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Detectan la ‘huella’ del nacimiento de un agujero negro

Un equipo internacional de investigadores, con participación española, ha detectado la huella de la formación de un agujero negro en una explosión estelar, gracias a observaciones del Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, en Chile.

Reproducción artística de GRB121024A, donde se observan los chorros emergiendo de la estrella moribunda, en el centro de la que se formaría un agujero negro. La onda azul que se propaga por el chorro representa la polarización circular detectada. Crédito: NASA, Goddard Space Flight Center/S. Wiessinger.

Los resultados de este trabajo se publican en Nature y, por parte española, participa el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), la Universidad del País Vasco, la fundación científica Ikerbasque, el Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de La Laguna (Tenerife).

El IAA ha relatado en una nota que hace unos 11.000 millones de años una estrella con más de cien veces la masa del Sol agotó su combustible y se derrumbó sobre sí misma, proceso que produjo una explosión de rayos gamma o un GRB -su acrónimo en inglés-, uno de los eventos más energéticos del universo.
Las explosiones de rayos gamma son destellos breves e intensos de radiación gamma que se producen al azar en cualquier lugar del cielo y que se relacionan con procesos ligados a sucesos catastróficos en las estrellas.

Se clasifican según su duración en GRB cortos (pocos milisegundos) y largos (hasta media hora).

La atmósfera de la Tierra es opaca a los rayos gamma, de modo que los GRB solo se pueden captar gracias a detectores embarcados en aparatos espaciales, como el satélite Swift de la NASA, responsable de la detección de GRB121014A, el evento ahora estudiado (una vez captado por este satélite, se observó con el telescopio chileno).

Descubiertos en 1967, los GRB suponían un enigma hasta que 1997 se confirmó que procedían de galaxias muy distantes, lo que implicaba que eran los objetos más energéticos del universo.

Dos décadas después, los GRB largos -los más conocidos- “se están revelando como una potente herramienta para conocer las circunstancias en las que se forman los agujeros negros y sus efectos sobre el entorno”, según la nota del IAA.

Además, las estrellas que producen GRB giran muy rápidamente sobre sí mismas y, entre otras peculiaridades, presentan un campo magnético muy intenso (durante el derrumbe este campo magnético se arremolina en torno al eje de rotación de la estrella reforzándose).

En el trabajo ahora de Nature, gracias a su análisis, se ha logrado detectar “por primera vez la firma inequívoca de la formación de un agujero negro”.

Esta huella consiste en una vibración específica de la luz conocida como polarización circular: En el GRB aquí estudiado se ha hallado luz que viaja como si fuera un sacacorchos, es decir, polarizada circularmente.

Este tipo de polarización remite a los instantes posteriores al nacimiento de un agujero negro.

Aunque se conocía que estos fenómenos -GRB- eran precursores del nacimiento de los agujeros negros, hasta ahora no se había detectado polarización circular en su luz, “la firma inequívoca de su formación”, según el IAA.

“Posiblemente se han detectado los efectos que el nacimiento de un agujero negro provoca en su entorno”. EFEfuturo
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