Inicio / Entrada de Blog / Los lectores del siglo XIV ya estaban acostumbrados a explorar de forma habitual muchos textos distintos

Los lectores del siglo XIV ya estaban acostumbrados a explorar de forma habitual muchos textos distintos

Los lectores del siglo XIV ya estaban acostumbrados a explorar de forma habitual muchos textos distintos
Un profesor del MIT demuestra que manejaban volúmenes encuadernados con obras cortas de diferentes autores y temáticas.

Hoy en día cambiamos de un texto a otro de forma constante y muy contemporánea: noticias, blogs, emails, documentos de trabajo, etc. Sin embargo, un nuevo libro de un profesor del MIT de Boston revela que ésta no se trata de una práctica nueva, ya que en el siglo XIV, por ejemplo, mucha gente tenía hábitos eclécticos de lectura y consumía textos muy diversos, de diferentes autores y temáticas, en su vida diaria.

El estudio ha tomado como ejemplo a Andrew Horn, el chambelán de la ciudad de Londres en la década de 1320, teniendo en cuenta que él fue el abogado que de forma esencial representó los intereses de la ciudad en los tribunales en sus causas contra el Rey Eduardo II. Los manuscritos encuadernados en posesión de Horn, legados a la ciudad y conservados hasta hoy, desvelan una rica mezcla de textos cortos: tratados legales, poesía en francés, descripciones de Londres y otros escritos.

Estudiando minuciosamente esos textos tan dispares, contenidos dentro de los volúmenes encuadernados que estuvieron en su posesión, se obtiene la conclusión de que todos ellos formaban parte de las lecturas diarias de una persona bien educada, asegura Arthur Bahr, profesor de literarura en el MIT. En su libro ‘Fragmentos y recopilaciones’, publicado por University of Chicago Press, Bahr asegura que debemos reconstruir cómo los individuos de la Edad Media recopilaba estos volúmenes encuadernados para comprender mejor cómo pensaban y escribían. “Generalmente, los manuscritos medievales sobreviven como fragmentos y, al mismo tiempo, son a menudo recopilaciones de trabajo muy dispares –explica Bahr-. La pregunta interesante a nivel histórico-literario es por qué se puso junta en determinadas recopilaciones una serie concreta de textos”.

Cuando nos damos cuenta de que los ciudadanos leían por este procedimiento, puntualiza Bahr, podemos apreciar que la práctica de editar de forma conjunta una serie de textos muy diferentes podría haber tenido influencia en la composición de las piezas literarias de ese periodo, tales como “Los Cuentos de Canterbury”, de Geoffrey Chaucer, una rica colección de historias encadenadas de finales del siglo XIV.

“La capacidad para apreciar el potencial de la yuxtaposición de textos es la base cultural de la que surgen ‘Los Cuentos de Canterbury’ a finales del XIV –continúa Bahr-. La invitación de Chaucer a los lectores es un tipo de proceso de composición interactivo. Él tiene una idea sobre qué ordenación de los cuentos tiene sentido, porque es quien crea las conexiones entre ellos, pero también está animando al lector a tomar parte en ella. No pensábamos que en textos tan antiguos hubiera un procedimiento tan radicalmente moderno, pero lo cierto es que es exactamente eso lo que hemos encontrado”.

Lectores antes del surgimiento de la imprenta

Para entender por qué los lectores de hace 700 años saltaban tanto de texto en texto, hay que recordar que esto sucedió antes de la invención de la imprenta, que fue introducida en Europa a mediados del siglo XV. Antes de que un único libro pudiera ser producido de forma masiva con más facilidad, los manuscritos eran copiados a mano y encuadernados de forma conjunta. Este proceso condujo a la gente a volúmenes en los que aparecían juntos textos de tipos muy diferentes, en lugar de uno solo encuadernado como un ejemplar completo. En el caso de los manuscritos de Horn, explica Bahr, “el chambelán recogía detalladas recopilaciones de todas las leyes y precedentes legales que dieron a la ciudad su poder y autonomía. Pero, además, incluía poesías y estatutos para una sociedad poética, e incluso un pequeño poema latino que no parece relacionado con nada más. Poder reflexionar sobre la literatura y tener la capacidad de leer tanto textos literarios como prácticos era una habilidad que encontraba importante”.

