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El cuco, el parásito protector

El cuco es un ave parasitaria que utiliza los nidos de otras especies para criar a sus polluelos pero esta “ocupación” no siempre es negativa para las crías del nido ocupado.

Imagen de un nido de cornejas negras ocupado por un polluelo de cuco. Universidad de Oviedo

Al menos esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad de Oviedo y la Universidad de Valladolid, en colaboración con la de Neuchatel (Suiza).

El trabajo, dirigido por la investigadora de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (centro mixto de la Universidad de Oviedo y el CSIC), Daniela Canestrari, se publica hoy en Science.
Durante más de 16 años, esta investigadora ha estudiado y monitorizado 741 nidos de corneja negra y ha llegado a la conclusión de que, en algunas ocasiones, la relación de parasitismo que mantienen los cucos y las cornejas puede convertirse en “mutualismo beneficioso para las dos especies”, explica Canestrari en declaraciones a Efe.

Los cucos son una especie de parásito de cría, es decir, una especie que coloca sus huevos en nidos ajenos, “normalmente de urraca o corneja”, aunque “ocasionalmente” pueden parasitar a una treintena de aves distintas, asegura la investigadora.

Cuando el huevo de cuco eclosiona, el recién nacido se deshace de la competencia y acaba con los huevos del nido o con los polluelos que haya en él, despejando así el camino para su madre que, poco después, completa el nido con el resto de sus crías.

Sin embargo, no todos los cucos son tan agresivos.
El cuco críalo europeo, la especie estudiada por los investigadores en La Sobarriba (León) comparte el nido con las crías de la otra especie pero, obviamente, compite con ellas por el alimento y limita así el éxito de supervivencia de las cornejas, explica la investigadora.

“Lo normal es que en un nido ocupado, salga adelante tan solo uno o dos pollos de corneja, mientras que en un nido no parasitado, sobreviven todos los polluelos de la puesta”.

Sin embargo, aunque los cucos dificulten la supervivencia de las crías de las aves con las que comparte el nido, estos parásitos pueden ser beneficiosos para sus hospedadores.
Canestrari y su equipo descubrieron que cuando se ven amenazados o agredidos los cucos secretan una sustancia nociva formada por ácidos, fenoles y otros compuestos que contienen sulfuro y “un olor muy desagradable” y que durante 16 o 18 días “actúa como un repelente” que ahuyenta a los depredades y aves de rapiña del nido.

“El fuerte olor mantiene a los gatos salvajes alejados del nido, lo que beneficia a todos los polluelos del nido, tanto si son de cuco como si son de corneja”, explica la investigadora.

El estudio demuestra que la relación entre el cuco y la corneja fluctúa y que “unos años deriva en parasitismo y otros en una relación de mutualismo en la que críalo beneficia a la corneja”; todo depende de la densidad de depredadores.

Los años en que hay muchos depredadores, las cornejas salen beneficiadas, y los años en que hay menos peligros, la relación con los cucos “no es tan beneficiosa para ellas”, sugiere Canestrari.

La investigación concluye así que el parasitismo, el comensalismo y el mutualismo (términos que definen cómo actúan los organismos) no siempre son “blanco o negro”. EFEFuturo
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