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Cómo sería una gran tormenta solar

Perturbaciones geomagnéticas. Auroras boreales en los trópicos. Interrupción de las radiocomunicaciones. Fallo masivo de los satélites y GPS. Cortes eléctricos. Son algunos de los efectos que tendría un fenómeno solar extremo sobre nuestro planeta, según explica en entrevista a Efe el astrofísico Héctor Socas.

Imagen de archivo facilitada por la NASA de una erupción solar.

“Colosal mancha solar amenaza a la Tierra” . “Tres erupciones solares gigantes en menos de 24 horas”.”Llamarada del sol golpeará el planeta”. “Algunas centrales nucleares serían vulnerables ante una tormenta solar extrema”.

Noticias como éstas ocupan periódicamente los titulares de la Prensa, a veces asociadas con profecías apocalípticas como la de los mayas de finales de 2012 y, en general, centradas en el riesgo de que produzcan serios problemas tecnológicos, e incluso desastres naturales y un hipotético fin del mundo.

Pero ¿qué hay de cierto en estas supuestas amenazas de devastación o caos causadas por la actividad del sol? ¿Hasta qué punto las erupciones y otros fenómenos que ocurren en el ‘astro rey’ pueden ponen en peligro a nuestro planeta y sus habitantes?.

Para el astrofísico Héctor Socas-Navarro, especializado en tormentas solares, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en la Islas Canarias (España), además de generar alarma, este tipo informaciones pueden inducir a veces a algunas confusiones, ya que por ejemplo “no hay que confundir las manchas con las tormentas solares , que son fenómenos diferentes”.

LA “OFICINA DEL APOCALIPSIS”.


Las tormentas solares, cuyo número e intensidad varía en ciclos de 11 años, se caracterizan por generar nubes de partículas de alta energía cargadas eléctricamente que salen despedidas del Sol y, en ocasiones, impactan con nuestro planeta, según indica el experto.

Las “manchas”, por su parte, “son áreas del Sol del tamaño de un planeta y más oscuras que el resto de la estrella, con una temperatura más baja que la de sus alrededores y una intensa actividad magnética, que sigue unos patrones con forma de rizos”, matiza el científico.

El despacho de Socas-Navarro, y el del investigador Javier Licandro, especializado en asteroides y cometas, son dos de los más consultados por la prensa cuando se producen fenómenos astrofísicos con un posible efecto devastador, lo que les ha llevado a bautizar el departamento, con un toque de humor que comparten en el IAC, como la “Oficina del Apocalipsis”.

Para desvelar el alcance real de las tormentas solares, Efe entrevista a Socas-Navarro, quien desvela cuánto hay de verdad científica y cuánto de mito en este tema.

Pregunta.- ¿A qué se debe esa reiteración de pronósticos catastrofistas y la “mala prensa” de las tormentas solares, pese a que son desmentidas una y otra vez por la realidad?.

Respuesta.- Creo que este fenómeno responde, por una parte a una inquietud humana con respecto al tema fin del mundo, y por otra a la “cultura del titular” en la que vivimos inmersos.

P.-¿A qué cree usted que se debe?.

R.- El público necesita que se le de la información muy concentrada y no tiene tiempo para matices y sutilezas. Además, lo importante tiene también que ser espectacular y efectista.

Al final, un tema que de por sí es importante y fascinante, como es el de la violenta actividad que tiene lugar en el Sol, puede acabar llegando al público de forma distorsionada y dramatizada. Luego esto cae en manos de individuos que se aprovechan de la credulidad humana y de las tendencias a la superstición que todavía existen en nuestra sociedad, lo relacionan vagamente con ideas confusas sobre civilizaciones antiguas, como los mayas y su calendario, y se inventan profecías apocalípticas.

P.- ¿Existen evidencias de que hayan ocurrido algún fenómeno devastador en nuestro planeta, relacionado con tormentas solares?.

R.- En el caso de la Tierra es importante recordar que estamos cubiertos por un escudo magnético, sobre todo en las latitudes más ecuatoriales, que nos protege y redirige las emisiones solares hacia los polos. Por ello, los daños que se esperan en este tipo de procesos son fundamentalmente sobre nuestra tecnología, a excepción de los astronautas que se encuentren fuera de esta protección magnética terrestre.

En el pasado hemos visto daños a satélites o cortes generalizados del suministro eléctrico que han durado días debidos a daños en estaciones transformadoras. Pero hay que tener en cuenta que nuestra sociedad tecnológica hace pocas décadas que está amenazada por la actividad solar y que el ciclo de actividad tiene 11 años. Es decir, que nuestra dependencia tecnológica sólo ha estado expuesta a unos pocos máximos de actividad.

EL EVENTO CARRINGTON.


P.- ¿Cuál ha sido el efecto más grave del que se tiene constancia?.

R.- El Evento Carrington, que tuvo lugar en 1859, se considera la tormenta solar más potente de la que se tiene constancia.

P.- ¿Hoy en día cómo sería esa tormenta solar?.