Pero Horn no sólo colocaba un montón de textos juntos esperando que los lectores saltaran aleatoriamente de unos a otros, según las conclusiones de Bahr, sino que tenía un método concreto para la recopilación de las diferentes piezas. “De hecho, Horn utiliza la construcción de sus libros para crear puzles literarios para sus lectores. Un solo poema no tiene sentido, pero si se lee ese poema en yuxtaposición con el tratado legal que le sigue, ambas piezas toman sentido. Lo que sugiere es una teoría apasionante: la literatura y la ley son una especie de yin y yan, y el lector necesita ambas partes”.

En su libro, Bahr echa una mirada a otros manuscritos del siglo XIV que reúnen textos de varios autores, pero también reinterpreta a Chaucer desde la perspectiva de estas lecturas prácticas. “Chaucer tiene la capacidad de desarrollar el proyecto literario que concibe, en buena parte, porque todas esas personalidades anteriores habían creado una cultura literaria que estaba en armonía con esa yuxtaposición de textos cortos dentro de un único manuscrito literario”, dice.

Bahr toma como ejemplo el Cuento del Molinero, del prologo de la inmortal obra de Chaucer. “Es un cuento muy divertido sobre un molinero, su esposa adultera y el amante de ésta –explica-. Lo que Chaucer dice aquí es: ‘si no te gustan las historias sucias, sólo pasa la página y lee algo más’. Esto podría ser tomado como un chiste, pero se convierte en algo serio, porque realmente se puede pasar la página y estaremos siendo invitados a reflexionar sobre el efecto de las diferentes yuxtaposiciones de textos. Si alteráramos el orden de las diferentes piezas, ¿cómo afectaría eso al texto completo?”. Entre otras consideraciones, Bahr puntualiza que eso conduciría a los lectores a moverse con más libertad dentro de ‘Los Cuentos de Canterbury’ y, de hecho, a crear su propia versión de ellos.

Una cultura políglota

‘Fragmentos y recopilaciones’ ha sido muy bien recibido por otros medievalistas. El profesor de inglés de la Universidad de Harvard James Simpson lo define como “profundamente aleccionador y técnicamente diestro”, mientras que la profesora de la Universidad de California Maura Nolan, asegura que Bahr “ha unido exitosamente el dividido siglo XIV, demostrando que la producción literaria de ese periodo fue un proyecto en curso y continuo”.

Bahr destaca que una de las certezas que se pueden obtener analizando manuscritos medievales es que la cultura políglota ya existía entre la gente formada del siglo XIV. Después de la conquista inglesa de Normandía en 1066, el francés fue adoptado como el idioma de la aristocracia y la alta burguesía, y el Latín se quedó como lengua de la Iglesia y la mayoría del Estado. “Es interesante cómo de multilingües pueden llegar a ser –expone-. Tendemos a pensar en Inglaterra como una nación con un solo idioma, pero si se quería ascender socialmente, se necesita hablar un buen francés. El resultado de esto era un país trilingüe, y eso sin contar el galés y otras lenguas regionales. Puesto que Chaucer escribía en inglés, a menudo se pierde la perspectiva de que cómo, incluso en la Edad Media, la gente todavía estaba muy comprometida con el Latín y el Francés”.

Por tanto, se puede concluir que los lectores medievales exploraban muchos textos, leían historias relacionadas de forma creativa y vivían en un medio diverso, incluso intelectualmente globalizado. Casi como si estuvieran en el mundo contemporáneo.
(Sin votaciones)
Cargando…