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Luis G. Prado: “El libro electrónico del futuro no será como el que conocemos hoy”

<p>Luis García Prado. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
El libro electrónico del futuro “no será como el que conocemos hoy” sino que “probablemente tendrá el aspecto de un libro físico pero con un papel especial que pueda programarse y recargarse para cambiar unos textos por otros”, pronostica Luis García Prado, uno de los más activos editores españoles de género.

Creador de los sellos Bibliópolis y Alamut y actual propietario de una librería mítica para el fandom, Cyberdark.net, no termina de ver clara la necesidad de editar versiones electrónicas de sus obras favoritas: “de momento, en España no está funcionando más que en algunos géneros muy específicos como el romántico…, y además los lectores que compran no son españoles”, advierte.

A su juicio, este tipo de formato tiene dos problemas principales ya que, por un lado, “no existe un incentivo claro para usarlo, la gente se ha acostumbrado a piratear archivos y leer gratis” y, por otro lado, “el lector electrónico es un juguetito que prometía mucho pero en realidad es muy limitado, un ‘gadget’ que ha estado de moda durante dos o tres años cuando en el fondo es un ‘ordenador tonto’ que sólo sabe hacer una cosa”.

García Prado habla con auténtica pasión de su negocio, la edición, al que se lanzó “sin tener ni idea de lo que estaba haciendo” y aún así ha logrado sobrevivir en el complicado mundo editorial especializado gracias a una combinación de “prudencia, austeridad y trabajo”.

En realidad, tenía claro a lo que quería dedicarse desde su adolescencia, cuando publicó su primer fanzine, ‘Un fantasma recorre Andorra’, en homenaje a la obra del escritor norteamericano Fritz Leiber ‘Un fantasma recorre Texas’.



“Entonces estaban de moda los nombres chocantes para estas publicaciones, pero pronto lo renombré como ‘El fantasma’ y, andando el tiempo, nació ‘Artifex’ donde publiqué en sus distintas épocas cientos de cuentos de autores españoles , recuerda con nostalgia.

Este período le sirvió de “entrenamiento” para dar el salto a la edición profesional hace unos quince años, un momento crítico en el que decidió publicar sólo a escritores extranjeros para “no confundir mi afición con mi negocio: si un extranjero no vendía, simplemente no volvía a publicar nada suyo pero no podía hacer eso con un autor español, sobre todo porque soy amigo de casi todos, y el objetivo desde el primer momento fue la rentabilidad.”

Con la intención de publicar nuevos textos sólo si lograba vender los anteriores, su primera elección fue muy acertada: Los ladrones de cuerpos del norteamericano Jack Finney  y El último deseo del polaco Andrzej Sapkowski.

“Aunque parezca increíble, el libro de Finney, un clásico con varias adaptaciones cinematográficas a sus espaldas, aún no había sido traducido al español”, por lo que tuvo una muy buena acogida en el mercado.

En cuanto a la novela de Sapkowski, en su Polonia natal se le reconocía ya como el autor más popular del género pero fuera de su país era un completo desconocido y “aquí gustó mucho desde el primer momento”.

De hecho, se convirtió en el autor fetiche de García Prado que calcula haber vendido unos 150.000 ejemplares de la obra del polaco, incluyendo por supuesto su popular serie sobre el brujo Geralt de Rivia, cuya adaptación al mundo del videojuego ha obtenido también un éxito espectacular.



“Aún así, para mí su obra maestra es su trilogía fantástica sobre las guerras husitas del siglo XV en el centro de Europa”, de la cual han aparecido ya Narrenturm y Los guerreros de Dios y en la actualidad está siendo traducida Lux Perpetua, la conclusión.

“Y el fenómeno sigue creciendo: sus lectores van en aumento porque sus historias no son sólo entretenidas o mágicas sino que escribe muy bien, con un estilo literario depurado”, argumenta.

Además de estos libros, García Prado calcula que ha publicado unos 240 títulos diferentes, entre los cuales “es difícil decir cuáles me gustan más” aunque cita algunos como En alas de la canción de Thomas M. Disch o Los gigantes de caliza de Keith Roberts.

“Tardé tres años en publicar a un autor español en formato de libro” y el elegido fue Rodolfo Martínez con su Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, un “pastiche que vendió tan bien, que incluso hubo varias continuaciones en universos progresivamente delirantes”.

Quizá para compensar, ha puesto en marcha recientemente una nueva colección de antologías de autores de la llamada “Generación Hispacón” o “Generación de los años 90”, cuando se produjo una “efervescencia creativa que es quizá lo mejor que hemos tenido hasta ahora en la historia de la ciencia ficción española” con una producción “excepcional de relatos en general buenos y en algunos casos extraordinarios”.



Rafael Marín, Ramón Muñoz, Armando Boix y Eduardo Vaquerizo son los primeros cuatro autores que han visto publicada la recopilación de sus principales relatos de aquellos años, acompañado cada uno de un postfacio explicando el contexto en los cuales fueron elaborados, aunque la intención de García Prado es lanzar al mercado en torno a una veintena de escritores.

“Es un proyecto muy bonito que no estará completo hasta que no los publique a todos”, afirma, “de manera que un lector que leyera todos los textos de la colección podría llegar a entender aquel momento tan reivindicable de nuestra pequeña historia” que esconde además un “gran misterio” y es la respuesta a la pregunta de por qué la mayoría de aquellos escritores “no llegó a explotar literariamente” y triunfar de un modo masivo.

Respecto al futuro, el “principal temor” de García Prado es que el sector editorial se reduzca a dos o tres grandes macroempresas y el resto desaparezcan o queden reducidas a la categoría de editoriales amateur, pues la crisis ha reducido la posibilidad del “pelotazo” y hoy “hemos pasado de tener ‘best sellers’ a tener ‘best sellers’ menos diez”.

“Sería una tragedia que en unos años más sólo llegaran a publicar aquéllos que lo hacen por simple afición”, advierte, y por ello las editoriales pequeñas “hemos de hacer lo que no hacen hoy las grandes”  ya que “a nuestra escala, con medios racionales y sin volvernos locos, podemos llegar a conformar el mercado…, si queremos sobrevivir”.



El gran problema que arrastran las editoriales de género en España, diagnostica, es que “durante mucho tiempo nos creímos que había que seguir el modelo de Minotauro, pero eso fue una lección equivocada de cómo funciona el mercado”.

Por eso, hoy subsisten dos tipos de editores de Fantasía y Ciencia Ficción: los “perros” y los “fanáticos”: “a los primeros les cuesta todo, desde arrancar colecciones hasta pagar a sus autores o traductores y a los segundos se les reconoce por su osadía y obsesión de hacerlo todo, sacarlo todo adelante como sea, porque se entusiasman con ello”.

“Lo más importante es la capacidad de reacción, ser capaz de levantarse ante la ausencia de éxito, reinventarse y seguir en el juego”, concluye.

 

 
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