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Tanta gente queriendo salir de la mina y ahora todos quieren entrar

Vista de la galería de Forzados rehabilitada
No puedo dejar de pensar en ello, he intentado volver a mis cosas, mi familia, mis amigos pero no se me va de la cabeza. Creo que me estoy obsesionado, he visitado los lugares que relaciona en su diario y los podría describir con el mismo detalle que lo hizo él, pero ahora falta la gente, falta la vida que tenía y que perdió. Es sorprendente que sean visitables estos lugares, qué hubiera pensado Josef si le hubieran dicho que aquellas paredes, las del hospital de mineros de San Rafael, pasarían de albergar enfermos y heridos de la mina a conservar libros y documentos históricos, y que en las habitaciones donde tanto padeció, se instalaría un museo donde se expone su diario. Pero seguramente lo que jamás creería es que a la mina bajasen ahora los niños de los colegios, familias completas, grupos de amigos, ¿para qué?, pensaría. Tanta gente queriendo salir de la mina y ahora todos quieren entrar.

La mina la conozco como la palma de mi mano, me he sentado horas en los lugares que relaciona Josef en su diario y a veces me parece que lo veo venir. Dicen que la mina se ha recuperado preservando su estado original, la iluminación, los elementos, todo desprende realidad y así se lo contamos a los visitantes, pero hay una cosa que me inquieta. Una parte de la visita a la mina, después de recuperada, no se enseña, y curiosamente es la zona de los forzados, la galería y los tornos donde trabajaron. El director dice que la visita era demasiado larga y que la gente se cansaba, pero no le creo. Tengo que saber por qué se cerró, pero nadie quiere hablar de ello. He preguntado y hay versiones de todos los tipos, que tiene muchas escaleras y que la gente se cansaba mucho, que es peligroso el paso por el torno de Castro, pero la que más me creo es que pasan cosas extrañas allí. Durante las obras ocurría con frecuencia que las luces aparecían encendidas por la mañana y siempre se percibían fuertes olores. Hubo quien dijo oír ruidos indescriptibles, lo que es indiscutible es que cualquier equipo eléctrico se estropeaba allí (los interfonos, las bombillas,…). Lo más extraño fue una tarde de domingo cuando el encargado del Parque salió de la mina con la cara desencajada, pero no contó nada. Eso sí, la semana siguiente se cerró esa parte de la visita.

 
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