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Millones de Años en Luxor. Por (*) Myriam Seco Alvarez

Millones de Años en Luxor. Por (*) Myriam Seco Alvarez
Se han cumplido diez años desde el inicio de las investigaciones en el yacimiento que albergaba el Templo de Millones de Años de Tutmosis III en Luxor. En verano de 2008 comenzó el proyecto que significaba mi regreso a la antigua Tebas para dirigir, en aquel momento, a un reducido equipo de arqueólogos y restauradores con el fin de explorar un lugar cargado de historia.

Con los años, aquel pequeño grupo se ha convertido en un numeroso equipo interdisciplinar, compuesto por más de 35 especialistas de diferentes nacionalidades y 150 obreros egipcios.

Gracias a la colaboración de entidades privadas como Fundación Botín, Santander Universidades, Fundación Cajasol, la empresa Cemex y la Fundación Gaselec, la fascinante recuperación del pasado en un lugar tan emblemático está siendo posible.

Se han activado convenios con distintas universidades, como las de Tubinga, Sevilla y Granada, para abrir diversas vías de investigación. Y, sobre todo, estamos aportando al presente un templo y una historia que se encontraban ocultos bajo la arena del desierto.

Los templos de Millones de Años eran complejos arquitectónicos religiosos del Reino Nuevo en los que se rendía culto al faraón y se propiciaba la unión de éste con las principales divinidades para asegurarse la vida eterna. Fueron construidos en la orilla occidental de Tebas, en el límite entre la tierra cultivable y el desierto.

Su orientación, siguiendo el ciclo solar, era de este a oeste. Los muros de cada templo presentaban un programa iconográfico que incluía relieves de acciones militares, ofrendas realizadas por el faraón, procesiones y las principales divinidades, entre las que sobresalía la figura de Amón-Ra.

Durante los primeros años de trabajo realizamos estudios de campo para delimitar la superficie de un templo en pésimo estado de conservación que no había sido tocado desde los años 30 del siglo pasado. En la primera semana se produjo un sorprendente e interesante hallazgo: miles de fragmentos de arenisca y caliza que conservaban vestigios de relieves e inscripciones. En algunos se apreciaba la policromía original, como si estuvieran recién pintados.

Ya en aquellos primeros días pudimos contemplar fragmentos de mesas de ofrendas, listas de ofrendas, oferentes, imágenes del dios Amón o del faraón presentados con una estética de extraordinaria belleza.

Este templo tenía las siguientes características: tres terrazas, con un monumental muro perimetral de adobe que con los años hemos ido desenterrando; un pilono de entrada también de adobe; dos patios y la terraza alta coronada por un pórtico de diez pilares que debieron estar decorados con las imágenes del faraón; un patio abierto rodeado de columnas o peristilo, y una sala hipóstila con diversas habitaciones.

Al fondo, el santuario compuesto por varias capillas, con la central dedicada al dios Amón-Ra, que albergaba la barca de la divinidad, elemento principal de las celebraciones procesionales en las fiestas tebanas.

Al exterior del muro perimetral se encontraban las terreras, donde arqueólogos de finales del siglo XIX y comienzos del XX amontonaron los escombros de sus excavaciones. A primera vista, aquel lugar no parecía que pudiera aportar información y que ha resultado ser de excepcional interés. Son las sorpresas que da la arqueología y lo que la hace tan apasionante. Con los años hemos ido vaciando estas terreras y bajo ellas hemos hallado el basurero del templo, un espacio que nos está aportando muchos datos sobre la vida cotidiana de sus moradores.

El yacimiento contiene también numerosas tumbas situadas en el interior y en el exterior de los muros. Las hay anteriores y posteriores a la propia dinámica del templo.

Este conjunto arquitectónico funerario va desde una necrópolis de gente humilde de finales de la dinastía XI, pasando por tumbas de gente de un estatus social más elevado de finales de la dinastía XII y principios de la XIII, una tumba de un funcionario de la casa real llamado Amonrenef de la dinastía XXII, hasta diversas tumbas de Epoca Tardía. El arco cronológico, que abarca más de 1500 años, demuestra la dimensión del yacimiento.

Investigar este templo de Tutmosis III supone profundizar en la vida de uno de los reyes más importantes de la historia de Egipto. Aquel faraón utilizó hábilmente diplomacia y guerra para convertir a Egipto en una de las grandes potencias del Próximo Oriente asiático. Su imperio se extendió desde Siria central hasta la cuarta catarata del Nilo, en Sudán.

En pocos años, los viajeros que vayan a Luxor podrán apreciar y conocer cómo fue el templo de Millones de Años de aquel magnífico monarca.

Ser arqueóloga en pleno siglo XXI es todavía muy ilusionante. Lo que más me apasiona es encontrar algo que aporte nuevos conocimientos sobre el pasado. Es increíble cómo podemos aprender de la tecnología de una civilización que fue muy avanzada en algunos aspectos. Ejemplos paradigmáticos son sus técnicas para mover piedras o desplazar objetos pesados.

El yacimiento del templo de Millones de Años de Tutmosis III sigue aportando interesantes materiales año a año, los cuales permitirán conocer nuevos aspectos históricos, arquitectónicos y religiosos sobre una de las grandes civilizaciones del mundo.

(*) Myriam Seco Alvarez, directora del proyecto de excavación y restauración del templo de Millones de Años en Luxor

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.
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