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Órganos de segunda mano

A mediados del siglo pasado hablar de vuelos espaciales o de trasplante de órganos era una cuestión de “ciencia ficción” y quien anunciaba “fantasías” de ese tipo era un charlatán o un visionario al que posiblemente le faltaba un tornillo

Pero el 25 de mayo de 1961 el presidente John F. Kennedy se atrevió a anunciar que Estados Unidos pondría un hombre en la Luna antes de terminar la década. El 21 de julio de 1969, el astronauta Neil Armstrong hizo realidad esa profecía cuando puso la huella de su pie en la superficie del satélite natural de la Tierra.

El hombre no ha vuelto a la Luna pero sí dejó abierta la frontera del cosmos y desde entonces las naves espaciales visitaron los planetas del Sistema Solar, cruzaron los límites de la Vía Láctea, hicieron impacto en asteroides, ampliaron la visión del Universo con el telescopio Hubble y hasta montaron lo que es ahora la Estación Espacial Internacional.

El 13 de diciembre de 1967 el cardiocirujano Christiaan Barnard llevó a cabo en Sudáfrica el primer trasplante de corazóny a partir de ese día, resueltos los problemas del rechazo, los injertos cardíacos se convirtieron en una operación rutinaria en todo el mundo.

organos de segunda mano
EFE/ Angel Medina G.

De forma paralela, la ciencia médica ha hecho habitual el uso de las máquinas de diálisis o de las que realizan las funciones vitales de los pacientes y los trasplantes de órganos ya no son solo de corazón sino también de hígado, de córneas, de pulmones de cara, de manos… y hasta se están injertando corazones artificiales.

Más aún, en esto de los trasplantes ha surgido una nueva vertiente que consiste en el aprovechamiento de órganos “de segunda mano” que ya no son descartables porque si no funcionan en un paciente pueden ser útiles a otro.
En el último episodio de los “trasplantes de dominó” que se realizan principalmente en dos centros médicos de Estados Unidos, el hígado de un donante fallecido salvó la vida una adolescente. Pero el órgano extirpado de la niña no terminó en la basura sino que fue injertado en un hombre.

La muchacha estaba condenada a muerte como resultado de una enfermedad hepática causada por la carencia de una enzima. Previamente, los facultativos habían confirmado que la dolencia no reaparecía si el hígado se injertaba en otro organismo que sí la producía.

El hígado enfermo de Quadejah Harris, de 14 años, fue injertado en Jeremy Dick, de 49, cuyo órgano no funcionaba debido a un problema inmunológico.

“¿Para qué iba a desperdiciar mi hígado cuando éste podía salvar la vida de otra persona?, preguntó Quadejah al salir del hospital tras recibir el hígado de un donante fallecido.

“Esta es una nueva fuente de hígados para muchos pacientes que de no tenerlos hubiesen muerto esperando el órgano de un donante”, manifestó el cardiocirujano Thomas Fishbein, director del Instituto del Trasplante MedStar Georgetown.

Órganos de segunda mano que alargan la vida


Además de resolver el problema de la deficiencia enzimática, el trasplante del hígado procedente de un donante de corta edad también se puede realizar en pacientes con amiloidosis, una afección que consiste en la acumulación de placa que termina por causar un fallo hepático mortal.

Según explica Fishbein, el injerto no elimina la enfermedad pero si se realiza en una persona de edad avanzada el nuevo hígado le dará un poco más de vida. Por supuesto, el donante de ese hígado habrá recibido el órgano procedente de otra persona.

“La amiloidosis es un problema muy raro y en el caso de un adulto mayor, con una corta expectativa de vida, un nuevo hígado probablemente le durará un tiempo más”, agrega el cirujano quien ha realizado desde enero al menos seis de estos trasplantes.
Hace casi tres años los médicos descubrieron que yo padecía un problema cardíaco que me podía causar la muerte en cualquier momento.

Ante la amenaza fui sometido a una operación en la que se me insertaron cinco desvíos coronarios (bypasses) en mis arterias casi totalmente obstruidas.

El cardiocirujano me abrió el pecho, sacó mi corazón mientras una máquina realizaba mis funciones vitales. Insertó los bypasses, reinstaló el corazón en el pecho y le aplicó un pulso eléctrico para que siguiera latiendo.

Cuando recuperé el conocimiento el cardiocirujano me dijo antes de continuar con tres operaciones similares previstas para su jornada de trabajo que me había dado 30 años más de vida.

Me quedan todavía más de 27… ¿no es maravillosa la ciencia”.

 
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