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El agua mediterránea que pasa por Gibraltar, clave del enfriamiento terrestre

Un equipo internacional de científicos, con participación española, ha constatado que la cascada de agua mediterránea que pasa a través del estrecho de Gibraltar hacia el océano Atlántico ha contribuido a una mayor circulación oceánica global y al enfriamiento del planeta.

El investigador Satoshi Furota, de la Universidad japonesa de Hokkaido. Helder Pereira & IODP/Science.

Esta es una de las principales conclusiones de un estudio que se publica en Science, en el que sus autores tratan de entender cómo ha evolucionado en la historia geológica el flujo de salida del agua del Mediterráneo a través del Estrecho y las implicaciones que ha tenido y tiene para el cambio climático y la circulación global.
Este estudio es resultado de la Expedición 339, del programa IODP (programa integrado de perforación oceánica), que tuvo lugar entre noviembre de 2011 y enero de 2012 a bordo del buque oceanográfico “Joides Resolution”, con 35 científicos de 14 nacionalidades.

En este tiempo se recuperaron 5 kilómetros de sedimentos del fondo oceánico en el Golfo de Cádiz y Portugal.

El estrecho de Gibraltar, por donde se produce la unión natural del Mediterráneo y el Atlántico y la separación de dos continentes, es uno de los corredores oceánicos más importantes, el cual se abrió hace 5,3 millones de años después de haber permanecido cerrado (Europa y África estaban conectadas por tierra, quedando el Mar Mediterráneo aislado mientras se evaporaba parcialmente).

Una de las consecuencias de esta apertura fue el inicio, unos dos millones de años después, de una potente cascada submarina de una masa de agua mediterránea saliente (MOW, en sus siglas en inglés). 

El investigador Satoshi Furota, de la Universidad japonesa de Hokkaido. Helder Pereira & IODP/Science. 


Debido a que esta agua mediterránea es más salina que la atlántica, y consecuentemente más densa, se hunde a más de mil metros, generando grandes valles erosivos y profundos, según este estudio.

“Los sedimentos generados por las masas de agua, llamados contornitas, constituyen un inmejorable archivo en el que quedan registradas la variabilidad climática y la actividad tectónica durante el tiempo de depósito, esto es, los últimos 5,3 millones de años”, asegura Dorrik Stow, de la Universidad de Heriot-Watt, Reino Unido, y co-jefe científico de 339.

Gracias al análisis de estos sedimentos, los científicos pudieron llegar a algunas conclusiones, entre ellas que la salida de agua mediterránea hacia el Atlántico ha contribuido a una mayor actividad en la circulación de masas de agua profunda y al enfriamiento global.

En este sentido, Francisco Javier Hernández-Molina, de la Universidad de Londres Royal Halloway y otro de los jefes de la expedición, explica a Efe que el agua mediterránea llega a alcanzar el Mar de Groenlandia, donde se genera en gran parte la circulación profunda -se hunde el agua más salina y más fría- y luego se distribuye por las cuencas oceánicas.

Otra de las cuestiones que se constata es que si bien el Estrecho se abrió hace unos 5,3 millones de años, el agua del Mar Mediterráneo empezó a circular bajo el Atlántico más tarde: hasta finales del Plioceno, hace unos 3 millones de años.

Esta conexión entre cuencas da lugar a un incremento de agua relativamente salada a profundidades intermedias -se estima que el MOW supone unos 2 millones de metros cúbicos por segundo-, lo que contribuye a un incremento en la circulación profunda global, determinante en el contexto climático encargado del intercambio energético en el planeta.

Además, según Hernández-Molina, se pone de manifiesto la interconexión que existe entre clima, circulación oceánica y actividad tectónica. EFEfuturo
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