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Mayte Navales: “Escribir implica aprender a sacrificar la vida social”

Mayte Navales: “Escribir implica aprender a sacrificar la vida social”
Para dedicarse a escribir lo primero que “hay que aprender es a decir no a todo: amigos, cenas, ‘hobbies’…, hay que sacrificar la vida social”, ha advertido a Efe Mayte Navales, autora de La última bruja.

Sin vida social


Esta obra fue finalista del Premio Minotauro, “lo que supuso un subidón, porque significa que tu novela ha sido elegida entre las de más de cuatrocientas personas”, pero finalmente fue publicada por la editorial Almuzara ya que Minotauro sólo lanza el texto ganador de su premio.

La última bruja apareció en el mercado el pasado mes de enero y acaba de ver su segunda edición, con expectativas de una tercera, lo que he llevado a Navales a mostrarse “contenta” porque “ves que después de tantos esfuerzos, al final tu esfuerzo tiene una recompensa”.

Y es que la escritora zaragozana ha insistido en desmitificar la imagen “romántica” del autor melancólicamente envuelto en las brumas de su creación literaria: “la realidad es que hay que trabajar para comer y me encuentro con el mismo problema que la mayoría de escritores, famosos o no, que es el poco tiempo disponible para escribir”.



Guionista de una cadena privada de televisión para la cual trabaja desde hace trece años, “me encierro a escribir durante los fines de semana, renunciando a otras actividades que me apetecen” porque “es la única forma de avanzar con los textos”.

Montañas y bosques


Con el recuerdo del reciente Halloween a cuestas, La última bruja explora la relación entre dos brujas cuyas vidas transcurren desde la antigüedad hasta nuestros días: Irati es la mayor, pertenece a “una raza extinta que ya no camina sobre la tierra”, y Greta, de época medieval, es su discípula.

Es una novela “más de Fantasía que de Terror, aunque tiene algunas escenas de mucho miedo, porque me tira mucho el estilo Stephen King.

Cuando la estaba escribiendo “me di cuenta de que necesitaba documentarme, sobre todo sentimentalmente” porque “no había pisado una montaña en mi vida, ni tampoco conocía cómo era un bosque de verdad” así que se dedicó a viajar por zonas montañosas y boscosas como Candanchú y otros puntos de los Pirineos.

El nombre de la bruja Irati está obviamente inspirado en la conocida Selva de Irati, en Navarra.



Urbanita desde siempre, la escritura de La última bruja’ le creó la necesidad de recorrer periódicamente la naturaleza porque “me inspira mucho” y, como dice en su cuenta de Twitter: “Escribo fantasía, terror y ciencia ficción. Y quiero vivir en un bosque.”

Su novela comenzó en todo caso como un cuento, que empezó a desarrollar después del consejo de varios amigos y que “costó dos años convertir en la obra actual, además de otro año de revisiones”.

Proyectos


Navales también estudió filología inglesa y fue actriz de teatro y televisión además de escribir, protagonizar e incluso dirigir cortometrajes, por lo que “creo que no me cuesta mucho escribir diálogos gracias precisamente a mi formación actoral”.

En la actualidad, trabaja en un thriller con “un toque de fantasía, mucho más moderada” que en ‘La última bruja’ y, además, tiene “ganas de escribir Ciencia Ficción”.



Otro de sus proyectos es una antología de cuentos, “pero todo el mundo dice que está mal la cosa y que no se venden los relatos, así que no sé cuándo podré sacarlo adelante”.

King no es su única influencia reconocida, pues se declara “entusiasta” seguidora de Neil Gaiman, Anne Rice y Patrick Rothfuss, entre otros.

También de Alan Moore, con el que le sucedió “una cosa curiosa: en cierta ocasión escribí un relato pero antes de mandarlo a ninguna parte tuve la suerte de leer una historia suya cuyo argumento coincidía con el de la mía”, así que lo guardó en un cajón “para evitar que me acusaran de haberle copiado”. EFE

ppm
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