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Colibrí, 22 millones de años reinventándose como especie

El colibrí es un ave singular. Es capaz de batir sus alas hasta 60 veces por segundo para permanecer suspendido en el aire en un vuelo estático, tiene la mayor capacidad metabólica entre los vertebrados y el mayor hipocampo en el cerebro de un pájaro, lo que se relaciona con su habilidad espacial.

Todo eso ya despierta el interés por una especie tan llamativa, pero un grupo de investigadores liderados por Jim McGuire, de la Universidad de Berkeley (California, EE.UU.) ha buceado en el árbol genealógico de 284 de las 338 especies conocidas de colibríes a lo largo de 22 millones de años en el mayor estudio en este campo realizado jamás. Sus conclusiones han arrojado luz de su éxito como especie. “Los colibríes esencialmente han estado reinventándose como especie a lo largo de 22 millones de años. Su singularidad, por ejemplo en su forma de alimentarse del néctar de las flores, no ha sido un factor limitante a la hora de diversificarse en tantos tipos de colibríes, más de 330. Todo lo contrario. Encontramos hasta 25 especies diferentes conviviendo en una misma zona. Es muy sorprendente que sea capaz de diversificarse tanto el nicho nectarívoro. Es algo extraño cuando una especie está tan especializada y comen todos lo mismo. Sería como encontrar 25 especies de oso hormiguero en la misma área, pero no ocurre porque la especialización suele implicar una limitación en la diversidad de la especie”, asegura McGuire a EFE Futuro.

No es el único hallazgo de los autores del estudio, que se publica en el último número de la revista “Current Biology”. El nuevo árbol genealógico del colibrí muestra que sus antepasados se separaron de los vencejos hace 42 millones de años, probablemente en Eurasia. Pero el despegue del colibrí como especie llegó hace 22 millones de años y tuvo América del Sur como escenario. Concretamente en la cordillera de los Andes hace 10 millones de años se produjo la gran explosión en su diversidad. Han mostrado, desde luego, una gran capacidad para adaptarse a nuevos entornos, sin ir más lejos a las condiciones de falta de oxígeno y altitud de las cumbres montañosas. “Si tuvieran una baja capacidad de adaptación no tendríamos esas 25 especies viviendo juntas. Pero se da la circunstancia, como ya argumentó el famoso botánico Alwyn Gentry, de que la evolución de la gran variedad de flora en algunas zonas del planeta ha sido fruto de la especial relación entre los colibríes y las plantas. Muchas de las plantas de las zonas tropicales de África y el Sudeste asiático han evolucionado gracias a la polinización que realizan estos pájaros, a los que “pagan” por sus servicios con su néctar”, añade McGuire.

Y con tanta diversidad, ¿Cuál es la especie que más llama la atención del autor principal del estudio? “Cada especie de colibrí es espectacular en sí misma. Pero ahora estoy perplejo con la Patagonia gigas, un colibrí gigante –gigante para ser un colibrí, claro- que es una especie hermana del gran linaje que comprende tres de los nueve grandes grupos de colibríes (Abeja, Gema de las Montañas y Esmeralda) y que aglutina a cerca de 155 especies de colibrí. Pues bien, la Patagonia gigas ha estado 13 millones de años sin diversificarse mientras sus hermanos sí lo hacían. No está claro por qué no ocurrió lo mismo en estos colibríes. Yo lo describo como ‘un experimento fallido de gigantismo’”.
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