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El día que los marcianos llegaron a la Tierra

<p>Orson Welles. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
El mundo del cine conmemora estos días el primer centenario del nacimiento de uno de sus principales genios, George Orson Welles, pero para los aficionados al género fantástico si por algo hay que recordarle es por narrar en primera persona a través de la radio “la primera invasión alienígena” de la Tierra.

Nacido en la norteamericana localidad de Kenosha, Wisconsin, el 6 de mayo de 1915, Welles recibió una educación orientada hacia la expresión en distintos aspectos del arte y la aprovechó con éxito a través de sus obras radiofónicas, teatrales y cinematográficas, hasta el punto de que en 2002 el British Film Institute, que posee el archivo de cine más grande del mundo, le reconoció como el mejor director en toda la historia del séptimo arte.

Imprevisible, egocéntrico, excesivo, innovador y desbordante son algunos de los adjetivos que recibió a lo largo de su carrera, cuyo éxito según su propia definición radicaba en un concepto más propio del mundo de la radio que de Hollywood pues “conozco la teoría de que la palabra es secundaria en el cine, pero el secreto de mi trabajo es que todo está basado precisamente en la palabra”.

Trabajos como Ciudadano Kane (1941), La dama de Shanghai (1947), Mr. Arkadin (1955) o Sed de mal (1957) son desde hace tiempo materia obligada de estudio para cualquier aspirante a hacerse un sitio en la producción cinematográfica contemporánea, pero quizá ninguna de ellas se hubiera hecho realidad si no hubiera sido por el impacto que tuvo, al comienzo de su carrera, con la dramatización de La guerra de los mundos, la obra de Herbert George Wells.

Wells fue uno de los grandes pioneros de la Ciencia Ficción británica, con textos inolvidables como “La máquina del tiempo”, “La isla del doctor Moreau” o “El hombre invisible”, pero “La guerra de los mundos”, publicada en 1898, es el más famoso de ellos y el que más influencia ha tenido en la cultura popular, entre otras cosas porque se trata de la primera descripción contemporánea, obviando las mitologías de varias culturas, de una invasión extraterrestre.



La inmortalidad de la novela quedó asegurada, de todas formas, tras la espectacular notoriedad que consiguió su adaptación radiofónica, como si una hubiera nacido para ser completada por la otra, y en ese sentido no deja de ser llamativo que el novelista británico y el cineasta norteamericano compartieran nombre (George) y casi apellido (Wells y Welles).

Orson Welles y la compañía que había fundado, Mercury Theatre, recibieron el encargo de adaptar La guerra de los mundos para la programación de la emisora CBS como antes lo habían hecho con otros clásicos literarios del estilo de Drácula o El conde de Montecristo.

Howard Koch, el mismo que firmaría en 1942 el guión de Casablanca, fue el principal responsable de los guiones que después interpretaban los actores encabezados por Welles y para la ocasión optó por narrar los hechos como si fuera una transmisión informativa situando la acción en el estado de Nueva Jersey y en Nueva York.

El 30 de octubre de 1938, comenzó el radioteatro con la advertencia de que se trataba de una obra de ficción, pero el guión estaba tan bien escrito y fue tan impecablemente interpretado, que la inmensa mayoría de los oyentes que se incorporaron más tarde a la emisión creyeron realmente que unas naves procedentes de Marte habían llegado a nuestro planeta y habían comenzado una invasión arrolladora gracias a un “rayo de calor” y gases venenosos.



De nada sirvió un nuevo aviso hacia el minuto 40 de emisión de que se trataba de una obra de ficción, pues el pánico cundió en miles de personas que seguían atemorizadas las explicaciones del profesor Pierson, papel interpretado por el propio Welles.

Durante la hora que duró el programa, las comisarías y los periódicos locales vieron bloqueadas sus centralitas en demanda de información en una época en la que las emisiones televisivas con programación regular todavía no habían comenzado en los EE.UU. e Internet estaba todavía muy lejos de existir.

La alteración del orden que generó este programa forzó a Welles a pedir perdón públicamente por lo que justificó como “una broma de Halloween”, dadas las fechas de la emisión, pero además de servir como aviso a navegantes del inmenso poder de los medios de comunicación para manipular a la opinión pública catapultó su prestigio como creador.

De hecho, el estudio cinematográfico RKO le contrató a los pocos meses para rodar tres películas con libertad absoluta de producción, aunque a la hora de la verdad sólo una vio la luz: su obra maestra, Ciudadano Kane, que escribió, produjo, protagonizó y dirigió…, el resto es historia.

La adaptación radiofónica de La Guerra de los Mundos fortaleció la novela hasta tal punto que hoy se ha convertido en referencia en numerosas obras literarias, cinematográficas, musicales, del comic y hasta de los dibujos animados aunque no existe una adaptación verdaderamente fiel de la obra original de H.G. Wells.



Por ejemplo, John Cristopher escribió The Tripods (una trilogía de la Tierra dominada y los humanos esclavizados por los marcianos y sus gigantescos trípodes de guerra), Manly Wade Wellman y su hijo publicaron Sherlock Homes’War of the Worlds (contando cómo el famoso detective y su inseparable doctor Watson se enfrentaban a la invasión) y Alan Moore incluyó la historia en el segundo volumen de The League of Extraordinary Gentleman (donde los marcianos reciben ayuda de…, ¡el hombre invisible!).

Varias veces se ha intentado repetir el “experimento Welles” en distintos países del mundo pero el elevado consumo de información actual gracias a la proliferación de medios de comunicación a disposición del público ha impedido dotar de la misma veracidad a esta invasión marciana.

Aún así, Ecuador vivió una dramática experiencia cuando una de sus emisoras señeras, Radio Quito, repitió la dramatización adaptándola a la situación local el 12 de febrero de 1949.

Leonardo Páez, el director técnico en aquel momento, preparó minuciosamente la emisión en la que se interrumpió una actuación musical para revelar la existencia de un ovni sobre las islas Galápagos que habría provocado una nube de gas venenoso que se acercaba a la capital ecuatoriana.

Como en 1938, muchos ecuatorianos cayeron en el pánico pero los oyentes descubrieron la verdad hacia los veinte minutos de emisión y promovieron una violenta protesta pública que se concentró alrededor del edificio del diario “El Comercio”, donde estaban las instalaciones de Radio Quito.



La furia popular degeneró en un incendio que, alimentado por los aceites de imprenta y el papel de periódico almacenado, cobró tanta fuerza que las llamas se cobraron la vida de cinco personas además de destrozar las instalaciones con pérdidas millonarias.

Radio Quito estuvo dos años sin emitir, hasta finales de abril de 1951, y a nadie se le ha ocurrido allí volver a adaptar la novela de Wells.

 

 
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