R.- Según un estudio del Gobierno estadounidense realizado por la agencia NOAA, las consecuencias de un evento como el Carrington en la actualidad podrían asimilarse a las del huracán Katrina, de 2005, en lo que respecta a la cuantía económica de los daños materiales, comerciales y económicos que produciría.

P.- ¿Cada cuánto tiempo puede producirse un suceso devastador relacionado con una tormenta solar o qué probabilidades hay de que realmente suceda?.

R.- Depende mucho de la fase del ciclo, que como he dicho dura 11 años. Durante el mínimo de actividad podemos tener una erupción al mes. Durante el máximo podemos tener un par de erupciones al día. De éstas, la mayoría son relativamente débiles o poco relevantes por su configuración magnética. Como además estamos muy lejos, la probabilidad de que una tormenta grande sea proyectada en dirección a la Tierra es extremadamente baja. Combinando todos estos factores llegamos a la conclusión de que una tormenta potente, con potencial para causar daños a nuestra tecnología puede tener lugar cada 20 o 30 años.

P.-¿Qué dimensiones y características debería tener para representar un peligro grave para la vida en la Tierra?

R.- Una tormenta solar nunca será un peligro para la vida en la Tierra, al menos mientras exista el escudo magnético que nos protege.

P.- Haciendo un poco de ciencia ficción, ¿cómo sería el hipotético escenario y la secuencia de hechos que generaría una tormenta solar devastadora sobre nuestro planeta?.

R.- En un caso extremo como el del evento Carrington de 1859, primero los astrónomos verían potentes fulguraciones de tipo “X” sobre la superficie del Sol, en el centro del disco. Estas fulguraciones se originarían en grupos de manchas solares. Probablemente las más violentas se originarían en manchas con una configuración magnética de polaridades opuestas (manchas tipo Delta).

P.- Tremendamente potentes… .

R.- Las erupciones en el Sol liberan energía como millones de bombas atómicas detonadas a la vez y lanzan al espacio penachos de plasma solar docenas de veces más grandes que la Tierra.

UN MAR DE AURORAS BOREALES Y AUSTRALES.


P.- ¿Cómo continuaría esa tormenta?.

R.- Al cabo de algo más de un día empezaríamos a ver los primeros efectos sobre la magnetosfera terrestre, registrándose una potente perturbación geomagnética.

Los cielos de las latitudes más altas se poblarían de auroras boreales (y australes en el Hemisferio Sur), que se irían viendo en latitudes cada vez más bajas. Al final de la tormenta se podrían ver auroras incluso en latitudes tropicales.

P.- ¿Y qué más ocurriría?.

R.- Las perturbaciones sobre la ionosfera causarían interferencias en las comunicaciones de radio hasta que, finalmente, se interrumpieran las comunicaciones por radio a larga distancia. A estas alturas la navegación aérea tendría que suspenderse. También los satélites comenzarían a fallar, empezando por los más antiguos. Perderíamos progresivamente cobertura de móvil en grandes áreas, luego la señal de televisión por satélite y otras comunicaciones.

P.- Es decir que nos iría afectando a los ciudadanos poco a poco… .

R.- Efectivamente. Después se iría deteriorando el funcionamiento de los sistemas de GPS, a medida que los satélites correspondientes fueran sufriendo daños. En las últimas fases de la tormenta llegarían a producirse corrientes inducidas en la Tierra.

P.- ¿Y eso qué significa?.

R.- Las redes eléctricas más antiguas o con mayor longitud de cable empezarían a fallar a medida que se produjeran averías en las estaciones transformadoras. Muchos de nuestros aparatos electrónicos dejarían de funcionar, llegando incluso a quemarse los circuitos más sensibles.

P.- ¿Sería todo?.

R.- Aparte de estos impactos sobre la tecnología y el funcionamiento de nuestra sociedad no son de esperar consecuencias directas sobre la salud de las personas. En el cielo no veríamos más indicación que el luminoso despliegue de las auroras, como digo incluso en zonas donde normalmente no se ven. Eso si, el coste económico de los daños producidos ascendería a miles de millones de dólares. Se tardarían días en restablecer el suministro eléctrico de forma generalizada. Muchos daños sufridos por satélites no podrían ser reparados y tendrían que ser sustituidos.

R.- Dejando las connotaciones negativas, ¿las tormentas solares pueden ser útiles de alguna forma o tener algún efecto positivo?.

R.- Las únicas repercusiones positivas que podrían tener sería el espectáculo de las auroras boreales y australes en el cielo nocturno y la posibilidad para los astrónomos de aprender más sobre estos fenómenos tan interesantes.

P.- ¿En qué consisten sus investigaciones en el IAC y como se relacionan con las tormentas solares?.

R.- Nuestro trabajo está relacionado con la física fundamental que da lugar a la actividad solar en general y a las tormentas solares en particular. Investigamos principalmente de qué modo la interacción entre el potente campo magnético solar y el plasma ionizado que lo compone es capaz de generar las inestabilidades que terminan desembocando en violentos fenómenos de actividad.

P.- ¿Cuál es la conclusión de su trabajo?.

R.- El objetivo último es llegar, algún día, a ser capaces de entender y predecir la actividad del Sol de forma parecida a como lo hacen los meteorólogos en la Tierra.

 
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