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Combinar antivirales de amplio espectro, la mejor terapia contra el ébola

La falta de una vacuna de eficacia probada para combatir al virus del ébola ha obligado a la comunidad científica internacional a luchar contra la infección con los únicos medios a su alcance: los tratamientos con sueros y con antivirales.

Una técnico trabaja con muestras biológicas como suero, ADN, ARN, células y tejidos de pacientes y sujetos sanos que se almacenan en el biobanco del Hospital Universitario de Canarias (HUC). EFE/Cristóbal García

Una técnico trabaja con muestras biológicas de pacientes. EFE/Cristóbal García

En España, la auxiliar de enfermería infectada por el virus, tras atender a los dos religiosos fallecidos por ébola en nuestro país, ha recibido hasta hoy suero hiperinmune de un donante anónimo que fue contagiado por la enfermedad y que tiene anticuerpos.

Junto a este suero, los médicos del Hospital Carlos III -donde está ingresada- le han administrado favipiravir, un antiviral testado en animales pequeños, según han informado a Efe fuentes médicas.

“El favipiravir es una droga en fase de ensayo muy interesante porque se trata de un antiviral de amplio espectro, es decir, que se ha probado en muchos virus y en muchos ha sido eficaz”, ha explicado a Efe el virólogo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y miembro de la Sociedad Española de Virología, Esteban Domingo.
Para este experto es “muy inteligente” dar a la paciente un inhibidor de amplio espectro porque estas drogas impiden la multiplicación del virus y suelen lograr una rebaja de la carga viral (la cantidad de virus que hay en el organismo de un enfermo), e incluso, en algunos casos, “acaban con él”.

El problema, puntualiza, es que los virus como el ébola “mutan constantemente y pueden producir resistencias” a las drogas administradas, por eso, “el éxito en tratamientos de este tipo radica en dar una combinación de inhibidores”.

Si se administran dos inhibidores, el virus tiene que mutar para los dos inhibidores, y la probabilidad de una doble mutación es más baja que para una mutación sencilla, y si se administran tres inhibidores, entonces es necesario que el virus mute tres veces para lograr una resistencia”, es decir, “cuantos más antivirales se administren, más probabilidades de éxito tiene el tratamiento”.
En algunas ocasiones, explica el virólogo, “también puede ser favorable proceder a un ‘cambio de secuencia de inhibidores’, o lo que es lo mismo: administrar primero uno, pararlo, y administrar otro después”, aunque el riesgo de dar una sola droga, insiste, “es que el virus mute y se haga resistente”.

“Podemos lograr una sustancial baja de la carga viral, y que el paciente se sienta mejor”, pero si el virus muta, la droga pierde eficacia y hay un empeoramiento del cuadro clínico.

De hecho, Domingo cree que “esto es lo que pudo pasar anoche y motivar el cambio de tratamiento en la paciente, pero no tenemos información para dar una opinión”.

En cuanto a los sueros, el investigador advierte que presentan el mismo problema: pueden desarrollar resistencias, como las drogas.

Los sueros, como el Zmapp que se utilizó en los primeros pacientes infectados, son preparados de anticuerpos que pueden proteger de las infecciones.

El Gobierno ha informado hoy de que España vuelve a disponer del Zmapp, que será administrado a la auxiliar de enfermería con ébola, después de que se agotaran las existencias tras ser tratados con el fármaco los dos religiosos que contrajeron la enfermedad en África.

Para fabricar estos sueros, explica el científico, hay que producir el ébola e inyectarlo en un animal o una persona, es decir, hay que manipular el virus, lo que exige unas “instalaciones de alta seguridad que no tenemos en España” y que sólo poseen una decena de laboratorios en todo el mundo.
“Lo que sí es posible en nuestro país es recrear el virus con ingeniería genética. Se trata de crear un virus artificial sin capacidad infecciosa” pero válido para producir sueros, aunque el proceso de fabricación duraría “varios meses de trabajo”.

De hecho, el gran problema de los filovirus como el ébola o el virus de Marburgo, es precisamente ese: su manipulación exige instalaciones de altísima seguridad (nivel 4), “por eso las investigaciones se hacen tan difíciles”.

De no ser por eso, este momento habría no sólo una o dos drogas potenciales contra el ébola, sino varias“. EFE
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