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Juan Manuel Santiago: “En España, la realidad social prima sobre ciencia y tecnología”

<p>Juan Manuel Santiago, crítico y experto en ciencia ficción. EFE/Pedro Pablo G. May</p>
Extraterrestres, máquinas del tiempo y otros temas clásicos de la ciencia ficción han perdido fuerza y “en España, la realidad social prima sobre la ciencia y la tecnología en las obras contemporáneas”, según dijo a Efe Juan Manuel Santiago, crítico y experto del género.

La crisis y la incertidumbre social han “pegado al suelo” a escritores y lectores, que ya no se recrean tanto con peligrosos viajes espaciales o rebeliones de robots díscolos sino que prefieren centrarse en futuros próximos donde la supervivencia diaria es la mayor aventura.

En este sentido, uno de las principales influencias actuales es la del británico China Miéville, cuya obra “ha aportado un componente político y social a la ciencia ficción”, apunta.

Según Santiago, que fue director de revistas especializadas como “Stalker”, “Gigamesh” y “Artifex”, además de autor de varios relatos e innumerables artículos sobre el género, “hoy, la fascinación por la tecnología queda lejos, el género prefiere preguntarse sobre hacia dónde deriva la sociedad”.



Ejemplos de esta nueva tendencia son la exitosa serie de novelas de la norteamericana Suzanne Collins que comienza con “Los Juegos del Hambre” o, en España, “Cenital” de Emilio Bueso, ganador del premio Celsius 2013.

Aún así, afirma que hay un subgénero que en los últimos años ha crecido hasta constituir “casi una escuela nacional”: la ucronía o fantasía histórica, uno de cuyos títulos más populares en los últimos años es “Danza de tinieblas” de Eduardo Vaquerizo.

En España “vivimos un momento de transición interesante por el relevo generacional, con nuevos autores que no tienen mucho que ver con el fandom, el movimiento de aficionados que ha sostenido el género durante mucho tiempo”.

Entre ellos, cita al mencionado Bueso, además de Ismael Martínez Biurrun, Matías Candeira o Juan Jacinto Muñoz Rengel.

“Todos ellos irrumpen con fuerza y pueden competir con la generación anterior, que por lo demás a día de hoy continúa publicando con cierta regularidad” como es el caso de Juan Miguel Aguilera, Rafael Marín, León Arsenal o César Mallorquí, entre otros.

Los “nuevos” poseen “en general, un mejor fundamento literario y sus primeras novelas poseen mayor nivel que las de muchos de los que empezaron en los años ochenta del siglo XX”, aunque su principal ventaja objetiva es la existencia de un público generalista para sus obras.




Santiago recuerda que “quizás el principal problema que afrontaron durante mucho tiempo los autores españoles era el escaso arraigo del género en España”, situación que ha mejorado con el tiempo, por lo que “cada vez son más numerosos los lectores que no se plantean si leen o no ciencia ficción: simplemente leen, sin importarles las etiquetas”.



En ese sentido, considera un punto de inflexión la exposición que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) dedicó en 2008 al escritor J.G.Ballard, hasta entonces considerado autor casi de culto y que hoy goza de un creciente número de seguidores.

El propio Ballard, quien falleció apenas un año después, dejó escrito en el prólogo de su novela “Crash” que “vivimos en un mundo gobernado por todo tipo de ficciones… Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio… Su tarea es hoy la de inventar la realidad”.

Santiago afirma que exposiciones como la del CCCB han reforzado la apuesta de festivales especializados como el “Celsius” de Avilés o la más veterana e itinerante “Hispacon”, cuya última edición se desarrolló en la localidad valenciana de Quart de Poblet y en la que él mismo figuró como uno de los invitados de honor.

El mestizaje entre géneros y la intensa y creciente relación entre autores, editores y lectores a través de Internet son, para Santiago, otras claves del crecimiento de la ciencia ficción en España. EFE

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