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Reflexiones sobre aplicaciones sexuales

<p>Imagen de la aplicación Happn</p>
A raíz de este texto publicado en EFEFuturo sobre sexo, aplicaciones y los riesgos en seguridad que conllevan en los dispositivos, he recordado aquellas interesantes clases que recibí de Fco. Javier Malagón, profesor en la facultad de CC. de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, experto en la relación entre TICs y cambios sociales, en donde alguna vez tocó la temática de la industria del sexo y su análisis dentro de esta sociedad.

Malagón se ha prestado a conversar con la blogosfera sobre este tipo de aplicaciones sexuales y los cambios que afectan a nuestro comportamiento, quizás generando cierto individualismo.

Aplicaciones sexuales


En cuanto a la popularización, el profesor cree que “estas apps facilitan la comunicación entre personas que no se conocen, reduciendo el tiempo, el esfuerzo y el riesgo que conllevan las relaciones sexuales off line“.

J: Sin embargo, en la Era de Internet hay algo más que un simple proceso de apertura y liberalización de las conductas sexuales; también se está produciendo un salto en su proceso de virtualización, es decir, de experimentarlas imaginariamente (proceso que tampoco es nuevo si tenemos en cuenta los antecedentes que proporcionan el cine, la literatura…). 

A: En este sentido, se ha abierto la posibilidad del cibersexo, creando nuevas prácticas de relación social, pero que realmente este tipo de “telesexo” implicaría cierto onanismo, dejando de lado el cuerpo a cuerpo para centrarse en la inmediatez que proporcionan estas redes, por lo que al final muchas veces esa búsqueda no es eficaz.
J: Ahora bien, en esta época la tecnología ofrece, mucho más que en el pasado, nuevas posibilidades para interactuar con otras personas a través de distintas aplicaciones, compartiendo y co-creando fantasías sexuales a distancia, mediadas por la tecnología. De hecho, buena parte de las aplicaciones sexuales basadas en Internet alimentan el cibersexo más que los contactos sexuales directos, aunque estos también puedan haberse incrementado off line sobre todo entre determinados grupos sociales. El cibersexo hace posible que se rompan o amplíen muchos límites y se diversifiquen muchas prácticas sexuales.

En cuanto a los códigos comunicativos:

J: Parece que la regla principal que suele regir en estos casos es la de que “sexo es sexo” y que las personas que las utilizan buscan sobre todo una relación sexual satisfactoria, sin complicaciones afectivas, lo cual no quiere decir que luego no pueda surgir amistad o amor, pero el punto de partida y de llegada es el sexo.

Luego está el respeto a los gustos de cada cual y a que se pueda querer o no querer mantener una relación sexual, virtual o real, porque la persona te guste o no. Hay que distinguir no obstante entre quienes buscan una relación off line y aquellas que solo la desean on line; este es factor importante que diferencia la manera de comunicarse entre ellas.

A: En este punto difiero un poco, es cierto que principalmente las personas que buscan sexo por sexo copan este tipo de aplicaciones, pero también existe bastante variedad en cuanto a las experiencias que pueden buscar las personas, depende de la aplicación, aunque hay gente que busca relaciones más “formales” y que desde un principio buscan una progresión paulatina hasta llegar al sexo, otras que buscan relaciones de compromiso, en realidad, hay de todo.

En relación a si favorecen el individualismo, Malagón cree que:

J: En cierto modo sí y en cierto modo no. Por un lado empoderan a los individuos ampliando sus posibilidades en determinada dirección (por ejemplo, aumentando su número de contactos, su capacidad de elegir, la flexibilidad en cuanto al tipo de relación deseada, etc.); y quizás por otro alimentan un estilo de vida fluido donde los vínculos interpersonales tienden a ser numerosos, pero en su mayoría débiles, cortoplacistas y muy pragmáticos, limitando o disminuyendo la capacidad de las personas para otro tipo de compromisos

A: Suscribo las últimas líneas. Creo que en el fondo es una dinámica capitalista que ha fagotizado este tipo de práctica social haciendo a la persona más individualista y encasillándolo dentro de un target gay dentro de unas dinámicas de “capitalismo rosa“.  Lo que genera que finalmente una persona que esté inmersa en este tipo de relaciones,  diluya su capacidad para poder establecer relaciones estables o de larga duración, potenciando la superficialidad. La popularización de este tipo de aplicaciones ha generado el arrastre de todo un sector de personas LGTB que a priori son contrarias a la utilización de estas apps por considerarse algo banales, pero que se derivan a ellas por la facilidad de conocer personas de su misma tendencia sexual.
J: En cualquier caso, estas aplicaciones son instrumentos sociales, que facilitan la comunicación y las relaciones interpersonales fluidas, así como la construcción de comunidades con valores y gustos parecidos. Creo que más bien hay que reflexionar sobre qué tipo de vínculos se construyen, con qué características y, en consecuencia, qué tipo de sociabilidades favorecen; y lo digo en plural, porque creo que el fenómeno puede abrirse en múltiples direcciones. Aunque, conviene no perder de vista que la Tecnología, sus industrias y el orden económico que las rige actúan como un elemento regulador muy poderoso, como una mediación que sostiene el orden básico subyacente de donde surge la diversidad y que la diversidad pone a prueba o incluso cuestiona.

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