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Ridley Scott, en busca de la Tierra Prometida

<p>RIDDLEY SCOTT. EFE/PEDRO PABLO G. MAY</p>
Fatuo, prepotente, deslenguado y narcisista según sus críticos…, brillante, visionario, habilidoso y hasta épico según sus defensores…, Ridley Scott, autor de Blade Runner Alien aprovecha su 77 cumpleaños, una edad tan capicúa como mágica, para regalarse a sí mismo un nuevo estreno: Exodus. Dioses y Reyes.

Exodus es la actualización, casi 60 años más tarde, de Los diez mandamientos de Cecil B. DeMille, con muchos y mejorados efectos especiales pero sin el carisma de Charlton Heston, Yul Brynner o Edward G. Robinson, entre otros actores que dieron lustre a la producción de 1956.

Se trata de la misma historia de siempre, pero contada con mayor rencor: los muy malvados, paganos y brutales egipcios caracterizados casi en plan “nazis vintage” mantienen esclavizado al humilde, trabajador y angelical pueblo judío, hasta que llega su liberador, el mesías Moisés (en los antiguos idiomas semitas, no existían las vocales, así que se trata en realidad de la misma palabra: msh, en el original), firma el pacto con su dios y monta una marimorena cuyas consecuencias alcanzan hasta el día de hoy según los creyentes.

Uno de los escasos detalles novedosos de la película es la representación del dios de Israel fuera del icono habitual compuesto por una confusa mezcolanza de nubes, humo, fuego y truenos, ya que toma la forma de un niño curiosamente llamado Malak (la traducción, con estas vocales, es de “ángel” que a su vez significa “mensajero”, pero mlk en el original tiene otras e interesantes connotaciones al alcance de los interesados).



Para rematarlo, Exodus llega rodeado de una polémica tan mema como la acusación de racismo porque los actores principales son occidentales blancos en lugar de africanos de piel chocolate, cuando todos los estudios científicos de ADN elaborados durante los últimos años, por no citar las representaciones pictóricas y escultóricas de aquella época, muestran que la mayoría de los antiguos egipcios (y desde luego sus dirigentes, fueran faraones, sacerdotes, gobernadores o generales) poseían características físicas claramente europeas, no africanas.

Por lo demás, y siguiendo el estilo de las producciones históricas de Scott, el antiguo Egipto que se nos muestra en la película tiene más que ver con su propia visión de la antigua Roma que reflejaba en Gladiator que con la verdadera Tebas o cualquiera de las grandes ciudades faraónicas.

Nacido el 30 de noviembre de 1937, el mejor Ridley Scott  hace tiempo que no existe para los aficionados a la Ciencia Ficción, pues no ha logrado igualar las cumbres del género que alcanzó hace más de treinta años.

La primera de ellas,  Alien, el octavo pasajero (1979), una inolvidable historia de terror espacial que lanzó al estrellato a Sigourney Weaver en el papel de la teniente Ripley y creó uno de los monstruos contemporáneos más exitosos de todos los tiempos, además de una cadena de secuelas, crossovers y merchandising tan rentables como inferiores desde el punto de vista creativo.

La segunda cumbre, aún más poderosa, esBlade Runner” (1982), la película que descubrió al mundo a uno de los más grandes autores de Ciencia Ficción del siglo XX, Philip K. Dick, en cuya novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ” estaba basada… Dick falleció poco antes del estreno de la historia que contiene varias de las secuencias más famosas del cine de género, incluyendo la de un moribundo replicante encarnado por Rutger Hauer cuyos recuerdos se disuelven como lágrimas en la lluvia ante un derrotado Harrison Ford…



Poco después, Scott rodaría otras dos pequeñas joyas del Séptimo Arte, hoy poco conocidas: Legend, en 1985 y Black Rain en 1989: la primera es una historia de fantasía con príncipe y princesa, unicornios y otros seres mágicos y un verdadero Señor de las Tinieblas, mientras que la segunda es una policíaca en la que su ambientación en Japón (donde dos policías norteamericanos tienen que enfrentarse a muerte con la Yakuza perdidos en medio de una cultura y un idioma que desconocen) la convierten casi en una historia de astronautas perdidos en un planeta muy lejano.

Después de aquello, para los críticos el historial de Scott ha estado lleno de altibajos (más bajos que altos), desde la feminista Thelma y Louise hasta la sonrojante La teniente O’Neil pasando por la plúmbea 1492: La conquista del paraíso, la eficaz pero monotemática Black Hawk Derribado, la desequilibrada Gladiator o la fallida El reino de los cielos.

El rodaje de Prometheus en 2013 levantó muchas y buenas expectativas entre el fandom ante la posibilidad de recuperar la mejor cara del director británico pero, a la hora de la verdad, tampoco se vieron confirmadas más allá del ya apabullante desfile de espectaculares efectos visuales, marca de la casa.

Mientras se habla de las posibles secuelas, tanto de Prometheus como de Blade Runner, lo cierto es que el próximo proyecto confirmado de Scott tras su limitada revisión de la historia de Moisés es de nuevo una obra de Ciencia Ficción: The Martian, adaptación de la novela de Andy Weir, que estará protagonizada por Matt Damon.
(Sin votaciones)
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