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¿Qué tipo de cloud queremos? Por (*) Antonio Pizarro ( OVH)

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La Comisión Europea considera el cloud como impulsor clave del crecimiento y los datos personales alojados en la nube están en el centro de las cuestiones comerciales, sociales y políticas. Así, la cuestión de los datos y la soberanía digital se convierte en un tema de capital empresarial que nos lleva a plantearnos qué tipo de nube queremos.

En 2025 se estima que el tamaño del cloud habrá aumentado por diez y ese crecimiento exponencial será consecuencia directa de la explosión de la producción de datos en el mundo, que crece más de un 40% anual según IDC. Además, la transferencia desde los datacenters internos de las empresas a los de los proveedores de cloud ya ha comenzado, aunque queda un 80% del legacy: esto representa un volumen de más de 100.000 millones de euros.


A estos factores se suma la necesidad de mayor capacidad de almacenamiento y tratamiento de los datos, precisamente por ese crecimiento exponencial, generado especialmente por el rápido desarrollo que han experimentado tecnologías como el internet de las cosas, el machine learning o la inteligencia artificial. Por ejemplo, una fábrica robotizada pronto producirá más de un petabyte de datos al día, y los tan comentados vehículos autónomos, no menos de cinco terabytes.



Seguridad de los datos


Además del reto de adaptarse a esta explosión del big data, hay otros desafíos que afrontar en materia de cloud, como son la libertad a la hora de elegir proveedores o la seguridad de los datos, que, aunque no son considerados habitualmente por las empresas a la hora de comenzar a trabajar en la nube, pueden conllevar una pérdida del control de sus datos y condicionar decisiones relativas a su sistema de información en el futuro.


En OVH creemos firmemente que las empresas deben tener libertad sobre su infraestructura en la nube, por lo que apostamos por un cloud abierto: un cloud que no se limite a suministrar bloques tecnológicos abiertos, sino que también sea reversible (que permita migrar o repatriar datos en un formato estándar) e interoperable (compatible con el mayor número posible de soluciones del mercado) para que las decisiones tecnológicas no limiten en el futuro. Para ello, abogamos por utilizar y promover los estándares tecnológicos en el sector.


En cuanto a la protección de datos y respecto a la propiedad intelectual, el cloud es demasiado importante para adoptar riesgos. No podemos dejar que un actor dominante imponga sus reglas simplemente porque controla una parte del mercado. Asimismo, es necesario que el cliente pueda elegir la localización geográfica de sus datos y ser informado del marco jurídico bajo el que van a alojarse los mismos.



Código de conducta


Hace ya dos años que varios proveedores de cloud fundamos la asociación profesional CISPE (Cloud Infrastructure Service Provider in Europe), que creó el primer código de conducta que permite cumplir las exigencias del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Además, trabajamos desde hace meses con una veintena de actores representativos del cloud para crear la Open Cloud Foundation. Esta organización va a focalizarse en cuatro elementos fundamentales para conseguir una nube abierta que permita promover los estándares tecnológicos existentes (y completar los que faltan), dialogar con los organismos públicos sobre las nuevas reglamentaciones y certificar a los proveedores en función de su observancia de los criterios fundamentales de la libertad en la nube.


Construir y promover un cloud abierto es un gran reto y todos debemos ser conscientes de la importancia que tiene para construir un futuro más libre para las empresas, y, por consiguiente, para sus clientes y usuarios.



(*) Antonio Pizarro, Senior Account Manager de OVH

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