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Cuando la ciencia no nos sirve

Con o sin respaldo de los gobiernos los investigadores de todo el mundo persisten en conquistar nuevos mundos de la ciencia, hacer nuevos descubrimientos, encontrar nuevas fronteras en el cosmos, profundizar el conocimiento sobre la aparición del hombre en la Tierra, explorar el mundo pequeño de la nanotecnología, etc y etc…

Es muy elogiable. Pero hay que admitir que gran parte de lo que se está haciendo ahora no nos sirve mucho en un mundo que sufre el cambio climático, la falta de cura para muchas enfermedades, el subdesarrollo, el terrorismo, y el fanatismo religioso y político.

Esto viene a cuento porque hace unos días la revista mensual de la Royal Astronomical Society reveló que en nuestra Vía Láctea posiblemente hay muchos planetas habitables, es decir con agua en estado líquido en su superficie y con temperaturas que permitirían alguna forma de vida.

Los cálculos hechos por investigadores de la Universidad Nacional de Australia y del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague son impresionantes y se basan en un método llamado “Ley Titius Bode” creado en 1770.

Señalan que cada uno de los miles de millones de estrellas de la galaxia cuenta con al menos tres de estos exoplanetas y es muy probable que en alguno exista actividad biológica. El telescopio Képler de la NASA ya ha descubierto más de mil de estos millones de estos cuerpos que giran en torno a una estrella fuera de nuestro sistema solar.

“Con el método tratamos de predecir donde podría haber más planetas y hemos hecho estos cálculos para planetas que puedan ser vistos por el Képler”, señaló Steffen Khaer Jacobsen, uno de los científicos del Insituto Bohr.

Poco antes se había informado de que el fósil de la mandíbula de un homínido descubierto en Etiopía ayudó a determinar que los seres humanos aparecieron en la Tierra 400.000 años antes de lo que se creía. Es decir hace 2,8 millones de años, más o menos.

Los científicos indicaron que los restos fosilizados de esa mandíbula muestran similitudes morfológicas entre el Australopithecus y el Homo sapiens, es decir el hombre actual.
Sin duda son descubrimientos importantes para la astronomía y la antropología, pero me pregunto de qué manera pueden solucionar los problemas más inmediatos que enfrenta la Humanidad.

¿De qué modo nos beneficia el momento exacto en que ese ser “humano” apareció sobre la faz de la Tierra? ¿Cómo nos ayuda que los planetas o las lunas de nuestro sistema sean una roca absolutamente árida, un cubo de hielo, una masa gaseosa o un trozo gigantesco de metano congelado?

Que existan planetas habitables es una gran noticia, muy interesante. Pero esos cuerpos “terráqueos” no nos sirven de nada si están a miles de años luz de la Tierra y tendrán que pasar varios milenios para que el Hombre encuentre la manera de llegar a ellos… si es que lo logra.

¿No sería mejor intensificar los esfuerzos para detener el cambio climático que amenaza trastocar los sistemas meteorológicos del planeta, elevar el nivel de los mares, intensificar las sequías o los desbordamientos que destruyen la producción de alimentos tras diluvios son cada vez más intensos?

¿No tendría más utilidad encontrar una cura para el cáncer, para el mal de Parkinson, el alzhéimer y las epidemias que casi todos los años hacen estragos especialmente en los países en desarrollo?
Esto no es abjurar de la ciencia pues la búsqueda permanente del conocimiento es el afán que ha puesto al hombre en el nivel de superioridad que ocupa en el Reino Animal. Es la que nos ha dado todos los avances de los cuales disfrutamos los seres humanos.

Los científicos deben continuar su tarea en todos los campos y, si es posible, trabajar con la ayuda de los gobiernos muchos de los cuales en los últimos años han escatimado los fondos destinados a la investigación, en algunos casos basados en cortapisas religiosas y políticas.

Esto de la utilidad inmediata de la investigación y los descubrimientos científicos se me planteó hace unos días cuando comenzaron la primavera en el Hemisferio Norte y el otoño en el Hemisferio Sur.

En algunos países al sur del Ecuador, como Chile, pese al cambio de estación un calor sin precedente seguía agobiando a sus habitantes. En otros del Hemisferio Norte, como en países de Europa o en estados de la región oriental de Estados Unidos, la nieve y el frío continuaban en una manifestación evidente de que el cambio climático es un fenómeno actual, no una profecía, como dicen algunos.

Y eso me hizo pensar que la ciencia debe tener prioridades de acuerdo a los problemas inmediatos del ser humano. El subdesarrollo, el cambio climático, el cáncer y las enfermedades neurológicas son algunos de ellos.
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