todo esto está representada por un amigo de 75 años cuya esposa de 78 que es agente inmobiliario sigue trabajando mientras él juega tenis y calma la sed con una fría cerveza en estos días del verano.

Además de jugar ajedrez yo también me mantengo mentalmente activo calculando cuanto más voy a vivir, según los resultados de este estudio,…..además de los 30 años que me dio el cardiocirujano.
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