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Copernicus: Los ojos de Europa en el espacio

Satélites y observatorios europeos, los “ojos de Europa en el espacio”, recogen a diario más de 12 terabytes de información, del cambio climático a la protección de fronteras, con multitud de aplicaciones científicas, políticas y comerciales.

El satélite Copernicus escaneando la Tierra. ESA

El simple gesto de comprobar en una aplicación del teléfono móvil el nivel de polen antes de salir en la calle es el último paso de una larga cadena que, en ocasiones, se remonta hasta el programa europeo Copernicus de observación del Medioambiente, que registra lo que sucede en la atmósfera, la superficie terrestre y los océanos.

El programa, al que la UE dotó con 4.300 millones de euros para el período 2014-2020, sirve para uso científico, para fundamentar el debate político y también -al estar toda la información a total disposición y sin coste-, a múltiples empresas que quieren desarrollar productos y servicios con estos datos.
Copernicus hace el trabajo pesado recogiendo estas observaciones y poniéndolas a disposición en la forma más accesible posible”, explica a Efe Vincent-Henri Peuch, responsable del Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus, desde el observatorio situado en la cima de la Zugspitze, la montaña más alta de Alemania (2.962 metros).

De esta iniciativa europea se nutren aplicaciones móviles sobre el tiempo, pero también empresas que calculan la rentabilidad de un potencial campo de placas solares o aerogeneradores en base a proyecciones, y bodegas que quieren prever los efectos que el cambio climático puede tener en la calidad de sus vinos.

Asimismo, Copernicus aporta información a las autoridades locales en caso de desastres naturales como tormentas, inundaciones e incendios, y datos clave a Bruselas en materia de seguridad y vigilancia para la protección de fronteras y también de sus misiones exteriores.

También se ha empleado para calcular el coste de una póliza de seguros estudiando el histórico de tormentas, la posibilidad de abrir una ruta para mercantes por el océano Ártico, la estimación de bancos de peces, el riesgo de inundación de una vivienda o el momento más adecuado para la siembra.

“Los estudios económicos muestran que por cada euro que se ha invertido en el programa Copernicus se producen unos cinco euros de beneficios. Las compañías que aprovechan estos datos logran beneficios y crean puestos de trabajo”, agrega Peuch.

Un salto cualitativo


Hugo Zunker, a cargo del programa en la UE, asegura en un encuentro con periodistas europeos que la “ambición” en Copernicus es prolongarlo durante “décadas” y avanza que aspiran a que el próximo presupuesto europeo, para los años 2021-2027, les proporcione 5.800 millones de euros.

Entre los proyectos en camino está el lanzamiento de entre tres y cuatro nuevos satélites, lo que supondría un salto cualitativo para la información recopilada.

Apunta que entre 2017 y 2035 el programa podría reportar hasta 131.000 millones de euros en beneficios para la sociedad europea, en su mayoría para empresas privadas, y que apoyaría unos 4.000 empleos al año.


La ESA eligió como su imagen de la semana una foto de Valencia y su costa obtenida por el satélite Sentinel-2 de Copernicus. ESA.Imagen de Valencia obtenida por el Sentinel-2 de Copernicus. ESA.


“En ambición y coherencia Copernicus es único en el mundo. Tenemos la intención de seguir adelante y mantener nuestra posición en este área”, manifiesta Zunker, que apunta que Estados Unidos y algunas potencias asiáticas tienen programas similares, pero sin su alcance.

Los responsables del programa, acostumbrados a proveer datos científicos, lamentan que en el debate sobre el cambio climático se esté haciendo fuerte una corriente basada en opiniones en lugar de en hechos.

“Siempre es frustrante ver que el debate sobre el cambio climático o la polución atmosférica sea más sobre opiniones que en base a hechos, a pesar de que hay muchos datos y mucha ciencia de muchos años”, dice Peuch.

No obstante, se muestra optimista porque está convencido de que las nuevas generaciones tendrán asumido que las observaciones empíricas son fiables.

“Espero que entonces el debate sobre el cambio climático se mueva de si existe o no -porque eso está probado- a decidir cómo de agresivos debemos ser en la reducción de las emisiones de gases contaminantes”, apostilla. EFE
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