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“Planetas prohibidos”: de Shakespeare a Arnau, pasando por Robby

<p>Javier Arnau. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
El panorama de las publicaciones de Ciencia Ficción en España es hoy “contraproducente” porque “contamos con una gran selección de autores y críticos, pero no hay dinero para sacar adelante muchos buenos proyectos”, advierte Javier Arnau, editor de la revista Planetas Prohibidos.

“Desde que en España sólo conocíamos a Asimov, Clarke, Heinlein y a casi ningún autor de aquí, hasta el momento que vivimos hoy día, la mejora ha sido enorme gracias a las facilidades que nos ha dado la tecnología”, añade Arnau, “que ha permitido materializar relatos, novelas y antologías en las redes con calidad asegurada, porque tenemos buenos autores, editores y recopiladores”.

En este momento, hay “muchos” escritores españoles que “están a la altura de las grandes estrellas extranjeras e incluso algunos han publicado antes fuera de España que aquí” y cita entre los destacados a Juan Miguel Aguilera, Juan de Dios Garduño, Rafa Marín, Gabriel Bermúdez Castillo o Javier Negrete.



El principal problema que afronta el género para consolidar su producción y expandirse es “la falta de financiación, que impide profesionalizarlo definitivamente”, motivo por el cual la mayoría de proyectos se mantiene con recursos mínimos y generalmente en formato digital, con la distribución basada en Internet.

“Ya no es que no dé dinero, sino que intentamos que no nos cueste”, por lo que iniciativas como la de esta revista tienen el mérito de funcionar bien gracias al trabajo “libre y voluntario”, según reconoce Arnau, diplomado en enfermería, técnico especialista de laboratorio y marketing.

El título de esta publicación es un homenaje al clásico cinematográfico rodado por Fred M. Wilcox en 1956, Planeta Prohibido, una adaptación muy peculiar de La tempestad de William Shakespeare, protagonizada por Walter Pidgeon, Anne Francis y Leslie Nielsen.

La película adquirió mucha fama por dos detalles: la aparición en escena por primera vez en la historia del cine de una actriz en minifalda (lo que motivó su censura en varios países como España, donde no se estrenó hasta 1967) y el hecho de que uno de los personajes principales fuera un aparatoso robot que se hizo muy popular, pese a su vulgar nombre de Robby.



El primer número de Planetas prohibidos, con una portada que incluía una peculiar reinterpretación del cartel de la película original, se publicó exactamente cincuenta y cinco años más tarde del estreno.

“La idea surgió de un proyecto anterior, con el que sólo logramos publicar un número especial dedicado a zombies y que más tarde presenté a los creadores del blog ‘Planetas Prohibidos’, que aceptaron mi propuesta de poner en marcha la nueva revista”, describe Arnau.

Para el estreno contó con la colaboración de escritores e ilustradores como David Mateo, Yoss, José Vicente Ortuño o Magnus Dagon, entre otros.

En toda la trayectoria de la revista hasta el momento, ocho números ya publicados, precisamente “de lo que más contento estoy es de haber tenido esa ayuda inicial y desinteresada de este grandísimo puñado de amigos para poder lanzarla” y continuar con ella regularmente.



Arnau se encarga de la selección de textos y demás labores de edición, desde el visto bueno a la maquetación hasta las reseñas de los libros e incluso la aparición de algún texto propio aunque “prefiero publicar en otras revistas”.

Un proyecto paralelo es Órbitas prohibidas, en el que se incluyen obras que “por sus características no cabían inicialmente en la revista” como novelas, comics, antologías de relatos…, aunque en la actualidad se barajan diferentes fórmulas para integrar este material en Planetas prohibidos.

La revista es en este momento el principal horizonte del género para Arnau quien dice verse, dentro de diez años, “igual que ahora más o menos…, aunque espero estar celebrando algún premio por la revista y algún otro por mis obra propia”.

 
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