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Las cenizas de los supervolcanes pueden volver a convertirse en lava a km. de distancia del lugar de su erupción


 

El ‘calentamiento viscoso’ puede recalentar las cenizas volcánicas entre 200 y 400 grados fahrenheit hasta convertirlas de nuevo en flujo de lava

Los supervolcanes, como el que se encuentra en estado durmiente bajo el parque nacional de Yellowstone, tienen la capacidad de producir erupciones miles de veces más poderosas que las de los volcanes normales. Aunque sólo se producen cada varios miles de años, esas erupciones tienen el potencial para matar millones de personas debido a la masiva cantidad de calor y cenizas que expulsan a la atmósfera. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Missouri ha mostrado que las cenizas que producen los supervolcanes pueden estar tan calientes que tengan la capacidad de volver a convertirse en lava una vez que tocan la superficie terrestre, decenas de millas más lejos del lugar donde sucedió la erupción original.

En cualquier erupción volcánica típica, la lava fluye directamente desde el lugar de la erupción hasta que se enfría lo suficiente como para endurecerse en un lugar determinado. Sin embargo, los investigadores han encontrado evidencias de una antiguo flujo de lava a decenas de millas de donde se produjo la erupción, cerca de Yellowstone y hace unos 8 millones de años. Como paso previo a la investigación que ahora se ha hecho pública, Graham Andrews, profesor asistente en la California State University Bakersfield, encontró que este flujo de lava estaba hecho de cenizas expulsadas durante la erupción.

Siguiendo su descubrimiento, Alan Whittington, profesor asociado del departamento de Ciencias Geológicas del College of Arts and Science de la Universidad de Missouri, junto a los estudiantes de doctorado de ese mismo departamento Genevieve Robert and Jiang Ye, determinó cómo había sido posible este proceso. Su estudio ha sido publicado en Geology y los fondos necesarios para llevarlo a cabo proceden de un premio de la National Science Foundation que fue obtenido por Whittington.

“Durante la erupción de un supervolcán, el flujo piroclástico, que son nubes gigantescas de cenizas y rocas muy calientes, viaja lejos del volcán a una velocidad de varios cientos de millas por hora –explica Robert-. Llegamos a la determinación de que las cenizas debían de haber estado excepcionalmente calientes para que pudieran convertirse en lava y fluir antes de que se produjera su enfriamiento final”.


La evidencia del flujo de lava solidificado en forma de rocas fue encontrada en Idaho, varias millas más lejos del lugar donde tuvo lugar la erupción del volcán de Yellowstone hace ocho millones de años. Imagen cortesía de Graham Andrews, profesor asistente de la California State University Bakersfield.


Entendiendo que las cenizas deberían de haberse enfriado mucho en el aire y que eso dificulta su transformación en lava en el momento de su aterrizaje, los investigadores creen que el fenómeno es posible gracias a un proceso conocido como ‘calentamiento viscoso’. La viscosidad es el grado en el que un líquido permanece fluido. Cuanto mayor es la viscosidad, menos puede fluir la sustancia. Por ejemplo, el agua tiene una viscosidad muy baja y fluye con mucha facilidad, mientras que la melaza tiene una mayor viscosidad y, por tanto, fluye mucho más despacio. Whittington asemeja el proceso del ‘calentamiento viscoso’ al de remover una olla de melaza.

“Es muy duro remover una olla de melaza y tienes que emplear un montón de energía y fuerza para poder mover la cuchara dentro del recipiente –detalla Whittington-. En cualquier caso, una vez que consigues tener el contenido de la olla en movimiento, la energía que empleas para mover la cuchara se transfiere a la melaza, que de hecho se calienta un poco. Esto es el ‘calentamiento viscoso’. Por tanto, cuando se piensa en cómo de rápido viaja la ceniza caliente después de la erupción masiva de un supervolcán, hay que entender que una vez que toca la tierra, esa energía se convierte en calor, al igual que la energía de la cuchara calienta la melaza. Este calor extra creado por el ‘calentamiento viscoso’ es suficiente para causar que las cenizas se unan y, de hecho, comiencen a fluir como lava”.

La ceniza volcánica de esta erupción tiene que estar, al menos, a 1.500 grados fahrenheit para convertirse en lava, aunque, puesto que esa ceniza debe perder algo de ese calor en el aire, los investigadores creen que el ‘calentamiento viscoso’ aporta entre 200 y 400 grados fahrenheit adicionales para recalentarla y convertirla en un flujo de lava.

 

 
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