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Los oscuros agujeros negros

Los agujeros negros son como el infierno al que estábamos condenados si nos portábamos mal durante nuestra niñez. Durante décadas los científicos nos aseguraron que eran enormes volcanes al revés en el universo; que en vez de arrojar su lava hirviente se tragaban estrellas, planetas y galaxias cercanas, que eran tan voraces que ni siquiera la luz podía escapar de su enorme fuerza gravitacional.

Sin duda eran teorías pues por su propia naturaleza no había forma de observarlos con instrumentos humanos, explicaban esos astrofísicos sin que se cuestionaran sus afirmaciones.

Pues resulta que ahora, como con lo del infierno y ese tenebroso personaje rojo de cachos de cabra y cola de flecha eliminados por orden eclesiástica, los agujeros negros, como se les describió desde el comienzo, no existen. Así de simple: la teoría esgrimida para explicar ciertos misterios del cosmos era en términos sencillos….un error.
Y el que lo dice es nada menos que Stephen Hawking, un científico considerado el padre de la astrofísica, un sabio al que podría considerarse casi tan importante como Albert Einstein.

Hawking, uno de los primeros que propuso la teoría moderna de los agujeros negros, ha descartado al mismo tiempo la existencia de lo que podría denominarse como “horizonte eventual” (u horizonte de sucesos, como le llaman algunos), el cual sería el límite invisible que rodea a todo agujero negro y más allá del cual nada escapa, ni siquiera la luz.

Parece que la teoría de Hawking y de sus seguidores era demasiado revolucionaria y ahora el astrofísico propone más moderadamente que lo que existiría sería lo que califica como “un horizonte aparente” que atrapa la materia y la energía de manera transitoria para después liberarla.
En declaraciones a la revista Nature, el científico reafirma la teoría clásica de que nada puede escapar de la fuerza gravitacional de un agujero negro. Pero, al mismo tiempo, señala que la teoría cuántica sí permite que la materia y la energía puedan liberarse de sus garras.

Más todavía, Hawking propone buscar una explicación del proceso a través de una teoría en la que confluyan la gravedad y otras fuerzas fundamentales de la naturaleza.

En realidad, el nuevo planteamiento de Hawking constituye un esfuerzo por explicar la paradoja del llamado “cortafuego” de los agujeros negros. Este señala que un astronauta podría atravesar sin saberlo un “horizonte eventual” para ser absorbido por lo que se conoce como la “singularidad”, es decir el núcleo del agujero negro.

Pero al analizar la situación teórica, los científicos advirtieron que la mecánica cuántica, que gobierna la interacción de las partículas en pequeña escala, altera la situación totalmente.

Según la teoría cuántica, el horizonte eventual debe ser una región de alta energía que volatilizaría al desdichado astronauta.

Debo admitir que estas teorías y pensamientos científicos están muy por encima de mi pobre nivel intelectual. No tengo argumentos ni conocimientos como para argumentar a favor o en contra ni explicar más detalles por temor a enredarme en una maraña que me parece inescrutable.

Pero llama la atención la valentía de Hawking para admitir que es posible que haya estado equivocado o no haya estado lo suficientemente acertado con sus teorías. Los verdaderos astrofísicos aseguran tener la razón. Dicen que sus ideas son teorías y que si surge una mejor la aceptan sin remilgos.

Eso es lo que deberían hacer todos los científicos y es lo que los diferencia de los charlatanes que andan por el mundo pregonando sobre el diablo, el infierno, la reencarnación, y extraños tripulantes de objetos voladores no identificados (OVNIS) para los cuales siempre aseguran tener “pruebas irrefutables”.

 
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