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Una llamada desde las profundidades

Una llamada desde las profundidades
En apnea profunda, tan sólo somos 6 personas en todo el mundo capaces de descender hasta los 120 metros de profundidad con una sola respiración. A la Luna han llegado 12 seres humanos.

Todo y el esfuerzo sobrehumano que supone descender hasta los 120 metros de profundidad con la única ayuda de tu propia fuerza y con una sola bocanada de aire, en términos relativos a las profundidades marinas y a las profundidades que los mamíferos acuáticos son capaces de descender, casi parece ridículo. Sin embargo, seguimos sintiendo esa atracción para seguir y seguir descendiendo hasta lo desconocido. Tengo la teoría de que el ser humano es capaz de querer, valorar y ser sensible a todo aquello que podemos tocar, ver y sentir, pero por lo contrario somos capaces de destruir, menospreciar y ser indiferentes ante todo aquello que no vemos. Eso está pasando en nuestras aguas profundas. Nuestra ignorancia nos hace indiferentes.

Las aguas profundas son la base de nuestros mares y océanos. Al contrario de lo que pueda parecer, son zonas de gran diversidad biológica, donde habitan especies de crecimiento lento, vida larga y lenta maduración sexual, y con baja capacidad de reproducción, y las estamos llevando hasta el agotamiento por nuestra mala gestión y codicia.

Nuestra incapacidad de crear leyes severas para la protección de las aguas profundas y sus especies, la utilización de prácticas pesqueras destructivas, como el arrastre de fondo y el enmalle de fondo, en detrimento de artes de pesca más sostenibles y selectivas, nos están llevando a una crisis insostenible. Los barcos de arrastre provocan la destrucción de los fondos marinos, sobrepesca sobre especies vulnerables y una gran cantidad de captura accidental, el conocido “descarte”, una definición despreciable tratándose de seres vivos. Estas prácticas carecen de sentido. Nadie entendería que se talará un bosque para cazar unos pocos animales, y eso es lo que se hace con la pesca de arrastre de profundidad.

La presión ejercida por el lobby de la industria pesquera bloquea los consejos y advertencias de los dictámenes científicos, y esto nos está llevando a que las poblaciones de peces de aguas profundas estén en un grave estado de agotamiento, cerca del colapso. Como expresaba acertadamente un científico en el documental At the end of the line; “Estamos en guerra contra los peces, y la estamos ganando”. Aunque, en realidad, es una guerra que no se puede ganar. Si pierden los peces, perdemos todos.

Supongo que no es más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos, una sociedad resultadista, corta de miras y siempre con decisiones a corto plazo, donde prima el individualismo. ¡Sálvese quien pueda!

Soy simplemente un buceador a pulmón “profundista”, no tengo una base sólida científica, ni recursos para luchar contra la intocable industria pesquera, pero soy testigo directo de un empobrecimiento de nuestros mares y océanos y un declive patente de las especies marinas. Y debo alzar mi voz. Aquí no sólo nos estamos jugando la desaparición de especies que ya están en grave peligro, sino que nos jugamos nuestro propio futuro como especie.

Ahora que la nueva ley que regulará la pesca en aguas profundas va a ser votada, debemos pedir con fuerza que los eurodiputados sean conscientes de la herencia que quieren dejar, porque del voto que emitan dependerá  la conservación de las profundidades. Necesitamos una ley fuerte, que permita compaginar las actividades humanas con la preservación de los recursos a largo plazo y el respeto a los ecosistemas vulnerables.

 

Miguel Lozano

Apneísta / Freediver, varios récords nacionales en diferentes disciplinas y tercera mejor marca mundial -122

 
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