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María Martinón-Torres: En Atapuerca había canibalismo para marcar territorio

Diez años después de que se descubriese la existencia de canibalismo entre homínidos, hay estudios que parecen situar esta práctica entre grupos de la misma especie desde hace 800.000 años, dato que constata la experta María Martinón-Torres, y dice que este era el recurso en Atapuerca para “marcar territorio”.

La investigadora gallega María Martinón Torres durante su entrevista con Efe. EFE/Brais Lorenzo.

Un nuevo análisis publicado en el ‘Quaternary Science Reviews’ ha ratificado la presencia de casos de canibalismo en este especie, el ‘Homo antecessor’, el Hombre de Atapuerca. En concreto, los restos de este homínido, posible ancestro del ‘Homo heidelbergensis’ y los Neandertales -hallados en el yacimiento de la Gran Dolina-, determinan que habrían servido de comida.

En su mayoría niños de corta edad, devorados por sus congéneres.

Esta doctora, experta en antropología dental, ha confirmado este extremo en una entrevista con Efe, en la que ha desgranado sus conocimientos sobre los homínidos que moraron en la sierra burgalesa de Atapuerca y ha expuesto su visión del canibalismo, práctica común en sociedades prehistóricas y primitivas en todos los continentes.

Además de dirigir el Grupo de Antropología Dental de Atapuerca, esta ourensana está desarrollando una línea de paleopatología para analizar las enfermedades que sufrían los homínidos y conocer de qué manera les afectaban en su supervivencia.

Martinón-Torres, quien precisa que las víctimas solían ser “niños, sujetos inmaduros”, al ser el eslabón más débil de la cadena, detalla que el objetivo era defender su territorio, para lo cual “causaban un daño” al grupo o tribu, con lo que estaría “abocada a desaparecer”.

Esto podría obedecer a un comportamiento cultural donde “unos grupos se desafiaban a otros para marcar territorio”, concreta.

Tras varios años de indagaciones, esta experta oriunda de Ourense hace alusión a la evolución humana, a través de “un hilo conductor algo fuera de lo habitual, quizás”, como son las enfermedades y de qué modo les repercutían.

Tras una conferencia ofrecida en Ourense, bajo el título “Los homínidos de Atapuerca. Salud y enfermedad en la humanidad extinguida”, Martinón resalta como uno de los principales cambios la mejora en los tratamientos médicos.

Como médico de formación, la especialista asegura que el estudio de las enfermedades de los fósiles da mucha información para conocer el proceso evolutivo, especialmente a través de los dientes, debido a su estado de conservación.
“Llama la atención que hay muchas patologías, como infecciones, que probablemente en la actualidad no tendrían la mayor importancia, porque tenemos antibióticos, pero que podían ser de carácter mortal en el pasado”.

Así, sostiene que los homínidos tenían “muchas” patologías bucodentales, como el desgaste muy irregular, problemas de oclusión, periodontitis e infecciones por un “uso muy agresivo y exagerado de los dientes”.

Tal circunstancia habría propiciado la “cohesión social”.

“Tenemos casos de patologías que han conllevado la necesidad de cuidados del grupo para poder sobrevivir, como el de una niña de unos diez años con una deformación craneal de nacimiento y que llegó hasta esa edad porque había un grupo que cuidó de ella, hace medio millón de años”, refleja.

El ‘homo sapiens’ desarrolló “de una forma marcada el cuidado” del otro, “que es lo que nos ha hecho fuertes”.

Las similitudes también se aprecian entre el hombre actual y los neandertales, los cuales “tenían una forma muy similar de crecer” e incluso “una niñez”.

Martinón-Torres forma parte del equipo español que estudia los dientes humanos fósiles de los principales yacimientos chinos, hasta ahora vetados a investigadores del exterior. En este grupo también está el coruñés José María Bermúdez de Castro.

La ourensana hace alusión asimismo al posible origen asiático de las poblaciones europeas, según los trabajos realizados en los últimos años.

En base a tales informes, los ancestros inmediatos habrían surgido en algún punto de Asia, según sugieren algunos investigadores.

De confirmarse, esto significaría que el origen de los primeros europeos está en Asia, y no en África”, como se pensó un primer momento, concluye. EFEfuturo
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