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Un misterioso y enorme terremoto sacude el interior de la Tierra

Un misterioso y enorme terremoto sacude el interior de la Tierra

El mar de Ojotsk está limitado al este por la península de Kamchatka, y al norte y oeste por Siberia, en la Rusia continental. NASA.


 

El seísmo, de magnitud 8,3, es el mayor jamás registrado en el manto, la capa que yace bajo la corteza terrestre, y los científicos aún especulan sobre el mecanismo que lo produjo

El pasado 24 de mayo tuvo lugar bajo el mar de Ojotsk, al este de Siberia, un terremoto unas diez veces más violento que el que devastó Haití en enero de 2010. Por fortuna, en esta ocasión nadie sufrió las consecuencias y solo miles de estaciones sismológicas alrededor de todo el mundo sintieron el evento, por lo que el temblor no llegó a los titulares de los medios. Y sin embargo, para los expertos se trata de un fenómeno sin apenas parangón al que la ciencia trata de encontrar explicación.

El motivo por el que el seísmo del mar de Ojotsk no provocó víctimas ni daños materiales es la gran profundidad a la que se produjo: 610 kilómetros, frente a los 10 del de Haití o los 32 del que provocó el grave accidente nuclear en la central japonesa de Fukushima en marzo de 2011. Estos últimos afectan a la corteza terrestre, la cáscara de la Tierra que pisamos y que alcanza un grosor de 35 kilómetros. Por el contrario, el de Ojotsk fue uno de los llamados terremotos profundos, que ocurren en la zona de transición entre el manto superior y el inferior.

Mientras que los terremotos superficiales se originan por la fractura y el deslizamiento de masas de roca, a las grandes profundidades del manto las presiones y las temperaturas son tan inmensas que la roca adquiere una consistencia plástica o fluida, por lo que estos seísmos tienen una dinámica diferente. El geofísico de la Universidad de California en Santa Cruz (EEUU) Thorne Lay, que ha dirigido el estudio publicado en la revista Science, pone como ejemplo otro terremoto profundo acaecido en 1994 a 637 kilómetros bajo el suelo de Bolivia: “El de Bolivia fracturó muy lentamente, con deformación en lugar de ruptura rápida y deslizamiento”.

El terremoto de Bolivia era el más potente conocido hasta ahora en el manto terrestre. Pero con una magnitud de 8,3, el de Ojotsk ha liberado tres veces más energía, comparable a una explosión de 35 megatones, casi 3.000 veces mayor que la bomba de Hiroshima. La fractura cubrió 180 kilómetros, algo nunca visto en seísmos profundos, con una velocidad de ruptura de cuatro kilómetros por segundo y un deslizamiento de falla de hasta 10 metros. Estas voluminosas cifras han desconcertado a los científicos. “Parece muy similar a un evento superficial”, explica Lay. “¿Cómo puede la roca deslizarse tan deprisa contra la roca cuando está aplastada por 610 kilómetros de roca por encima?”, se pregunta el experto. “Es un misterio”, concluye.

Lay y su equipo han diseccionado el seísmo para tratar de explicar su enorme violencia. Los terremotos profundos se producen por estrés en la roca en lugares donde una placa de la corteza terrestre se sumerge por debajo de otra. Los investigadores han detectado que la diferencia de temperatura en la placa sumergida puede explicar por qué este fenómeno ha sido tan distinto del de Bolivia. “En el evento de Bolivia, la placa más caliente resultó en un proceso más dúctil con más deformación de la roca”, detalla Lay. Bajo el mar de Ojotsk se subduce la placa del Pacífico, más fría y por tanto más rígida.

Sin embargo, el mecanismo para detonar un deslizamiento tan rápido aún es una incógnita. Un fenómeno así requiere fluido que actúe como lubricante, pero a semejantes presiones cualquier fluido debería quedar expulsado antes de que la roca alcance tales profundidades. Lay aventura que la fricción podría fundir algo de roca y facilitar el desplazamiento. “Pero para eso aún necesitas que ya haya comenzado a deslizarse”, reflexiona.

 
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