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Publican el primer atlas mundial del plancton oceánico

Publican el primer atlas mundial del plancton oceánico
La Foraminifera Globorotalia truncatulinoides es un tipo de plancton que nos acompaña desde el Pleistoceno.

 

Ya puede saberse en qué época del año, dónde y en qué concentración aparecen los distintos tipos de plancton oceánico por todo el mundo. En un proyecto de colaboración internacional, los científicos han confeccionado un atlas que ofrece toda la información sobre estos organismos, desde las bacterias hasta el krill.

Los océanos cubren el 70 por ciento de la superficie terrestre. Las especies animales y vegetales ocultas dentro de estas grandes extensiones y profundidades insondables se han investigado relativamente poco en comparación con las de los ecosistemas terrestres. Hasta la fecha, muy poco se sabía acerca de la distribución del plancton, esos organismos que son demasiado pequeños para nadar contra las corrientes oceánicas.

En un proyecto a gran escala coordinado por investigadores de la ETH de Zurich y la Universidad de East Anglia (Reino Unido), científicos de numerosas universidades de todo el mundo se unieron para hacer un estudio sobre  cuándo y dónde se producen las especies de plancton, y también para determinar la cantidad de carbono que absorben. Se recogieron datos sobre la diversidad de las especies y la biomasa de plancton en 500.000 localizaciones por todo el mundo.

Ahora se han reunido estos datos en un atlas mundial. La publicación  ha sido lanzada recientemente bajo el nombre de MAREDAT, en una edición especial de la revista “Earth System Science Data”, y proporciona información sobre organismos que van desde el fitoplancton y las bacterias de un solo nanómetro de tamaño (la milmillonésima parte de un metro), hasta el zooplancton de gran tamaño, de un centímetro, como el krill y otros crustáceos pequeños. A pesar del mínimo tamaño de los organismos individuales, el plancton juega un papel crucial en los océanos. Por un lado, el plancton es un importante motor de los ciclos biogeoquímicos globales y, por otro, constituye la base de las cadenas alimentarias en los ecosistemas marinos .

Por ejemplo, el fitoplancton absorbe CO2 para la fotosíntesis, libera oxígeno a la atmósfera y lleva una buena parte del carbono absorbido a las profundidades de los océanos cuando muere y se hunde en el suelo. De esta manera, el fitoplancton elimina el CO2 de la atmósfera y contribuye a la regulación del clima global. El plancton también controla el ciclo del nitrógeno marino, e incluso puede influir en la formación de nubes a través del ciclo del azufre. El zooplancton como el krill es una fuente importante de alimento para las ballenas, peces y otras especies marinas que están por encima en la cadena alimentaria y que, a su vez, son explotadas por los humanos.

Meike Vogt, del Instituto de Biogeoquímica y Dinámica de Contaminantes en la ETH de Zurich, y coordinador del proyecto junto con sus colegas británicos de la Universidad de East Anglia comenta que “el análisis de los datos de medio millón de estaciones de reconocimiento era una empresa muy ambiciosa y no habría sido posible sin la colaboración internacional”.

 


El fitoplancton Haptophyte Phaeocystis globosa es muy usado en acuicultura.


 

Los científicos fueron peinando bases de datos y publicaciones existentes, e incluso extrajeron otros datos de notas que les llegaban escritas a mano. Todo este material fue cuidadosamente examinado con diversos controles de calidad antes de que se utilizaran para calcular la biomasa. Pero, según los directores del estudio, lo que fue especialmente largo y trabajoso fue persuadir a los diferentes institutos de investigación para que participaran, y estandarizar sus distintas contribuciones, algunas de las cuales han sido históricas.

Los datos obtenidos nos ayudan a comprender cómo se organizan los organismos planctónicos en los ecosistemas. Por ejemplo, pueden dar una idea de la biodiversidad de las diferentes regiones oceánicas. Algo que los científicos están particularmente interesados en saber es cómo se relacionan las especies entre sí, y si lo hacen en ciertos hábitats y regiones biogeográficas con características similares. Los investigadores esperan que estos datos arrojen luz sobre el papel que juega el plancton en diferentes regiones oceánicas como conductor de varios ciclos biogeoquímicos de la Tierra.

Por ello, el atlas también es valioso para los científicos del clima, que ahora tienen una base más sólida de datos para validar sus modelos. Hasta ahora, se ha trabajado con modelos de ecosistemas oceánicos simples que distinguen entre dos tipos de zoo y fitoplancton como máximo. Si los científicos tienen ahora una cartografía de la diversidad ecológica mucho más precisa, con más tipos de plancton, esto les permitiría realizar predicciones también más precisas con respecto a la función del océano como sumidero de carbono.

“Los seres humanos alteran el sistema oceánico de diversas maneras y en distintos niveles de la cadena alimentaria”, dice Meike Vogt. Dado que los ecosistemas oceánicos son muy complejos, explica, todavía tenemos una vaga idea, por ejemplo, sobre el futuro impacto de la sobrepesca y la acidificación de los océanos. “Lo que los análisis iniciales de MAREDAT sí muestran es que hay muchos más organismos en el fondo del mar de lo que se ha asumido hasta ahora.

Además, parece que a través de los océanos del mundo, el zooplancton tiene por lo menos tanta biomasa como el fitoplancton. Esto es sorprendente, ya que por lo general esto es a la inversa en los sistemas terrestres, en los que hay más plantas que  animales”, dice Meike Vogt. Su grupo también utiliza MAREDAT para formar hipótesis fundamentales acerca de la diversidad ecológica y verificar sus modelos con los nuevos datos obtenidos.

“Por el momento, podemos generar mapas de distribución rudimentarios iniciales con modelos estadísticos. Estos mapas, sin embargo, van a cambiar mucho en los próximos diez años, porque ahora tenemos todavía muy pocas muestras de algunas regiones del mundo para dibujar con precisión su estado”, dice Vogt. El Pacífico Sur y algunas regiones del Océano Austral apenas han sido estudiados. Por ello, los científicos quieren revisar MAREDAT por primera vez en 2015. El objetivo es recoger más datos para documentar los cambios en las comunidades de plancton en el futuro.

 
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