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Cariclo, el asteroide con anillos de planeta

Se llama Cariclo, y aunque sólo mide 250 kilómetros de diámetro, este pequeño cuerpo espacial cuenta con su propio sistema de anillos, un rasgo hasta ahora exclusivo de los grandes planetas como Urano, Júpiter, Saturno o Neptuno.

Imagen del asteoroide Chariklo. EFE

Los detalles del descubrimiento de “Chariklo” (Cariclo en español), llevado a cabo por un grupo internacional de investigadores, se publican hoy en Nature y sugieren que los anillos podrían ser estructuras más comunes de lo que se pensaba.

“Descubrimos los anillos de Cariclo mediante la técnica de ocultación estelar”, un sistema que permite observar cuerpos tan pequeños como éste y que están a mil millones de kilómetros de la Tierra, explica a Efe el investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), José Luis Ortiz.
Técnicamente, Cariclo es un “centauro”, es decir, un cuerpo a caballo entre un asteroide y un cometa y, como tal, “está compuesto en su mayor parte de hielo de agua y de otros elementos volátiles”.

Según los cálculos de los científicos, este centauro, que orbita en la periferia del Sistema Solar, entre Saturno y Urano, tenía que pasar frente a la estrella UCAC4 248-108672 en junio de 2013.

Desde ocho enclaves distintos, siete potentes telescopios (dos de ellos situados en el observatorio de la Silla, en Chile), captaron el momento.

Sin embargo, “durante la observación vimos que este cuerpo estaba tras una forma elíptica, es decir, un anillo. Y eso era algo que no esperábamos porque los anillos suelen acompañar a objetos más grandes pero nunca a cuerpos de dimensiones tan pequeñas como Cariclo, que es muy pequeñajo, la verdad”, comenta el astrónomo.

El hallazgo es “extraordinariamente raro” porque, hasta ahora, en el Sistema Solar sólo había cuatro planetas con anillos: Saturno, Urano, Neptuno y Júpiter, que además, salvo el de Júpiter, “son más tenues y no se ven mucho, mientras que el de Cariclo es muy notable, muy brillante”, puntualiza Ortiz.


Los anillos de Cariclo son dos discos muy definidos de tan solo tres y siete kilómetros de ancho, que están separados por un espacio de nueve kilómetros, y que los científicos han bautizado informalmente como Oiapoque y Chuí, como dos ríos de Brasil.

La posición de estos discos indica que, o bien se trata de un sistema formado recientemente, o bien que existe un cuerpo, lo que suele conocerse como “satélite pastor”, que contribuye a que los anillos permanezcan confinados pero que aún no se ha detectado.



“Por tanto, además de los anillos, es muy probable que Cariclo tenga al menos una pequeña luna esperando ser descubierta”, destaca Felipe Braga-Ribas, astrónomo del Observatorio Nacional MCTI de Río de Janeiro (Brasil), y principal autor del trabajo.

En cuanto al origen de estos anillos, prosigue Ortiz, todavía hay “muchas incógnitas por despejar”, pero es muy posible que se trate de discos de escombros formados tras “la desintegración de un satélite que colisionó con Cariclo, o después de chocar con una posible luna”, comenta Ortiz.

Se mire como se mire, Cariclo es un objeto excepcional que ha ayudado a despejar muchas dudas pero que también “ha abierto una nueva vía de estudio”, concluye el astrónomo español. EFEFuturo
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