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Barranc de la Boella, una de las primeras ocupaciones de la Península Ibérica

Vista de la cantera romana del Médol de Tarragona, que forma parte del conjunto monumental declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se encuentra en la recta final de las catas arqueológicas y estudios geológicos, con georradares incluidos, y que según han explicado hoy los responsables del proyecto, impulsado por la Fundación Abertis con una inversión de 1,5 millones, incorporará miradores y un centro de interpretación. EFE/Jaume Sellart
Vista de la cantera romana del Médol de Tarragona, que forma parte del conjunto monumental declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se encuentra en la recta final de las catas arqueológicas y estudios geológicos, con georradares incluidos, y que según han explicado hoy los responsables del proyecto, impulsado por la Fundación Abertis con una inversión de 1,5 millones, incorporará miradores y un centro de interpretación. EFE/Jaume Sellart
“La coexistencia de distintas tecnologías líticas hace un millón de años revela la presencia de emigrantes de África” en el citado yacimiento, según la investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social.
Los restos arqueológicos hallados en esta excavación evidencian una de las primeras ocupaciones humanas conocidas en la Península Ibérica y gracias a los numerosos restos de animales los investigadores han reconstruido el entorno en el que vivían estos homínidos.

El estudio atestigua una de las primeras dispersiones humanas portadoras de una tecnología prehistórica, la achelense, que en el Plesitoceno Inferior final estaba muy extendida por África, pero no así en Euroasia.

De hecho, las rocas talladas con tecnología achelense se generalizaron en los conjuntos arqueológicos de Europa a partir de la colonización definitiva del continente, que según se cree se produjo durante la segunda mitad del Plesitoceno Medio (hace entre 500.000-125.000 años).

La coexistencia del achelense con la tecnología olduvayense, predominante en ese momento en la Península Ibérica, demuestra un nuevo evento de dispersión de homínidos, posiblemente procedentes de África.

“Esto sugiere la presencia del achelense en Europa hace un millón de años, de modo que los nuevos colonos coexistieron en la Península con pobladores más arcaicos”, ha explicado Antonio Rosas, investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Rosas, corresponsable del estudio junto a Josep Vallverdú, del Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social y director arqueológico del proyecto, ha asegurado que el Barranc de la Boella constituye un nuevo conjunto de yacimientos que proporcionan una valiosa información sobre la evolución biológica y cultural de las poblaciones humanas durante el Pleistoceno Inferior y Medio”.

Un periodo “muy singular de la evolución humana”, ha añadido Rosas, cuyo equipo ha contribuido a la caracterización cronoestratigráfica de los hallazgos de Barranc de la Boella y a la reconstrucción del medio ecológico en el que vivieron los homínidos en esta región a través de los más de 500 restos de fauna encontrados.

Entre las especies fósiles recuperadas, los investigadores han identificado mamuts, osos, gamos e hipopótamos.

La presencia de estos últimos así como la de huesos correspondientes a castores indica, según este trabajo, que los homínidos explotaron los recursos naturales de ambientes próximos a cursos de agua, sometidos a frecuentes inundaciones.

Los científicos también han encontrado restos de pequeños mamíferos como ratones y también “han aparecido restos de macaco, lo que añade una nota de interés a las investigaciones”, añade Rosas.

Otra de las conclusiones a las que llega el estudio es que hubo actividad de carnívoros en las inmediaciones.

Las marcas detectadas en varios dientes hallados en el yacimiento así como los restos de grandes animales, entre ellos caballos y bovinos, apuntan a que carnívoros como las hienas de gran tamaño buscaban allí su alimento.

En el trabajo han participado profesionales de distintas disciplinas e instituciones para establecer un marco cronológico, arqueológico y paleobiológico del yacimiento. EFE
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