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Las diferentes imágenes de nuestra edad

Hace 40 años y un vuelo de una línea aérea belga entre Santiago de Chile y Buenos Aires. Clase turista y cena rutinaria: pan francés, ensalada, roast beef con patatas, pastel suizo y vino español. Cuchillos y tenedores de metal y vasos de cristal. Una azafata esbelta, rubia y de ojos azules repartió un regalito de la empresa a los pasajeros y en uno de los cuatro idiomas que dominaba nos deseó una feliz estancia en Argentina. Costo del pasaje: 135 dólares.

Presentación en 1972 de los nuevos uniformes de Iberia. EFE


Un pasaje sobre una distancia similar cuesta ahora alrededor de 600 dólares. Frente al mostrador de la línea aérea uno probablemente deba atenderse en un ordenador provisto para ahorrar costes de personal. El pasajero solo tiene derecho a facturar una sola maleta. Si quiere un asiento preferido aunque sea en clase turista debe pagar más. De cena, nada. Tal vez un jugo de fruta o una gaseosa servida en un vaso de plástico. El avión de apretujados pasajeros cuenta con pantallas para ver películas pero no entregan auriculares y las azafatas desaparecen temerosas de que alguien les pida azúcar para un té a medio calentar.

Por suerte la igualdad laboral llegó también a las auxiliares de vuelo que ahora no son víctimas de discriminación por edad, raza o apariencia. Pero hay que admitir que en esos tiempos el mayor peligro que podíamos correr los pasajeros varones era caer flechado por sus encantos.
Me pregunto si los jóvenes de hoy saben que las cosas, en el mundo de la aviación comercial y en otras esferas, eran realmente mejores. Al menos sé que su percepción de lo que es ahora esa industria, y de muchas otras cosas, es diferente a la nuestra.

¿Qué tiene que ver eso con la ciencia? Sinceramente muy poco. En realidad, casi nada. De vez en cuando no está mal hablar de cosas más mundanas, alejarnos del misterio de los exoplanetas, la cibernética, la investigación, la antropología, el espacio y la cosmonavegación. La ciencia pura y dura, como dice una amiga.

Por supuesto, algún científico de la economía o un sociólogo seguramente nos dirán que la enorme diferencia se debe a los altos y crecientes precios de los combustibles, a la competencia desenfrenada entre las empresas aeronáuticas, los mayores costes en seguridad para impedir atentados, a la crisis actual que nos embarga.

¿Crisis actual? Nunca supe que las líneas aéreas bajaran las tarifas cuando no existían algunos de esos problemas críticos.

Esto en realidad viene a cuento al pensar en la diferente percepción que tenemos quienes estamos en las últimas etapas de la vida y los niños que entran en el mundo de la informáticay que nos asombran con la destreza con que aprietan botones en su teléfono.

Un grupo de niños utiliza sus tabletas en un colegio
EFE/CATRINUS VAN DER VEEN

Sí. Ese teléfono que sirve para escuchar música, para jugar juegos de todo tipo, para sacar fotografías, filmar vídeos, consultar el tiempo que hace en Madagascar, leer diarios y libros, ver películas, hacer compras y ocasionalmente hablar con algún amigo o un miembro de la familia en caso de emergencia.

Ese pequeño teléfono con imágenes en colores de alta definición, fino y portátil. No ese monstruo negro atado a una línea, pesado y con un disco que había que girar para marcar el número deseado; aquel objeto anticuado usado solo para conversar y que precisaba de una operadora para una conexión que una vez conseguida suponía una deuda que había que saldar a fines de mes.

Una percepción diferente entre niños y personas mayores. Como la de aquel pequeño asombrado ante las imágenes de la película Nebraska, estrenada recientemente. Preguntó que técnica se había usado para borrar los colores reales y que las imágenes se vieran solo en blanco y negro. Aunque ya lo suponía, fue necesario explicarle que así fueron las primeras películas.

Los ejemplos son muchos y cada persona tendrá uno con significado especial, como el de aquellas plumas que usábamos para escribir y que precisaban de un tintero, o los discos de música que fueron de 78 revoluciones por minuto, después de 45 rpm, luego de 33 rpm y posteriormente sustituidos por los magazines, los casettes y los CD que también están pasando de moda.

En mis años de estudiante en Santiago de Chile tenía que cruzar toda la ciudad para llegar a la Biblioteca Nacional donde debía completar una investigación que se me había asignado y que revestía especial importancia para mi desarrollo.

Hoy basta presionar un botón para abrir el espacio de google, esa palabra mágica que se ha universalizado y ha abierto las puertas del conocimiento a todo aquel que tenga un ordenador a mano. Allí está toda la información que necesita un estudiante. No tiene que ni siquiera salir a la puerta de calle.

Los de edad avanzada tenemos una percepción nostálgica de lo que fue el mundo de los viajes aéreos hace 40 años y de que los cambios han sido innumerables y vertiginosos. Pero no es cierto que, como dicen muchos, “todo tiempo pasado fue mejor”.

Lo que viene es mucho más….
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