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Matar de hambre a la ciencia

“Matar de hambre a la bestia” es la estrategia, popularizada por el líder conservador americano Ronald Reagan, para reducir el gasto del gobierno en programas sociales (sanidad, educación, lucha contra la pobreza) mediante reducciones de impuestos, que estrangularon la financiación del gobierno federal hasta obligarle a acometer los impopulares recortes.

Esta estrategia redujo eficazmente la protección social de los ciudadanos de EE.UU., pero también multiplicó el déficit público hasta convertirlo en el primer problema de su economía.
La utilización de la crisis económica para destruir el estado de bienestar por los gobiernos conservadores europeos muestra coincidencias claras con ella.

Nuestro gobierno no ha bajado los impuestos (aún), pero está concentrando los recortes en el gasto “social” y, en lugar de introducir reformas para mejorar el funcionamiento de los organismos que lo ejecutan, los está estrangulando económicamente, pavimentando el camino para su reducción o cierre.

El caso del CSIC es paradigmático. En los últimos cuatro años, ha sufrido una brutal reducción de su financiación.
El principal organismo de investigación de España, que emplea a decenas de miles de personas, subsiste hoy con menos de dos tercios de su presupuesto (400 M€ anuales: los 41.000 M€ inyectados en el rescate de la banca española lo financiarían durante un siglo).

Mientras pierde todo su talento joven, mantiene sus elevados gastos estructurales devorando dinero que los investigadores deberían estar usando para ejecutar sus proyectos. Al mismo tiempo, se potencian organismos y centros de “investigación aplicada” en los que la calidad de la investigación tiene una correspondencia muy débil con los elevados niveles de gasto. En lugar de potenciar la excelencia científica, la distribución actual del gasto la penaliza.

El caso de las universidades públicas, responsables de la mayor parte de la producción científica del país, es similar. Después de preparar el camino filtrando datos erróneos sobre el exceso de universidades en nuestro país, el gobierno central y los autonómicos han emprendido una feroz campaña de subida de tasas y reducción de becas.

Se insiste en el exceso de licenciados y la duplicación de carreras, pero se pospone abordar la necesaria estrategia de diversificación y especialización de la oferta basada en un distrito único con apoyo financiero real a la movilidad de los alumnos (como en Holanda) y la introducción de evaluaciones de la calidad docente e investigadora con consecuencias reales para los centros y plantillas (como en el Reino Unido).

Todo ello, mientras se fomenta la multiplicación de universidades privadas que, sin tener que preocuparse por investigar, ofrecen titulaciones a un nivel de “college” americano por precios que las subidas de tasas en la pública han vuelto competitivos.
Mientras el Gobierno mata nuestra I+D de hambre, la deuda pública crece más que nunca y nuestro talento huye, dejando atrás una economía cada vez peor preparada para generar valor añadido y volver a crecer.

Así, aunque el precio sea salir de la crisis más debilitados que nunca, el objetivo de incrementar y asentar la desigualdad se habrá cumplido – y ni siquiera habrá investigadores para documentarlo-.

Luis Santamaría es presidente de la Asociación Españala para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España (AACTE) y científico titular del CSIC.
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