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Los todopoderosos

Para llamarme la atención por alguna “burrada” que había hecho o porque estaba muy sucio mis padres me decían que era “un cerdo” y que no aprendía la lección porque era “un burro”. Como era un entrometido mis amigos me apodaban “el piojo” y cuando rechazaba la opinión mayoritaria era “un vaca”.

Nada extraño en un país como Chile donde abundan las referencias a los animales y una mujer mala puede ser “una yegua”, hacer el amor es “matar la gallina”, abandonar un local sin pagar la cuenta es “hacer perro muerto” y acobardarse es ser “ratón”.
En resumen, cuando se termina la zoología y se acaban las expresiones ofensivas contra una persona, no hay más que decirle sencillamente que es “un animal”.

Pero ya quisiera uno ser “un animal”y reunir todas las habilidades especiales de que carecemos los seres humanos y que hemos neutralizado con nuestra superior capacidad intelectual y nuestro ingenio. 

Elefantes disfrutan de un baño diario. EFE/M.A.PUSHPA KUMARA


 

Los ejemplos son muchos y uno de los más notables es la capacidad de muchos animales que saben exactamente dónde se encuentran y adónde van, que saben dónde morir, dónde parir y dónde copular, o la de los que no necesitan ojos para desplazarse porque se guían por el eco de sus sonidos o porque les basta con el olfato.

Si uno pudiera reunir esas capacidades animales, tendría mejor vista y seria más fuerte que Superman, andaría saltando por los edificios como el Hombre Araña, arrasaría con cualquier adversario como el Hombre Biónico, o cumpliría mil proezas increíbles como la Mujer Maravilla.

En un artículo publicado por la revista científica Discover, descubrí que muchos animales tienen las capacidades mencionadas y muchas más. Algunas de ellas muy bien podrían servir al hombre que está muy desvalido ante la naturaleza.

Hay que imaginar la piel de un caimán que no es agradable a la vista pero ya quisiera uno tener su extrema sensibilidad que le permite captar las vibraciones que emite una inminente presa; o la del ornitorrinco que es el único mamífero con sensores en el pico para detectar las vibraciones emitidas por su víctima en el agua.

Pero eso del electromagnetismo no es nada nuevo entre los animales y los científicos han descubierto que las hormigas lo utilizan para vaticinar la inminencia de un terremoto y evacuar a tiempo sus nidos.

Eso de las vibraciones tampoco es novedad entre los elefantes que usan la actividad sísmica de sus pesadas patas para comunicar a los miembros de la manada la proximidad de un peligro, para marcar el territorio y hasta para elegir su pareja.
El topo tiene 22 pequeñas protuberancias con un total de casi 100.000 fibras nerviosas (seis veces más que los receptores de la mano de una persona). Al excavar, esos tentáculos avanzan como un virtual barreminas a una velocidad tal que el ojo humano no puede captar.

Los lobos solo necesitan sus aullidos para identificarse; las focas detectan con sus bigotes la huella hidrodinámica de las presas a más de 200 metros; ciertos gorriones captan cuáles son los nutrientes escasos en su dieta; algunos gusanos así como el pez bagro o siluro están cubiertos por papilas gustativas que les permiten apreciar la calidad alimenticia de su futura presa.

Y si de química se trata, la lengua de una serpiente sirve más que para determinar si una presa es comestible o no. Esas lenguas de dos puntas también captan moléculas con las cuales el animal puede establecer con precisión dónde se encuentra la fuente que las emite.

 

Hormigas rodean un círculo de miel. EFE/PANTELIS SAITAS


Las ratas y algunos topos tienen un sentido del olfato “en estéreo” pues sus fosas nasales trabajan independientemente una de otra, en tanto que el 40 por ciento del cerebro de un tiburón está dedicado solo al sentido del olfato. Por eso no es extraño que huelan su presa a 500 metros de distancia y en medio del mar.

Y en esta maravilla del mundo animal hay peces “cuatro ojos” que en realidad son dos pero que están divididos, la parte superior para vigilar la presencia de depredadores sobre la superficie y la otra para avisar si hay alguna amenaza debajo del agua.

Y hay arañas que no tienen cuatro sino ocho ojos que les dan una visión de 360 grados en tanto que algunas especies pueden detectar la radiación ultravioleta y encontrar con más rapidez una posible pareja.

Y si eso fuera poco las abejas obreras tienen anillos en su abdomen que crecen o reducen su tamaño y que les sirven para determinar el rumbo según los cambios magnéticos de la Tierra, mientras que algunos escarabajos poseen sensores infrarrojos para detectar incendios forestales a casi 80 kilómetros de distancia.

Esas son algunas maravillas zoológicas y si a usted le dicen que es “un animal” tenga en cuenta que no es una ofensa. Más bien podría ser un piropo.

 
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