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Esculpir el cerebro, mucho más allá de un sueño de Ramón y Cajal

Como si se tratara de una pieza de barro, el cerebro humano es, como ya anticipaba el investigador español Santiago Ramón y Cajal, un órgano maleable, transformable y mejorable, pero ni él, ni tampoco nosotros, llegamos a imaginar cuánto.

Diario de Santiago Ramón y Cajal en la exposición "Transacciones. España en la historia de la Royal Society. Imagen de archivo. .EFE/J.L.Cereijido

“Cómo invertir en su cerebro” es una guía elaborada por el experto español Álvaro Fernández Ibáñez y el neurocientífico de origen ruso Elkhonon Goldberg con la que pretenden, precisamente, dar a conocer todas esas pautas posibles que tumban los mitos sobre el inmovilismo genético del principal de nuestros órganos.

“Hasta hace muy poco pensábamos que a los 18 ó 20 años el cerebro estaba fijo o en declive, que era todo genética y no había nada que pudiéramos hacer. Y mucha gente sigue pensando eso”, explica Fernández Ibáñez en entrevista con Efe.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

El experto español, considerado por el Foro Económico Mundial como “joven líder global”, insiste en que hay que huir de la rutina para proporcionar nuevos estímulos al cerebro de manera que se enfrente a retos distintos que lo hagan desarrollar aquellas facetas que puedan estar más dormidas.

“La gente cuando empieza a pensar en ‘neuroplasticidad’, lo primero que piensa es: voy a hacer más crucigramas o sudokus, o voy a jugar a Nintendo (…) Pero eso no es lo fundamental -para el desarrollo del cerebro- lo es el aprender cosas nuevas, complejas, difíciles, porque eso es lo que nos fuerza a ejercitar músculos mentales”, asegura.

“Imagínate que vas al gimnasio y que siempre trabajas con la misma máquina y siempre al mismo nivel de dificultad, eso no lleva a nada. Y eso es lo que hacemos muchas veces en nuestra vida, vamos al mismo trabajo, seguimos yendo día tras día. Y eso está bien, es entretenido, pero no nos ayuda a conservar el cerebro”, agrega.

La guía, disponible en Amazon y publicada por Sharpbrains, la consultora de neurociencia fundada por sus autores, deja claro desde el principio que no existen los milagros, y ofrece al lector un análisis de las principales conclusiones de algunos de los estudios neurológicos de los últimos años.

Saber manejar las situaciones de estrés y el ejercicio aeróbico, junto a la dieta mediterránea, son algunos de los factores clave descubiertos por la ciencia, y es que el cerebro genera varios miles de neuronas al día que aumentan con el ejercicio cardiovascular pero mueren en situaciones de tensión.

“Novedad, variedad y desafío son ingredientes básicos, y eso lo podemos integrar de diferentes modos. (…) Hablamos mucho de meditación, pero tampoco queremos que todo el mundo se vaya al Himalaya. No es tanto cómo dejarlo todo y hacer algo diferente, sino cómo incorporamos otras prácticas a nuestra vida”, insiste el español, que le da incluso una vuelta de tuerca a la tan de moda “fuga de cerebros”.

“En sus memorias, Ramón y Cajal defendía que viajar a una nueva ciudad es buenísimo para la neuroplasticidad porque tienes que centrarte en adaptarte a otra vida. Ahora que la gente habla de la fuga de cerebros pienso que más que una fuga es una inversión en el cerebro”, argumenta.

“No hay nada peor para una persona que estar en paro o infraempleado en la misma ciudad toda la vida. Si tiene problemas es genial que vaya a Alemania o a Corea, o dónde sea”, porque volverá enriquecido, añade el español.
El libro arranca con los conceptos fundamentales del cerebro y la mente para familiarizar al público, después analiza el papel de los diferentes factores que influyen en la conservación cerebral, y finalmente muestra cómo adaptar de manera personalizada los descubrimientos científicos a las necesidades de cada lector.

Fernández Ibáñez insiste además en que hay países como Canadá y Reino Unido en los que ya son conscientes del problema que puede suponer el Alzheimer en sus sociedades y, ya que aún se desconoce cómo evitar la patología, trabajan en cómo retrasarla a través de la “inversión en el cerebro”.

“Hay cosas que suelen seguir mejorando con la edad, como el vocabulario o el reconocimiento de patrones, pero hay cosas muy importantes, como la memoria de trabajo, que empiezan a disminuir a mediados de los 30”, afirma el cofundador de Sharpbrains.

“La oportunidad está en mejorar más la capacidad de memoria de trabajo en el hoy, ya que al incrementar en el hoy el rendimiento, a largo plazo vamos a retrasar problemas cognitivos como la depresión o el Alzheimer cinco, diez o quince años”, subraya.

Ramón y Cajal, premio Nobel de medicina, quien hace un siglo aseguró que toda persona “puede convertirse en escultor de su propio cerebro”, hoy se sorprendería al ver que “aún con más certeza lo que él proponía es cierto”.

Además, “también tenemos unas directrices, no perfectas pero sí generales, para saber cómo hacerlo. Que esculpir el cerebro ya no es una utopía”, concluye el español. EFEfuturo
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