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Las crestas cuarcíticas de la sierra de Chillón

Las crestas cuarcíticas de la sierra de Chillón
Como todos los lunes hoy tenía descanso, me suelo levantar temprano y decidí tomarme el día libre y hacer lo que más me gusta, pasear. Ahora en primavera es la mejor época, todo está cubierto de un verde manto y la temperatura es ideal. Empecé la jornada desayunando en la churrería Rivera. Los churros de Almadén son muy buenos, me tomé un café y un par de ellos. Salí en dirección a la avenida del norte y la seguí hasta abandonar el pueblo. Dejé a mano derecha lo que queda de los socavones o accesos a planta primera desde la superficie, el primero el de la Fuente Vieja, que casi no se distingue, luego el socavón de la Contramina, su entrada se ve muy bien, el siguiente es el socavón de la Huerta del Rey, que conserva todavía el edificio que daría servicio a la mina, aunque últimamente se ha deteriorado mucho. Esta es una de las entradas a la mina Fúcar que se abandonaron tras el incendio del 1755 y que se perdieron para siempre. El director dice que este acceso a la mina lo vamos a recuperar para llegar al pozo San Aquilino y entrar en esas galerías tras más de 250 años, pero no me lo creo. Andando por el camino que queda entre las escombreras y los socavones se puede ver perfectamente la muralla de mampostería que cerraba la instalación, todavía se conserva bien en alguna zona.

Seguí andando por el pie de las escombreras y la verdad es que la rehabilitación que se hizo quedó muy bien, aquello era una montaña enorme de polvo y piedras sin vida y ahora resulta agradable. No sé si hacía falta hacer tanta obra, estuvieron trabajando casi tres años y ahora dicen que ya no contamina. Yo pienso que antes tampoco, llevaba allí cientos de años y de pasar algo ya habría pasado digo yo. Pero lo dicho, así está mucho mejor, está aterrazada, impermeabilizada y cubierta de vegetación. Así seguí andando hasta un cruce de caminos que aquí llamamos la Venta, e inicié mi subida al monte de la Virgen del Castillo.

Hay dos subidas, una es un estrecho camino asfaltado que pasa entre paredes de piedra, matorrales de jara, retamas, cantuesos y chaparros, la otra es la mejor, una senda estrecha y empinada que sólo se puede hacer a pie. La vegetación es muy espesa y desde todo el camino se tienen panorámicas casi aéreas de la zona antigua de Almadén y de la mina. La vista hacia arriba no es menos imponente, con las crestas cuarcíticas de la sierra de Chillón, que se encuentra protegida por las numerosas aves que se refugian en ellas. Subí hasta los 730 metros de altitud donde está la plaza fuerte de lo que fue un castillo árabe, dicen del siglo IX. En su interior se guarda una ermita construida en el siglo XVII, tiene una imagen de la virgen que los de Chillón dicen la Virgen del Castillo o del Moratón. La tradición cuenta que esta imagen se apareció en una cueva y un pastor la confundió con una oveja, le tiró una piedra para que se asustara y volviera al rebaño. Dicen que la imagen tiene un moratón donde le golpeó la piedra que incluso le cambia de color. Yo la verdad no lo he podido ver.

La muralla guarda, junto a la ermita, la casa de los guardeses, un salón de celebraciones, una torre campanario y un aljibe.

La situación de este emplazamiento es estratégica ya que desde allí se vigilaban los caminos que desde Castilla se dirigían a Andalucía y a su vez permitía comunicarse con varios castillos como el de Miramontes en Santa Eufemia (Córdoba), el de Capilla (Badajoz) y el de Alcocer en Puebla de Alcocer (Badajoz). Desde aquí se pueden divisar tres comunidades autonómicas. Si miramos al sur vemos Andalucía (Córdoba), al oeste vemos Extremadura (Badajoz) con la cola de agua del embalse de la Serena. Hay todavía otra sorpresa, bajando por el lado opuesto a la entrada a la muralla se llega por un sendero estrecho a una pared con pinturas rupestres. No se ve muy bien pues colocaron una valla para evitar actos vandálicos y no te puedes acercar, una pena.

Dicen que están pintadas con bermellón, cinabrio puro, seguramente por los primeros mineros de Almadén.

 

 

*NOTA: El texto recrea la grafía del diario de Josef Ramón de Osta (personaje real que vivió en el siglo XVIII), antiguo forzado en las minas de Almadén, condenado por desertor.

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