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Óscar Mariscal o el oficio de superar los riesgos de ‘traduttore, traditore’

Óscar Mariscal o el oficio de superar los riesgos de ‘traduttore, traditore’
“La relación que llegas a tener con el autor es muy intensa” y, en el caso de los que ya están muertos, “la necesidad de respetar la integridad de su obra y no traicionarla de ninguna manera puede imponer mucho”, ha indicado a Efe el traductor Óscar Mariscal, que estos días publica un par de textos fantásticos de autores clásicos del XIX.

Mujercitas frente a un fantasma


La primera obra es El espectro del abad, una novela de Louisa May Alcott, y la segunda es Carne para la eternidad, que recoge un texto de Robert W. Chambers y otro de Hereward Carrington.

Ambas aparecen en la nueva colección Almaya de Pulpture Ediciones, que recuperará obras de género del siglo XIX, “algunas muy oscuras, de escritores conocidos y otras que pertenecen a autores hoy bastante desconocidos”.

‘El espectro del abad’ es una “novela de fantasmas” firmada por la autora de ‘Mujercitas’ que, como ha explicado Mariscal, “tenía una doble vida literaria” ya que por un lado “aspiraba a ser una escritora respetable para un público amplio y con marchamo de calidad” pero por otro lado “necesitaba ganar dinero para mantener su independencia económica y personal”.



Ello le llevó a publicar en revistas sensacionalistas sus folletines y novelas “de sangre y truenos” como ella misma las describe en su correspondencia, firmando con el seudónimo A.M.Barnard, antes de conocer el éxito con su famosa novela sobre la historia de cuatro hermanas con la guerra civil de Estados Unidos como telón de fondo.

Eran textos sobrenaturales, en la línea de los escritos por Ann Radcliffe y las hermanas Bronte, “a las cuales admiraba por su condición de mujeres que habían logrado la emancipación económica a través de la literatura y porque le gustaban los temas góticos que publicaban”.

Las buenas ventas obtenidas como Barnard ayudaron a esconder su identidad literaria y de hecho “fue tan hábil que nadie lo descubrió hasta los años 70 del siglo XX”, ha precisado.

Momias egipcias


En cuanto a Carne para la eternidad, se trata de un título escogido para aunar dos obras diferentes, cada una de las cuales tiene interés por sí misma pero también por el hecho de publicarse juntas ya que comparten varias características: fueron escritas por ciudadanos norteamericanos coetáneos y tratan sobre momias egipcias.

El texto original de Chambers se titula La bella durmiente de Sais y se publicó por primera vez como parte de un volumen llamado El rastreador de personas perdidas, que recoge varios cuentos detectivescos “al estilo de ‘El escarabajo de oro’ de Edgar Allan Poe.

Estas historias “carecían en general de componente fantástica, a excepción de este cuento sobre momias” que supone “un homenaje pintoresco y directo a ‘La verdad sobre el caso del señor Valdemar'”.

Mariscal advierte de que, pese a ser un autor muy conocido gracias a los relatos publicados en ‘El rey de Amarillo’, en realidad “lo fantástico en la obra de Chambers, que fue un ‘best seller’ en su época, es un porcentaje muy pequeño”.



El título original de la narración de Carrington es Zenobia: un sueño del antiguo Egipto y, en este caso, no es un relato como tal sino una obra de teatro que quedó inédita en su tiempo.

Un dato curioso es que Carrington “investigaba fenómenos paranormales, por lo que posee una enorme bibliografía dedicada al tema”, llegando a publicar más de un centenar de libros y folletos, además de una novela, Los misterios de Myra, que fue adaptada como una serie de películas mudas en 1916.

Un oficio duro


Mariscal, que es traductor a tiempo completo desde hace seis años, comenzó con el género fantástico, “el que más me gusta”, aunque en la actualidad trabaja más con cuentos infantiles clásicos o novelas anglosajonas contemporáneas.

Éste es un oficio “en el que no se cobra demasiado: se puede malvivir de él, si te acostumbras a trabajar mucho y vivir con poco”, pero lo prefiere por vocación frente a otras actividades profesionales previas.

Para dedicarse a la traducción hay que tener, “antes que otra cosa, mucho respeto por el material con el que trabajas, porque no es tuyo” y, si se trata de autores vivos, “me gusta contactar con ellos para comentarles el trabajo o resolver dudas y puntos oscuros”.

Si es un texto más antiguo, “cualquier decisión” puede afectar al resultado final y de manera especial “en el caso de un libro del siglo XIX, porque se escribía de manera muy diferente a la real y es, por tanto, algo muy frágil”.

Si se añade “la admiración personal por el escritor que estás traduciendo, la relación puede llegar a ser un poco tensa”, ha advertido, hasta el punto de que “a veces me siento como uno de los personajes de la película ‘El salario del miedo’ recorriendo el desierto con un camión lleno de nitroglicerina, manejando algo tan frágil”.



Entre los autores favoritos de Mariscal figuran Sheridan Le Fanu y, especialmente, M.R. James, “principal figura y mentor, además de inspirador de muchos otros” del cuento eduardiano de fantasmas.

Dentro del Terror, el fantasma “es mi personaje favorito, una criatura antigua, que ha estado con nosotros desde los más antiguos mitos y siempre da juego”.

Traducir a tantos buenos escritores ha despertado en Mariscal “el gusanillo de escribir mis propias historias” pero “resulta muy difícil sacar tiempo para hacer todo lo que uno quiere hacer”. Efe

ppm
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